MITOS Y FALACIAS DE LA ECONOMÍA ARGENTINA



 por Horacio Rovelli   ***

La dictadura cívico-militar de 1976 vino a terminar con el modelo de industrialización y sustitución de importaciones para imponer el de acumulación basado en la valorización financiera. Dicho modelo procura mediante la apertura externa, comercial y de capitales subordinar la economía nacional a la mundial. Para ello fue necesario dotar de poder a los bancos, organizar los mecanismos de deuda y de desfinanciamiento del aparato productivo para desplazar en esas funciones al Estado.


«Yo no sé muchas cosas es verdad, digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos… »
León Felipe

Primero carcomieron el poder del peronismo mediante el Rodrigazo que al devaluar nuestra moneda en un 160% (el 4 de junio de 1975 el dólar paso de valer $ 10 a $ 26) la depreció terminalmente, paso necesario y obligatorio para dar lugar a la valorización financiera, que consiste en creer que subiendo la tasa de interés local (de una moneda depreciada) se controla el precio del dólar.

Con la dictadura las tasas de interés crecieron hasta la Guerra de Malvinas en 1982, por encima de precio del dólar, hecho que atraía capitales golondrinas en la llamada bicicleta financiera o carry trade, razón por la que se retrasa el tipo de cambio y se prioriza la valorización financiera del capital y la política de endeudamiento en desmedro de las exportaciones y favorece la sustitución de nuestra producción por las importaciones artificialmente más barata (el «deme dos» los argentinos que podían comprar en el exterior)

Paralelamente se arma toda la legislación con el fin de valorizar financieramente el capital, conformada por la ley 21.382 de Inversiones extranjeras (que prácticamente le confiere los mismos derechos que los inversionistas nacionales); la ley 21.495 sobre desnacionalización y descentralización de los depósitos; la ley 21.526 que estableció el nuevo régimen legal de las entidades financieras (1); la ley 21.572 de creación de la cuenta Regulación Monetaria (de esa manera le remuneraba el BCRA los depósitos en cuenta corriente a los bancos), y las leyes 21.364, 21.547 y 21.571 que modificaban la Carta Orgánica del BCRA, pero como no era suficiente, en el año 1992 Domingo Cavallo, mediante la ley 24.144, profundizó la apertura confiriéndole al BCRA el poder de comprar dólares al Tesoro de la Nación (divisas que el Estado nacional consigue esencialmente por endeudamiento) y, a su vez, que sean los bancos los únicos que le pueden comprar esos dólares al BCRA.

Primer mito: Liberar el sistema financiero para que se liberen las fuerzas productivas

El mito era que había que liberar el sistema para que, por si solo, se expanda y asigne el ahorro de la población a los sectores más rentables, atribuyéndoles a los bancos esa capacidad que solo puede tener un Estado. El resultado no pudo haber sido peor, con un Producto Bruto Interno (PIB), que es la cantidad de bienes y servicios finales que produce el país, en 2020 similar en dólares constantes que en 1974 (y con veinte millones más de habitantes), en esa época existían más de 800 entidades financieras distribuidas en todo el país, donde mayoritariamente eran cajas de créditos y sociedades cooperativas, el total del préstamos al sector privado sobre el PIB fue del 43,55% y la Argentina era la Nación más integrada del continente, donde menor diferencia había entre un pobre (y una familia pobre) y un rico (y su familia); la tasa de desocupación abierta era del 4% y la pobreza era del 6%, uno de los pilares de esa redistribución progresiva del ingreso, era que el crédito se volcaba esencialmente a la producción y al consumo popular.

En el año 2020 quedaron en pie 65 entidades financieras y el crédito total al sector privado es solo el 11,15% del PIB (y principalmente destinado al consumo o asimilables al consumo, tarjeta de créditos y préstamos personales) y, la pobreza supera al 40% de la población alcanzando a más de veinte millones de personas, con el agravante que el 60% de los niños de la Argentina son pobres.

