LA HISTORIA LO CREÓ

 

 Por Julio Sergio Alcorta Fernández:

Han transcurrido cuatro largos y hastiados años desde que el  llamado presidente de la nación más poderosa del mundo, Donald Trump, inició su cometido.

Nunca en la historia de ese ahora imperio, había ocupado esa enorme responsabilidad un adefesio como ese millonario, y mira que han pasado por ahí algunos personajes dignos de atención psiquiátrica.

Sobre Donald Trump se ha escrito mucho, casi siempre resaltando su ignorancia, su incultura, su prepotencia, su desfachatez, etc.

Otras veces tratando de adivinar aspectos de su personalidad, para poder entender su posible trayectoria, capaz de reeditar el fascismo, el racismo y la homofobia.

Ahora bien, ¿Cómo fue posible que en los Estados Unidos de América, una nación organizada, con instituciones relevantes, y sobre todo un poder bien dirigido a no aceptar cambios que configuren otra cosa que no sea su prevalente pragmatismo, su elitismo y esencialmente el denominado “CREDO NORTEAMERICANO”, una suerte de consenso básico (o alto nivel de acuerdo), en relación con las formas de organizar  política y económicamente la vida de la nación, haya  emergido una suerte de villano entrometido, que “el solo” haya podido desmantelar esta poderosa y secular institucionalidad conocida como “establishment”.

Es entonces que nos surgen dudas sobre la aparición muy temprana de Donald Trump, en las primarias del Partido Republicano, para escoger la figura que lo representaría en las elecciones de noviembre de 2016, ya que sería importante conocer: ¿Cómo y quiénes decidieron escoger a un personaje que solamente era distinguido por sus éxitos y tretas financieras y fama de multimillonario, y que nunca había pertenecido a la élite política, ni nunca había ejercido cargo alguno de esta índole?

Tan sorpresiva y a la vez inimaginable fue esa determinación, que influyentes sectores de la dirigencia republicana aceptaron a regañadientes a Donald Trump

Una vez se burlaron de él por no asistir al último debate. Su irrupción fue vista al principio como una especie de broma o mal chiste.

Casi toda la cúpula dirigente de ese partido lo tildaban de fanático, racista, misógino, vulgar, grosero y bravucón.

Sin embargo, Donald Trump, pasó de ser “un chiste” a arrasar en las primarias, siendo elegido para discutir la presidencia de esa nación en el 2016.

Algunas emisoras de noticias, como la famosa BBC de Londres, finalizó uno de sus programas expresando drásticamente: “Estados Unidos está parado frente al umbral de la grandeza o ante el precipicio que conduce a la ruina”.

Y finalmente, como todos conocemos, triunfó en las elecciones para presidente, contra Hillary Clinton, candidata por el Partido Demócrata, aunque obtuvo casi 3 millones más de votos populares que Trump.

De inmediato surgieron extensos comentarios, escritos, etc. ofreciendo sus criterios, pero ninguno, pienso yo, lograron desentrañar esta enmarañada novela político-social.

Personalmente, y sin poseer todas las interioridades del caso, pero sí mi convicción de que la HISTORIA juega un papel determinante en esos procesos, considero que ella conoce que existe aún en este siglo XXI, un poderosísimo y peligroso imperio, fecundado al finalizar del siglo XVIII y principios del XIX, y como tal su génesis lo obliga a transitar por sus innegables etapas de: emerger, subsistir y fenecer.

Por lo tanto, considero que la aparición de un espécimen tan desajustado, extraño, absurdo y extravagante como el actual presidente del imperio estadounidense, es la evidencia más contundente que haya podido lograrse de lo que la HISTORIA significa, ya que supo fecundarlo, prepararlo e introducirlo en las entrañas de ese imperio, para facilitar su muy lenta, escabrosa y al fin inexorable desintegración.

(1)
Los Estados Unidos y la lógica del imperialismo”. Jorge Hernández. Martínez.

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