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Oct 12 2017

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LAS NIÑAS QUE SE VISTEN Y MUESTRAN COMO “LES GUSTA”

por Pilar López Díez

“Lo más importante en este debate es preguntarse por qué hay niñas que desean mostrarse sexualizadas en la calle y en las redes sociales”, reflexiona la autora.

Después de una frase muy desafortunada de un juez de menores de Granada, “Las niñas se hacen fotos como putas”, que hemos querido traducir como “Las niñas se representan en las fotos de forma sexualizada”, se ha comentado el asunto en redes sociales y en muchos medios. Sin querer mirar al dedo que señala a la luna, lo que trataré de hacer es mirar, directamente, a la luna para intentar arrojar algo de luz en este asunto.

En primer lugar, no creo que el juez haya querido culpar a las niñas, como se dijo. Claro que generalizar nunca es correcto, porque, en primer lugar, hay muchísimas niñas que no se presentan ni se representan de manera sexualizada y, por tanto, generalizar puede ofender a muchas madres y padres que intentan oponerse a determinado comportamiento sexualizado de su prole. Tampoco creo que haya que meter de soslayo a los niños en este asunto porque está de más. Las féminas, de cualquier edad, han sido y son la representación de la sexualidad en esta sociedad patriarcal y las más afectadas por ello; dejemos, pues, las anécdotas para otra ocasión.

Lo más importante en este debate es preguntarse por qué hay niñas que desean mostrarse sexualizadas en la calle y en las redes sociales (incluso con la oposición activa de algunas madres). Porque negar la realidad no nos ayuda para intentar avanzar en la solución del problema. Y es cierto que hay algunas niñas a las que les ‘gusta’ vestirse y mostrarse de manera sexual, y cuando hablamos de “manera sexual” estamos hablando de que, en esta sociedad, las niñas que imitan las maneras que desarrollan las adultas para atraer sexualmente, están autorrepresentándose sexualmente; ese es el significado cultural construido y nadie, individualmente, tiene la capacidad de dar otro significado alternativo con la actual correlación de fuerzas. Otra cosa muy distinta sería inferir de esta realidad que las niñas lo hacen, conscientemente, para atraer sexualmente a los hombres. No. Esta realidad es una muestra más del triunfo del patriarcado. Hay algunas niñas que se adaptan a los modelos hipersexualizados que exige el poder patriarcal que necesita la mayor accesibilidad posible a los cuerpos de las mujeres, adolescentes y también al de las niñas; ¿por qué, si no, se programa recurrentemente Lolita en las televisiones públicas y privadas?

Pero entremos en el fondo de la cuestión. Las niñas ‘desean’ agradar; las niñas ‘desean’ recibir atención; las niñas ‘desean’ ser valoradas. En una palabra, el deseo de las niñas es agradar porque han sido construidas para agradar a los otros, como las mujeres y las adolescentes. Pero el deseo, como dice Marcela Lagarde, no es consciente, es inconsciente; porque de lo que las niñas no son conscientes (ni tampoco muchas mujeres) es de lo destructivo que pueden ser los deseos; las niñas conocen el envoltorio del caramelo y por eso lo quieren; de lo que no son conscientes es de que el caramelo está envenenado. Desear gustar (inconscientemente) no es lo mismo que querer vestirse de manera sexualizada; esto último es el significado social que a determinada manera de vestirse le ha dado la sociedad patriarcal. Y, para las niñas, vestirse de determinada forma no quiere decir desear ser un objeto de atracción sexual para los hombres; solo quiere decir que les gusta vestir “a la moda” es decir, como les manda la moda.

A las niñas no les podemos decir, como Marcela Lagarde dice a las mujeres, que deberíamos saber identificar nuestros deseos destructivos y no llevarlos a la práctica porque muchos de ellos no se corresponden con la libertad, la autonomía ni la independencia a la que deberían aspirar todas las mujeres, “sino que, más bien, se corresponden con la dependencia, la subordinación y la centralidad de los otros [hombres] en nuestras vidas”. A las niñas no les podemos decir que hay deseos destructivos que, llevados a la práctica, nos producen, a ellas, a las adolescentes y a las mujeres, muchas veces, un irreparable daño personal.