Mientras la economía Argentina, según fuentes oficiales, desciende en el año 2020 en un 10,5% su PIB, los diez primeros bancos privados (2) tuvieron tasas positivas de ganancia, que básicamente consiguen tomando depósitos del público y prestándoselo en Leliq (letras de Liquidez) al BCRA. Los intereses que perciben los bancos por ello es en torno a los $ 70.000.000.000 por mes. Aunque se espera que, por la fuerte emisión monetaria de diciembre 2020, el BCRA tendrá que salir a absorber más pesos, por ende, el stock de pasivos remunerados (prestamos de los bancos al BCRA) crecerá y también sus intereses.

La reforma financiera de 1977 no solo aumentó la rentabilidad relativa e importancia del sector sino que, también tuvo significativos impactos estructurales sobre la economía real. El primero de ellos fue la caída en la inversión productiva. Al contrario de lo que ocurría durante la industrialización, no se produjo un proceso de crecimiento económico por la expansión de la inversión, sino de estancamiento y crisis, porque los recursos que deberían haber impulsado la inversión bruta fija se fugaron al exterior.

Es más, se usa básicamente el endeudamiento externo, que artificialmente aumenta la oferta de divisas retrasando su precio para favorecer el carry trade y, después, cuando se produce la corrida cambiaria, se estatiza la deuda y tenemos una minoría enriquecida con capitales en el exterior, el Estado endeudado, el país con bajo nivel de inversión y con más población empujada a la desocupación y a la pobreza.

El dinero y su ahorro provienen del circuito productivo argentino y no puede ser apropiado por los bancos y que sean ellos los que determinen en que se emplea, que la más de las veces es para obtención de renta de muy corto plazo en lugar de apuntalar planes de inversión, por eso las Leliq (que son letras de liquidez que coloca el BCRA en los bancos) es a siete días, los depósitos en su mayor parte se renueva cada 30 días y la renovación de las líneas de crédito es cada seis meses.

Continuar con el concepto de banca universal de la ley 21.526 va en desmedro de constituir la necesaria banca de inversión que fondee planes de mediano y largo plazo. El sistema financiero debe tener un piso de crédito para pymes y se debe desalentar la compra y venta de dólares y de activos financieros como forma de aumentar ingresos. Y con las Leliq se deben emplear para constituir un activo consolidado de un año y prestar desde allí a la producción y a obras de infraestructura tanto pública como privada.

Hidrovía del Paraná, en 70 km entre Timbúes y Arroyo Seco hay localizados 31 puertos. «Se trata básicamente de diez empresas que comercializan y tienen los puertos sobre la Hidrovía del Paraná, realizan las ventas externas por declaración jurada y no existe por parte del Estado un control estricto de lo que exportan».

Segundo mito: La restricción externa

Las relaciones de nuestro país con el exterior nos demuestran que no se tiene un problema de restricción externa clásico; esto es, no es que necesitamos que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial. De hecho, desde el año 2003 hasta los últimos datos oficiales a octubre de 2020 nos dicen que se acumuló un superávit comercial total (las exportaciones superaron a las importaciones) en u$s 156.355.000, que es una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que la legislación financiera y cambiaria heredada de la dictadura de Videla, del menemismo y del macrismo (3), permitió que las empresas pagarán supuestas deudas externa e importar en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial (4); más el hecho que los exportadores y los bancos tardan en ingresar las divisas de las operaciones, demostrado que hasta octubre 2020 en el Mercado Único Libre de Cambio (MULC)) habían ingresado u$s 5.049.000.000 menos que lo registrado por las Aduanas y el INDEC en la Balanza de Pagos. El INDEC contabiliza exportaciones por u$s 46.556.000.000 y el MULC percibe solamente u$s 41.507.000.00.

La economía Argentina es un importante exportador de alimentos, según informa la Bolsa de Comercio de Rosario. El nodo portuario del Gran Rosario, que abarca el complejo industrial oleaginoso y portuario que en 70 kilómetros de costa sobre el río Paraná —que van desde la localidad de Timbúes (al norte) hasta Arroyo Seco (ubicada al sur de la ciudad) y donde se encuentran localizadas unas 31 terminales portuarias que operan distintos tipos de cargas, de las cuales unas 21 despachan granos, aceites y subproductos— se convirtió en la principal zona portuaria de exportación de esos productos en el mundo. Le sigue después el distrito aduanero estadounidense de Nueva Orleans, Luisiana, en Estados Unidos y en tercer lugar, por volumen exportado, se ubica el puerto brasilero de Santos.

