COLOMBIA. ENTRE LA ALEGRÍA DE LA VICTORIA Y EL ENORME DESAFIO DE UN DEVENIR DIFICIL PERO NO IMPOSIBLE

 
 
 
Por Carlos Aznarez   ***

 

El estallido de euforia que se desató en Colombia y en toda la Patria Grande con el triunfo de la fórmula Gustavo Petro y Francia Márquez, habla por sí solo de cuántas décadas de luchas de todo tipo y sus consecuencia de hombres y mujeres golpeados, torturados, encarcelados y asesinados, han precedido tal acontecimiento.

El pueblo colombiano combinó en más de medio siglo todas las formas de combate posible contra la oligarquía y sus sostenedores, las fuerzas militares y represivas: desde las movilizaciones masivas, los paros nacionales activos, las puebladas insurreccionales y las distintas experiencias guerrilleras. Pero también pasó por contiendas electorales, algunas de ellas producto de acuerdos de paz para silenciar las armas, que terminaron en verdaderos genocidios como fue la experiencia de la Unión Patriótica en los años 80, que dejó el saldo de miles de dirigentes y luchadores y luchadoras asesinados.

Varios años después, los Acuerdos de Paz en La Habana entre las FARC y el gobierno derechista de Juan Manuel Santos volvieron a crear expectativas que terminaron en más dolor, ya que todo lo acordado se convirtió en papel mojado y traición por parte del establecimiento colombiano, y dio pie al comienzo de otro genocidio de ex guerrilleros y numerosos líderes y líderes sociales.

Por último, llegó el momento de probar la táctica de la insurrección masiva que significó el paro nacional activo de los años  2020-21, protagonizado por miles y miles de pobladores, campesinos, estudiantes, trabajadores, con una enorme y muy significativa presencia juvenil. Fue la hora de comenzar a decirle “basta” al uribismo narcoparamilitar, íntimamente ligado al gobierno de Iván Duque. Así, hubo que contar decenas de asesinados y  desaparecidos, represión que vale recordar, duró hasta la pasada semana en que fueron detenidos numerosos  jóvenes de la “primera  línea”.

Está claro entonces cual es el acumulado histórico que genera por estas horas esta explosión de júbilo popular. Una parte importante de la población cansada de guerra interna, pero también de acuerdos espurios con el imperialismo yanqui, que viene tutelando a todos los gobiernos colombianos, hayan sido liberales o conservadores.

Ahora nace una esperanza, no solo por la figura de Petro, que ya mostró lo que sabe hacer bien pero también sus debilidades cuando le tocó ser alcalde de Bogotá, sino por la presencia de esa luchadora impenitente que es Francia Márquez, feminista, antirracista y anti patriarcal como pocas. Y para más méritos, su presencia sube al gobierno a los siempre ninguneados y racializados hombres y mujeres de la población afrocolombiana.

Ahora bien, está claro que la alegría y el entusiasmo son necesarias y representan una válvula de escape ante tantos años de tristezas, pero si bien lo andado ha sido cuesta arriba, lo que viene ahora no se queda atrás. El devenir estará lleno de palos en la rueda, ya que la oposición derechista no se quedará quieta, y el paramilitarismo está intacto, y seguramente dispuesto a seguir matando.

A partir del 7 de agosto comienza la gran batalla donde la fórmula ganadora deberá demostrar hasta donde quiere llegar con los cambios prometidos a ese pueblo que los ha instalado en el Palacio Nariño. Hay que aprovechar, siempre se dice, esos primeros cien días en que aún dura el efecto del gran apoyo popular recibido, y ahí hay que poner en práctica medidas que sean señales claras de por donde se quiere marchar.

No olvidar que Colombia tiene 7 bases militares de EE.UU., con sus marines, sus asesores y sus armas, más la presencia del país como socio de la OTAN
. Además, pesa en la agenda a estudiar por el nuevo gobierno, tener en cuenta que Colombia cuenta con uno de los ejércitos más potentes del continente, muy penetrado hasta ahora por el  uribismo.

A esto hay que sumar los cárteles del narcotráfico que hasta el presente han colocado en sus cargos, a presidentes, diputados y senadores por doquier. Por último, entre las grandes situaciones a enfrentar está una economía que hace agua por donde se la mire, y un nivel de dependencia con el FMI y otros ámbitos similares, producto de los acuerdos de libre comercio con USA realizados gobierno tras gobierno.

Con estas instancias desfavorables y otras muchas deberá lidiar Petro, quien en su discurso festejando la victoria, llamó con cierta ingenuidad a reconciliarse con todos los que tanto mal le han hecho a ese pueblo que espera cambios profundos. Es difícil imaginar que el uribismo se quede quieto y admita diálogos, pero en cambio es necesario que con todas las masacres y hombres y mujeres asesinados por esa fuerza criminal, se haga justicia, que no se mire a un costado.

Es evidente que Petro no es un revolucionario, pero como hombre de izquierda que sí dice ser, sonó chocante eso de seguir apostando a “construir el capitalismo”, como han hecho y hacen la mayoría de los gobernantes progresistas que lo precedieron en el continente. Varios de ellos o ellas, quedaron en el camino, a veces por golpes palaciegos y otras por el voto equivocado hacia la derecha de quienes no se sintieron representados.

Ojalá que a Petro y a Francia Márquez les vaya bien, ojalá que la limitación socialdemócrata del primero pueda ser empujada hacia una izquierda más potente por la lideresa y ahora vicepresidenta. Ojalá que no les ocurra lo que a Pedro Castillo, del Perú o a Alberto Fernández, en Argentina, donde su apuesta a coquetear con los gringos les hizo perder el empuje con que llegaron al gobierno, y hoy abren las puertas a nuevas y peligrosas involuciones. Ojalá que la política exterior de este nuevo gobierno apunte a abrazarse con los gobiernos populares del continente, empezando por Cuba y Venezuela, que no por nada fueron los primeros que aplaudieron sus triunfos junto con México.

Finalmente, ojalá que el pueblo colombiano no abandone ni las calles ni las plazas donde ahora festeja el triunfo, ese y no otro, será el factor fundamental para que esta alegría positiva de hoy no se frustre. Es  necesario, por Colombia y por Nuestramérica.

 

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