EL PAN Y LA SAL DE LA AMISTAD

 
 

Por  Miguel Núñez Cortés   ***

Recuerdo que mi madre, nacida en un pueblito de Andalucía, España, no me permitía tirar una sobra de pan a la basura sin previamente darle  un beso a esa pequeña miga. ¿El por qué? Porque había, me decía,  una indisoluble amistad, una histórica relación entre el pan y el hombre. ¿De ahí vendría aquello de hacer buenas «migas» con el pan?

Por su importancia como alimento básico para las culturas mediterráneas, el pan y la sal tienen una gran relevancia dentro de la cultura occidental como símbolos de una vida sencilla. La sal y el pan son metáforas del buen gusto y la amistad.

Por otra parte, en el terreno de lo simbólico, compartir el pan y la sal implica crear un lazo de fraternidad indestructible; quizás porque compartir con los demás lo poco que se tiene demuestra la generosidad y la caridad de una persona  para con su prójimo, lo que, sin duda, prueba la verdadera amistad entre los hombres.

De hecho, entre griegos y romanos existió un refrán popular que advertía que, para conocer a un amigo, era necesario haber consumido juntos muchos modios de sal (modio = medida de capacidad romana).

A la derecha vernácula la desvela esa adhesión que millones de argentinos mantienen con el peronismo desde la década de los años 40 del siglo pasado.

Aunque parezca un contrasentido, las huestes ilustradas no comprenden este fenómeno, mientras que otros no tienen inconveniente en entender eso que se presenta como ininteligible a aquellos del pensamiento plano y las soluciones fáciles. No se conocen proyectos más incongruentes que los de las derechas argentinas. No van más allá de un título de dos líneas, acuñado aquí o en el extranjero.

No hay manera más berreta (“de mala calidad” – RAE) de entender la política que el “informarse” a través de los diarios Clarín o La Nación o sus canales de tv “ad hoc”. Las ideas se cuelan por algunos sesos con la fluidez de un alimento regurgitado.

Pero esto tan “humano” del peronismo ¿dónde arranca? Ya lo diremos. Primero puntualicemos que la palabra salario viene del latín salarium que significa «pago de sal» o  «por sal». Los romanos pagaban muchas veces a sus soldados con sal. Hay que recordar que la sal se usaba para conservar la carne (fueron conocidos los saladeros de carne en la Argentina de los siglos XVIII y XIX).

Tristemente también en nuestro país algunos “patrones” pagaban a sus obreros o empleados parte de sus salarios en “especies”, arbitrariamente valuadas por el patrón.

Desde aquí arranca eso tan “humano” llamado peronismo. En diciembre de 1947 la Universidad Nacional de Cuyo convocó el Primer Congreso Nacional Argentino de Filosofía, «con participación de todos los países hispanohablantes».

En el Teatro Independencia de Mendoza el 9 de abril de 1949, el Excmo. Señor Presidente de la Nación General Juan D. Perón, en presencia de su  señora esposa Doña María Eva Duarte de Perón, dirigió a la concurrencia una muy recordada conferencia, cuyas palabras iniciales fueron:

«Deseo, señores, que al pisar esta tierra os hayáis sentido un poco argentinos y con ello nos habréis hecho un gran honor y brindado una inmensa satisfacción.

“Para el corazón argentino, en nuestra tierra, nadie es extranjero, si viene animado del deseo de sentirse hermano nuestro. Ese corazón y esa hermandad es lo que os ofrecemos como más sincero y como más precioso bien.

“Que os sintáis en vuestra casa será nuestro orgullo. En ella nadie os preguntará quién sois y os ofrecerá, con el pan y la sal de la amistad, esta heredad de nuestros mayores, que queremos honrar como la honraron ellos”.

“[…] En mis infancias yo le sabía al pan

forma de sol, de pez o de halo,

y sabía que en mi mano su miga

daba el calor de un pichón emplumado […]”  (parcial Gabriela Mistral – El pan)

«Múltiples comunidades de Europa encontraron en Argentina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX un lugar seguro donde obtener un trabajo y un plato de comida. El pan y la sal».

¿Cómo no sentirse comprendido dentro de esta concepción profundamente humanista?

Los argentinos, hijos de inmigrantes – cuyo día se celebró recientemente – abrazamos desde nuestra niñez de los años 40 esta concepción social, materializada en el decir y en el hacer.

Finalmente, ¿qué subyacía en ese “pan” citado por Perón en aquel Primer Congreso Nacional Argentino de Filosofía? Perón dijo esa vez y lo dijo para siempre, lo que significaba etimológicamente el PAN para los griegos: «significaba el TODO»
 

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