ARGENTINA, ¿20 AÑOS NOS ES NADA?



Por Carlos Prigollini   ***

El capitalismo financiero, la extensa red de privatizaciones realizadas durante el anterior Gobierno de Carlos Menem, se unía a los dueños del mundo digital y los medios hegemónicos que se encargaban de provocar el aturdimiento colectivo a través de noticias falsas, tergiversaciones de fondo y una serie de medidas económicas que seducían a una clase media que pensaba ingresar al Primer Mundo bajo la absurda premisa de una ley de convertibilidad que promocionaba un peso equivalente a un dólar.

Sentir que es un soplo la vida. Que veinte años no es nada.
Qué febril la mirada. Errante en las sombras, te busca y te nombra…

Tango «Volver» (1935). Carlos Gardel y Alfredo Le Pera

Pasaron 20 años desde aquella rebelión registrada entre el 19 y 20 de diciembre del 2001.

En aquel entonces el Gobierno de Fernando De la Rúa llegaba a su fin, producto de una de las tantas estafas sufridas por nuestro pueblo, a costillas de una clase política sin ética ni moral alguna. Contrariamente a lo prometido en su campaña electoral, De la Rúa decide impulsar una fuerte reducción del gasto público primario y aplicar medidas para favorecer las exportaciones y proteger de esa manera la industria nacional.

Uno se pregunta de qué manera se favorece la exportación cuando quienes ejecutan tal tarea no tienen pesaje ni control de la mercancía que sale al exterior, como ha sucedido durante años con los buques exportadores de alimentos que navegan sin fiscalización alguna por el río Paraná.

El capitalismo financiero, la extensa red de privatizaciones realizadas durante el anterior Gobierno de Carlos Menem, se unía a los dueños del mundo digital y los medios hegemónicos que se encargaban de provocar el aturdimiento colectivo a través de noticias falsas, tergiversaciones de fondo y una serie de medidas económicas que seducían a una clase media que pensaba ingresar al Primer Mundo bajo la absurda premisa de una ley de convertibilidad que promocionaba un peso equivalente a un dólar.

En ese marco, la siempre autovalorada clase media argentina viajaba a su mayor encanto narcotizante, la bella Miami, bajo el lema “dame dos” como señal de lo barato que encontraban los electrodomésticos y otras baratijas que, producto de los estafadores de siempre, ya no se fabricaban en el país. La misma clase media que históricamente siempre admiró a los de arriba mientras despreciaba a los de abajo.

Sin embargo, el mismo ministro de Economía que avalaba la Ley de Entidades Financieras de la dictadura militar y estatizaba la deuda privada de unos cuantos para después determinar la Ley de Convertibilidad (1 peso igual a 1 dólar), era el que en 2001 fijó el famoso y patético “corralito”, mediante el cual ningún ahorrista podía retirar más de 250 dólares a la semana. El inefable Domingo Cavallo regresaba al cargo creyendo salvar a un Gobierno que se iba retirando ante multitudes que espontáneamente salían a repudiar a su Presidente, su ministro de Economía y todo el Gabinete bajo la consigna “Que se vayan todos, que no quede ni uno sol”.

Era obvio que los piquetes, cacerolazos, asambleas barriales, ancianos golpeando la puerta de los bancos para solicitar su propio dinero, sumado al caos de los saqueos a supermercados y gente insultando y rompiendo vidrios de bancos u otras “sagradas instituciones”, molestaban y mucho.

Consecuencia de ello, represión brutal con saldo trágico, un Presidente que renunciaba y se marchaba en helicóptero y una clase política que en el más absoluto desconcierto improvisaba cinco presidentes en una semana.

Una vez más la violencia económica agrandaba la desigualdad y se cobraba vidas en las calles, con 39 muertes y un saldo no registrado de heridos graves.

Para algunos el colapso argentino de esa época fue el suceso más crítico en la democracia contemporánea.

Pasaron 20 años y en medio del total descalabro que representan más de 421.000 millones de dólares fugados a paraísos fiscales, Argentina se presenta al mundo igual o peor que aquellos lamentables días de diciembre del 2001. Siguen presentes los responsables del salvajismo económico, que además de muertes, causaron un considerable aumento de la pobreza, desnutrición infantil, trastornos psicológicos, accidentes cardiovasculares, depresiones y otros desórdenes a una población avasallada que observa la impunidad de muchos de ellos, que además siguen vigentes en el escandaloso arco político (Cavallo, Bullrich, FMI, y los siempre delincuentes de cuello blanco)

Su agobiante deuda externa, producto nuevamente de la fuga de divisas del Gobierno delincuencial de Mauricio Macri, sus riquezas saqueadas al exterior, su fauna y flora depredada por los entregadores seriales del patrimonio nacional, su soberanía manchada por piratas ingleses e ingresos de los comandos Sur de Estados Unidos, sumado a la vergonzosa complicidad de Gobiernos y medios afines que no fiscalizan ni denuncian el contrabando de armas y alimentos, como tampoco la invasión de sus mares ni sus ríos; presidentes tibios y timoratos que muchos hemos votado, pero no solo no nos representan, sino que son continuadores de políticas económicas del pasado,  todos ellos conforman la misma clase política que el pueblo supo quitar de sus entrañas allá en 2001 con el famoso “Que se vayan todos…”.

Es decir, estamos actualmente ante un Gobierno que lejos está de cumplir con la investigación de la fuga de divisas y los préstamos que ingresaron al país que ni siquiera no aparecen en inversión, sino que nadie sabe su destino. El ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente de la Nación, Alberto Fernández, sostienen con razón que “es imperioso entender la dimensión de la deuda otorgada por el FMI a Argentina, con el indudable propósito político de sostener un Gobierno que solo lastimó los intereses de nuestro pueblo”, informó el diario Página 12.

Así las cosas, es obvio que de manera simultánea corresponde investigar la deuda y procesar a sus responsables, empezando por su principal fugador, el inefable expresidente Mauricio Macri.

Sin embargo, estamos ante un panorama desolador, marcado por la inercia de un Gobierno que no solo no responde a sus promesas electorales, sino que nos apabulla con su inercia.

¿Que impide realizar dicho procesamiento?

¿Cuáles son las causas por la que el presidente Fernández no llama a través de un DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia, facultad que solo corresponde al Ejecutivo) al juicio y castigo de los responsables del saqueo y la fuga de divisas?

¿Cuál es la razón por la que después de dos largos años, este Gobierno autodenominado peronista, nacional y popular mantiene todavía presos políticos y al mismo tiempo no persigue ni afecta en lo más mínimo los delitos y persecuciones realizadas por los funcionarios y miembros de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), como tampoco llega a reestructurar el obsoleto Poder Judicial?

Estas y muchas preguntas más nos hacen creer que lejos estamos de esas jornadas heroicas del 2001, cuando las consignas eran Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.

Sin embargo, no solo no se fueron, sino que han regresado para perjuicio de las grandes mayorías.

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