NOSOTRAS Y NUESTRO LENGUAJE SUBJETIVO TEJEN NUEVAS FORMAS DE COMUNICACIÓN

por Esther Amelia Delvenne   ***

El lenguaje de las mujeres que luchan es universal. No importa en que parte del planeta vivas, todas hablamos el mismo idioma a la hora de defendernos y exigir por nosotras.

(Imagen de Esther Delvenne)

Veo a cincuenta metros a una mamá que viene caminando con un nene, aunque no la escuche, me doy cuenta si la mamá lo está retando o si la mamá le está aceptando algo. Me doy cuenta en la postura corporal de las mujeres, aunque no las conozca, si fueron reprimidas, silenciadas, explotadas, golpeadas, abusadas; a través de un lenguaje corporal por el cual entiendo a mis pares a la perfección.

¿Cómo es que eso pasa? ¿Por qué las mujeres nos damos cuenta lo que está ocurriendo a muchos metros sin que nadie nos explique? ¿Por qué a través de los gestos, lo intangible, se nos hace evidente; nos damos cuenta inmediatamente lo que sucede?

¿Qué otros lenguajes de comunicación empleamos, como mujeres, a la hora de unificar una misma expresión?
El lenguaje, es el medio de comunicación de los seres humanos, quienes utilizamos signos orales y escritos, sonidos y gestos que poseen un significado que le hemos atribuido. En cambio, la lengua es el inventario que los hablantes empleamos a través del habla pero que no “podemos” modificar. Se constituye como sistema de comunicación verbal y escrito, regido por un conjunto de convenciones y reglas gramaticales, que es empleado por los seres humanos para comunicarnos. Recuerdo que participando en el Encuentro Mundial de Mujeres por la Paz en la Unión Soviética en el año 87´ junto con más de 10.000 mujeres de todo el mundo, hablábamos casi todos los idiomas del planeta. A la mayoría, no las entendía, pero cuando nos juntábamos en algún taller, en algún discurso, debate o presentación de libro, de alguna manera nos comprendíamos. Se sentía que había comunicación. Lo mismo me ocurrió en las primeras marchas allá por mediados de los 80´, también por la Ley del Aborto, las del Ni una Menos, en los Encuentros de Mujeres, en las movilizaciones en defensa de la ESI. Allí estábamos todas: las abuelas, las madres, las nietas. Con muchas hablábamos un lenguaje distinto, aparentemente, teníamos muchas diferencias generacionales en la forma y uso de la lengua. Parecía ser distinto pero, allí, todas luchábamos por lo mismo y no nos hacía falta hablar para comunicarnos.

Hace pocos días, volví a tener una experiencia personal similar: me reuní con mujeres italianas, que estaban organizando un movimiento político en defensa de los derechos para las mujeres. Trescientas mujeres de todas las regiones nos encontramos mediante la plataforma Zoom y otra vez, las comprendí aún sin hablar italiano. Las expositoras eran de variadas disciplinas, ecologistas, miembros de ONG, activistas de movimientos sociales, políticas, educadoras, entre otras. Pude comprender todo: la intención, la dirección y la pasión que manifestaban para que se puedan desarrollar las diferentes temáticas. ¿Cómo es que sucedió esto?

Una niña de 10 años fue violada en una ciudad de Brasil, quedó embarazada y miles de mujeres de todo el continente se pusieron en campaña para luchar por un aborto legal, seguro y gratuito. No la conocemos a la niña, pero todas registramos lo que le pasó, lo que sintió. A una amiga de una amiga, en otro país, la golpearon hasta dejarla inconsciente, todas reaccionamos, sabemos que sintió, que le pasa ahora, en qué situación se encuentra, aunque no la conozcamos.

En alguna época, en Japón, las mujeres tenían un idioma para que los varones no las entendieran cuando hablaban entre ellas. Sentí en el cuerpo mi misma realidad cotidiana.

Me sorprendí, por eso decidí escribir este artículo. Aunque no soy semióloga ni lingüista quiero escribir sobre “lo que decimos y lo que no decimos con las palabras”. Estoy hablando de la subjetividad, del lenguaje intangible de los gestos, miradas y expresiones; no sólo de lo hablado.

Nosotras somos la subjetividad, degradadas y descalificadas por no ser objetivas, ¡qué bueno! Necesitamos recuperar el lenguaje de las mujeres, históricamente invadido con el modo limitado del lenguaje patriarcal; y revisar la presencia de la subjetividad en nuestro modo de comunicarnos. Si le damos lugar a estos lenguajes intangibles podemos avanzar por el mejor camino hacia un mundo que la humanidad necesita para seguir su evolución.


Acerca del autor

Esther Amelia Delvenne

Participante del Movimiento Siloista desde 1973, militante en varios países de Latinoamérica. Dedicada a investigar y trabajar por el tema de la Mujer. Participó en varios Congresos internacionales, regionales y de Argentina como Miembro del Movimiento Humanista. Nació (1953), vive en Argentina.

 

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