¿Podemos pedir a las niñas que sean capaces de discernir que lo que se les permite y fomenta en esta sociedad patriarcal no les conviene porque está en contradicción con los intereses estratégicos de todo ser humano, que es el derecho a ser respetado, a no sufrir violencia, a desarrollar sus aptitudes y aspiraciones?
No, porque son niñas. Y las niñas no pueden adivinar lo que les espera mañana, o cuando crezcan y, por tanto, no tienen capacidad (tampoco muchas adultas) para establecer una correspondencia entre el ‘deseo’ de estar guapas sexualizándose, y la realidad de convertirse en objetos de deseo que puede conducir a situaciones indeseables e incluso peligrosas. Porque ¿cómo la sociedad actual enseña a las niñas a estar guapas? A través de la publicidad y de los medios de comunicación. La industria cultural, que es la que manda, les enseña el camino para ser y estar guapas: ponte esto; haz lo otro; pon este gesto; muévete de esta forma… es decir, sexualizándolas. Y la sexualización del cuerpo femenino (no importa la edad) es de gran interés para los hombres en el patriarcado.

Hace ya trece años, en octubre de 2004, preguntada sobre la publicidad del momento, contesté en El Diario de Córdoba: “Con los 90 llegó la publicidad cargada del sexismo más denigrante, que podemos calificar de pornochic. Se perpetúan los anuncios estereotipados, con roles fijos y discriminatorios, usando la imagen femenina en dos vertientes fundamentales: la porno-erótica y la violenta-desagradable”. Después de veinte años, la tendencia se consolidó y hace diez que exigimos que Armani retirara el anuncio de ropa para niñas en cuya fotografía aparecían dos niñas, una asiática y otra latinoamericana, representadas de manera tal que, connotativamente, invitaban al turismo sexual.

Son la publicidad y los medios de comunicación que incluyen las redes sociales los responsables principales de la socialización de las niñas. Y ahí hay que apuntar. Habría que discutir cuáles serían la estrategia y táctica adecuadas para dinamitar, convenientemente, la representación sexualizada de la imagen femenina, de cualquier edad.

Y de aquellos polvos vinieron estos lodos

“Soy francotirador y os mataré a todos para quedarme con ella”
es el titular de una noticia de 2012 en la que se contaba que Juan Carlos Alfaro, de 39 años, había asesinado a una niña de 13 con la que estaba obsesionado desde hacía dos; entonces, la niña tenía 11. Y en Alcobendas, una niña de 13 años también era maltratada por un joven de 20 años con el que salía y que fue condenado a casi cuatro años de prisión en 2015.

¿Y qué dice el Parlamento Europeo sobre la sexualización de las niñas por la publicidad de la industria del alcohol? En muchas resoluciones de la UE podemos encontrar la afirmación de que los estereotipos de género son la base subyacente de la violencia contra las mujeres y que uno de los principales es el estereotipo de la mujer como objeto sexual para el disfrute de los hombres.

En 2012 Kartika Liotard, de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género de la UE, firmó el informe que daría lugar a la “Resolución del Parlamento Europeo sobre la eliminación de los estereotipos de género en la UE”. En dicho Informe se recogía el punto K, que decía: “Considerando que la industria del alcohol, con su gran inversión en la comercialización de sus productos, contribuye de manera importante a perpetuar los estereotipos de género y la sexualización de las niñas y mujeres”, y pedía a los Estados miembros que reconociesen la necesidad urgente de considerar la introducción de un marco regulador que prohibiera la forma en que las mujeres y las niñas son representadas como objetos sexuales por la industria del alcohol.

También, en el punto 19 de dicho informe, se pedía a los Estados miembro el establecimiento de organismos reguladores independientes con el objetivo de controlar a los medios de comunicación y la industria de la publicidad, y el mandato de imponer sanciones efectivas a empresas y particulares que fomentasen la sexualización de las niñas. “Marco regulador”, “controlar a los medios de comunicación”, “sanciones efectivas” son medidas que realmente podrían ser efectivas para evitar la sexualización de las niñas.

Estos tres puntos se suprimieron en la Resolución final del Parlamento Europeo Sobre la eliminación de los estereotipos de género en la UE, en 2013. Como posteriormente señalaba esta parlamentaria, socialista, holandesa, quienes creen en los principios fundacionales de la dignidad humana y la igualdad deben movilizarse para hacer frente a la reacción conservadora, muy activa y mayoritaria en el Parlamento Europeo.

Y esta tarea pendiente también significa mirar a la luna; no al dedo que la señala.

 

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