Se trata básicamente de diez empresas que comercializan y tienen los puertos sobre la Hidrovía del Paraná, realizan las ventas externas por declaración jurada y no existe por parte del Estado un control estricto de lo que exportan. Los exportadores triangulan sus operaciones, lo demuestra claramente el caso Vicentin, su asociación con la multinacional Glencore en Renova S.A. y posterior venta de su participación que implicó las presentaciones judiciales y el pedido de quiebra de dicha firma.

Diez empresas representan el 91% de las exportaciones agroindustriales: Cargill; Glencore (como Oleaginosa Moreno SA y como Renova SA, que era la empresa que tenían en forma conjunta con Vicentin SA); la empresa China Cofco; las americanas ADM, Bunge Ceval y Louis Dreyfus; y las privadas nacionales Molinos Agro de Pérez Companc, Aceitera General Dehez, presidida por Roberto Urquía, Asociación de Cooperativas Argentinas y el Grupo Olio (Díaz y Forti) que opera en las instalaciones de Vicentin. Todas conforman y son el núcleo duro del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA).

Ahora ese CAA pretende que no se le cobre nuevos impuestos y no se le suban las retenciones por diez años (estabilidad fiscal), cuando, por ejemplo, los conspicuos miembros del CAA estuvieron reteniendo la liquidación de sus operaciones presionando para la devaluación de nuestra moneda con respecto del dólar, cuando hubo cosecha récord y los precios internacionales de esos productos son los mayores de los últimos años (la tonelada de la soja arriba de los u$s 450 y su aceite por encima de los u$s 950 los 900 litros). Sin embargo, a noviembre 2020 habían ingresado divisas en un 16% menos que igual periodo del año pasado.

Tercer mito: La prescindencia del Estado

Adam Smith fue un economista e ideólogo del imperio británico, escribió su libro La Riqueza de las naciones en los albores de la revolución industrial, cuando sus colonias se dispersaban en todo el mundo y eran dueños de los mares con el objetivo que ellos sean los industriales y los demás meros proveedores de alimentos y materias prima. Gran Bretaña no dejaba producir ni tela en sus colonias, de allí la lucha por la independencia de las trece colonias en la costa este de América del Norte. En ese marco inventa el mito de que: «Lo mejor que puede hacer el Estado por la economía nacional es dejar que ésta funcione según sus reglas naturales, que son las de la oferta y la demanda».

En verdad, la política económica en el sentido amplio de la palabra, es el conjunto de estrategias y acciones que formulan los gobiernos y en general el Estado para orientar, influir y conducir la economía de los países y, como toda estrategia, debe responder a un plan global, esto es grandes objetivos y las distintas medidas que se deben adoptar para cumplir con esos objetivos.

No existe Estado sin fijar metas, que son en sí mismas la esencia del diseño del proceso de planificación de un gobierno, ya que al orientar su gestión le permiten alcanzar sus objetivos. Son parte también de la compleja interrelación de las políticas públicas como instrumentos para alcanzar los fines.

«El mercado es de vista corta, no resuelve bien los problemas de mediano y largo plazo; es ciego al costo ecológico de los procesos económicos; es sordo a las necesidades de los individuos y sólo reconoce las demandas respaldadas con dinero; el hambre sin ingresos no vale; es deficiente para dar cuenta de las llamadas economías externas, es decir cuando hay costos o beneficios indirectos; es incapaz de lograr el equilibrio macroeconómico; opera torpemente cuando en el sistema dominan los monopolios, se cierra la entrada a nuevos competidores y las economías de escala son discontinuas; no puede lidiar contra la falta de patriotismo, la corrupción y la deshonestidad; distribuye mal el ingreso nacional y puede hacer más ricos a los ricos a costa de los pobres, etc.» (5)

