TOMAS DE TIERRAS EN EL GBA: UN FENÓMENO QUE EMPEZÓ EN LOS ’80 Y TIENE ORIGEN EN EL DÉFICIT HABITACIONAL



Por Enrique de la Calle   ***Otra vez, las ocupaciones de tierras en el Conurbano volvieron a la primera plana de la agenda pública. Lejos de ser excepcional, se trata de la forma en que los sectores populares acceden masivamente al suelo desde la década de los 80.  
En 2010, cientos de personas ocuparon parte del predio del Indoamericano, en el barrio de Villa Soldati, en Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El caso resonó en todos los medios de comunicación. Por ese entonces, AGENCIA PACO URONDO entrevistó al urbanista Raúl Fernández Wagner, de la Universidad Nacional General Sarmiento. Lejos de sorprenderse, el especialista analizó: «Así se accede al suelo en la Argentina, consiguiendo suelo de forma informal. Es un fenómeno que se da en todo el país, que en todo caso estalló en la región metropolitana. Pero tenemos casos así todo el tiempo. Hay una toma importante por semana. Hace poco se dio un caso en Moreno de 800 familias. Era un tema que estaba invisibilizado«, describió.

Wagner continuó con su diagnóstico: «En 2007 nos daba que de cada 100 nuevos habitantes de la metrópolis (Capital y Gran Buenos Aires), 60 accedían de forma informal. Es decir, 6 de cada 10 no van y alquilan en una inmobiliaria o compran una casa o un departamento de modo formal», advirtió.

La entrevista tiene 10 años pero no pierde actualidad. Hoy, las ocupaciones «ilegales» vuelven a estar en la agenda pública, esta vez, por casos ocurridos en varios puntos del conurbano bonaerense. El fenómeno no es nuevo y tiene origen en una problemática concreta y sin solución: el brutal déficit habitacional que afecta a centenares de miles de bonaerenses.

Breve historia de las tomas
Las tomas de terrenos en el Gran Buenos Aires comenzaron en los años 80, en la zona sur, cuando la dictadura expulsó a las poblaciones de las villas de Capital Federal. «Generó una olla de presión. La gente fue echada por la Dictadura y se refugió en las casas de sus familiares o amigos en el Conurbano. Eso generó situaciones de hacinamiento muy graves que devinieron en posteriores ocupaciones de tierras todavía vacías», describió el investigador Jorge Ossona, autor del libro “Punteros, malandras y porongas” sobre la temática, en una charla con AGENCIA PACO URONDO de 2014.

«La toma se realizaba el viernes, se negociaba el fin de semana con las autoridades y el lunes se podía avanzar con lo acordado previamente. Era una lógica típica, si se quiere, de ese tipo de ocupación. Los liderazgos que aparecen son figuras que tienen que ver con las militancias de los 70, con el peronismo, gente de formación religiosa e incluso personas que podían venir del delito»
, describió.

Durante los 80 y una parte de los 90, las ocupaciones buscaron recrear la lógica del loteo popular característica en el Gran Buenos Aires desde mediados del siglo XX hasta la dictadura militar. Los ocupantes compraban el terreno, sin servicios, y luego construían y dotaban de infraestructura con el tiempo (muchas veces gracias a los créditos hipotecarios). Aunque con una diferencia: en los 80/90 ese proceso se dio de modo informal, ya que una ley provincial de 1977 prohibió vender lotes sin servicos, en nombre de mejorar la calidad del suelo vendido. En la práctica, la medida encareció el precio de los terrenos y expulsó a los sectores populares de la posibilidad de acceder al suelo… de modo formal.

En ese contexto, y como aseguró Fernández Wagner en la entrevista citada al principio, la toma se volvió la norma. Eso explica que hoy existan en el Gran Buenos Aires más de 1000 asentamientos, donde viven el 10% de la población del conurbano. Se trata de 400 mil hogares. Las tomas comenzaron en los 80 y no se detuvieron nunca más. Por ejemplo, durante el gobierno de María Eugenia Vidal se tomaron predios en La Matanza, José C. Paz y Moreno, para citar tres ocupaciones grandes.

Déficit habitacional
Los funcionarios bonaerenses coincidieron en destacar que las recientes tomas de terrenos responden, en lo estructural, al déficit habitacional que tiene la provincia de Buenos Aires (en todo el país pasa lo mismo), y que golpea más fuerte en los 24 partidos que conforman el Gran Buenos Aires.

Según una investigación del Observatorio del Conurbano, de la Universidad Nacional General Sarmiento, basada en el último censo de 2010 (el de este año se postergó por la pandemia), el 35,8% de los hogares del GBA habita en viviendas deficitarias («déficit cualitativo»), que son aquellas «cuyas condiciones de estado y localización requieren reparaciones, mejoras o completamiento«. Se trata de 947 mil casas a «mejorar». A 4 personas por hogar, la cuenta da una población de 4 millones de personas afectadas.

El observatorio desarrolla otro concepto, que es el de «déficit habitacional cuantitativo», que es un cálculo que se define por la diferencia entre la cantidad de hogares y las viviendas (más de una familia comparte techo). Según este índice, habría que construir, sólo en el GBA, 392 mil nuevas viviendas (datos del 2010). Dentro de ese número, están las «viviendas irrecuperables», es decir, «rancho, casilla, local no construido para habitación, en vivienda móvil, persona viviendo en la calle, y persona viviendo en una pieza en hotel familiar o en una pensión», que son 111 mil en el conurbano.

En resumen, el déficit habitacional (cualitativo o cuantitativo) en el Gran Buenos Aires supera el millón de viviendas, sea a mejorar o a construir desde cero. Para tomar dimensión del problema: el reciente programa PROCREAR espera arreglar o crear 300 mil casas en los próximos 4 años, en todo el país. No se trata de abrumar con números ni índices, sino de comprender que se está ante un problema de escala que, por ende, necesita una respuesta política acorde.

 

 

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