Conclusión


La legislación financiera y cambiaria que se emplea es la de la dictadura, con agravantes realizadas por Menem-Cavallo y por la anulación del Decreto 2581/1964 de Macr
i, por un parte; y, por otro lado, sabemos que los circuitos ilegales están directamente conectados con el sistema financiero formal, que no son compartimentos estancos, ni separados por exclusas. Los «financistas» son los dueños y ceos de los principales bancos privados del país, conectan puntas entre inversores y tomadores de crédito. El cruce de dinero entre plazas financieras puede vincular Montevideo, Nueva York, Hong Kong o Londres mediante el llamado «dólar cable» (que consiste en girar dólares en efectivo a través de una cueva financiera), que fondea parte de la oferta del dólar blue y que incide fuertemente en la fuga de capitales de las divisas originadas en el país.

Que existen doble contabilidad y triangulaciones con el exterior en los exportadores (subfacturan sus ventas) y en los importadores (precio de transferencia pagan más por los insumos que traen de sus casa matrices y siempre hacen depender su producción de esos insumos) y los que lo instrumentan son los bancos mediante las cartas de crédito o las letras de cambio

El mismo BCRA en mayo de 2020 presentó un trabajo donde demuestra que en los cuatro años de gestión de Cambiemos se fugaron u$s 86.200.000.000 y que los cien primeros compradores lo hicieron por u$s 24.679.000.000, a razón promedio de u$s 246.800.000 cada uno de ellos. Nunca se comunicó quienes eran, pero es fácil deducir que son los mismos que no quieren pagar el aporte solidario a una Administración Pública que enfrentó sola de soledad absoluta, gracias al heroísmo de los médicos y paramédicos de los distintos hospitales y programas de salud, muchos pagaron con su vida, un porcentaje importante se infectaron con el COVID y todos trabajaron horas y horas poniendo en riesgo incluso a su familia en cumplimiento del deber y cobrando sueldos miserables, pero más miserable y egoísta de los magros ingresos que se la paga, son los ricos de este país y los funcionarios que hacen la vista gorda y se desentienden de la fiscalización que les corresponde como tarea principal.

En una parte de su discurso en el Estadio Diego A. Maradona de La Plata en diciembre 2020, Cristina Fernández de Kirchner sostuvo: «No estoy diciendo nada que no se pueda hacer, doce años y medio lo hicimos en la República Argentina, y por eso, además de por la unidad, volvimos. No nos olvidemos de esto, porque si uno no sabe cómo llegó es probable que no sepa tampoco cómo ir».

1- La ley 21.526 le concedió a los bancos comerciales realizar “todo aquello que esta ley no prohíbe”, dándole ventajas exclusivas, siendo los únicos habilitados para captar depósitos en cuenta corriente.

2 – Bancos Galicia, Macro, Credicoop, Santander-Río, BBVA, HSBC, ICBC, Citi, Patagonia, y Supervielle.

3 – Macri anuló la Emergencia Cambiaria, que obligaba a exteriorizar la compra de divisas al BCRA mediante acuerdo firmado por la máxima autoridad de Comercio Exterior del país, de Aduana y del BCRA (Decreto 2581/1964) y la redujo solo al BCRA.

4 – Que se hubiera evitado derogando el Decreto 893/2017 que a su vez había anulado la Emergencia Cambiaria del Decreto 2581/1964 vigente durante 53 años.

5 – El método PES (Planificación Estratégica Situacional) entrevista de Franco Huertas a Carlos Matus Romo. Ed. Altadir


Horacio Rovelli


Licenciado en Economía por la UBA. Profesor a cargo de la asignatura Política Económica de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y de Instituciones Monetarias e Integración Financiera Regional en la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Miembro de la Comisión de Economía de la Fundación Estado, Trabajo y Producción (Fetyp). Fue director nacional de Programación Macroeconómica en el Ministerio de Economía y Finanzas de la Nación. Autor de numerosos trabajos publicados sobre temas económicos y financieros.

 

 

Enlace permanente a este artículo: http://ellibertadorenlinea.com.ar/2021/01/16/mitos-y-falacias-de-la-economia-argentina/