ARGENTINA: CAMBIAR EL ESCUDO NACIONAL

 
 
Por Marcelo Valko   ***

Amputación de la memoria. En 2010 y durante tres años consecutivos presenté ante el Congreso Nacional un Proyecto de Ley para que el escudo nacional que fue amputado por la elite que hizo un país para pocos, mezquino, egoísta, enquistado en el puerto de Buenos Aires recupere el formato inicial diseñado por los revolucionarios de Mayo.

Y dado que últimamente hemos presenciado como en distintas ciudades la gente comienza a mirar y por fin ver los símbolos que durante años el poder puso en altos pedestales frente a sus ojos para domesticar y reproducir un status quo propio de la dialéctica del amo el esclavo, creo oportuno volver sobre el proyecto. Actualmente en Argentina mientras en EEUU comienzan a derribar monumentos de generales confederados o en Londres el mismísimo Museo del Reino Unido retira estatuas de Cristóbal Colón y en Bruselas sucede otro tanto con representaciones del rey Leopoldo II, por estos lares la derecha unineuronal se embandera con símbolos que desconoce la intención de equidad con que fueron creados. En este artículo me interesa poner en evidencia los perfidos movimientos de quienes han tergiversado con éxito una historia de integración para lavar y emblanquecer la memoria de un país sudamericano que supone ser un apéndice perdido de Europa en una injusta geografía “oscura”.

Antecedentes: en busca de la historia americana

            Producido el 25 de mayo de 1810, y simultaneo con el despliegue militar de la naciente revolución, un combate de igual trascendencia se desarrolló a nivel simbólico con el propósito de destronar los emblemas ligados a la dominación colonial. La necesidad de la naciente República por vestirse de historia, llevó a que sus hijos más esclarecidos realizaran acciones de significativa trascendencia. Un ejemplo contundente fue protagonizado por Juan José Castelli. Cuando se adentró en el altiplano al mando del Ejercito Auxiliar del Alto Perú buscaba algo más que la plata Potosina, como lo prueba el significativo acto que realizó el 25 de mayo de 1811 en la Puerta del Sol de Tiahuanaco, cuyo alcance hemos subrayado oportunamente.
Castelli decidió conmemorar el primer aniversario de la Revolución de Mayo en Tiahuanaco que, como señaló en una de sus proclamas era “el sitio mejor para proclamar ante la raza usurpada y avasallada los ideales de la revolución”. No olvidemos que la ciudadela de Tiahuanaco se encuentra próxima al lago Titicaca, lago sagrado del cual, y tal como lo recuerda la tradición andina, emergieron Manco Capac y Mama Ocllo para fundar el imperio Inca. El acto se desarrolló con gran solemnidad. A los toques del clarín, las comunidades indígenas de los ayllus cercanos ocuparon sus posiciones junto a las tropas y juraron vencer a los realistas. Ante la monumental Puerta del Sol, se leyó un decreto que explicaba a los compatriotas del Altiplano los alcances de la revolución y como: “…los esfuerzos del gobierno superior se han dirigido a buscar la felicidad de todas las clases, entre las que se encuentra la de los naturales de este distrito, que tantos años fueron mirados con abandono, oprimidos y defraudados en sus derechos y hasta excluidos de la mísera condición de hombres”.


Simbología indígena en los emblemas de Mayo

Con respecto a cuál es el significado del sol en la bandera, su procedencia del Tahuantinsuyo esta atestiguada nada menos que por Bartolomé Mitre, a quien de ninguna manera puede acusársele de tener simpatías por la causa incaica. Inti, el sol Inca adorado por las culturas andinas, será el astro que asoma en nuestro Escudo representando al nacimiento de la joven República en el contexto de las naciones, y concuerda en un todo con las estrofas del Himno alusivas a los cuzqueños.

Precisamente, el espíritu incaico quedó plasmado en las estrofas del Himno Nacional sancionado por la Asamblea del 11 de mayo de 1813. Como cualquiera puede constatar la letra completa del Himno afirma: “Se conmueven del Inca las tumbas / y en sus huesos revive el ardor / lo que ve renovado a sus hijos / de la Patria el antiguo esplendor”. Estos versos no sólo imaginan la emoción del Inca ante el despertar de Argentina, sino que además nos sitúa en calidad de “hijos” recordando “el antiguo esplendor” del Tahuantinsuyo, es decir, de la nueva Patria que asoma a la historia para cobijar a todos sus descendientes. Dichas estrofas, nos presentan como herederos de los incas. Tiempo después, fueron cercenadas del Himno tras un decreto del Poder Ejecutivo del 30 de marzo de 1900, siendo presidente Julio A. Roca.

Consideraciones sobre el Escudo

El 9 de julio de 1816 la proclama de la Independencia se promulga en castellano, quechua, aymará y guaraní, justamente para que nuestros “paisanos los indios” conocieran los objetivos y beneficios de la Revolución. En aquella oportunidad, Manuel Belgrano hizo moción para gobernarnos por medio de una monarquía atemperada perteneciente a la Cuna de los Incas. Esta adscripción de los revolucionarios de Mayo al imaginario andino no es antojadiza. No olvidemos que los incas habían llegado hasta Tucumán y Santiago del Estero, donde aun subsisten hablantes de quechua, y que a su vez, el límite norte del Virreynato del Río de la Plata incluía no sólo los yacimientos de Potosí, sino también a Tiahuanaco. Estas preocupaciones por posicionarse en el contexto de las naciones desde una determinada conciencia histórica, dejó huellas perdurables en nuestros emblemas oficiales. Uno de estos vínculos intelectuales con lo andino será el sol Inca que aún flamea en la Bandera y asoma en el Escudo, en este último, en la terminación del gorro frigio los revolucionarios de Mayo añadieron un elemento que juzgamos fundamental: la borla incaica que luego sería amputada.

Las pruebas

La que es considerada primera bandera nacional (1) fue donada por Belgrano al Cabildo de Jujuy el 25 de mayo de 1813. La tela de la bandera es de raso, cortado en tres paños y lleva pintado el Escudo de la Asamblea del año 1813. Afortunadamente también subsiste un escudo original pintado en madera (2), destinado a la escuela que sería construida con el dinero recibido por Belgrano como recompensa por sus victorias. Tomado de la revolución francesa que había proclamado la Libertad, Igualdad y Fraternidad, el gorro frigio condensaba aquellos ideales integrados en la nueva América. Sin embargo, a primera vista se impone una diferencia fundamental entre el gorro frigio de Belgrano y su homólogo francés. Tanto en aquella bandera primigenia como en el escudo que se encuentran en la actualidad en el Salón de las Banderas del Palacio de Gobierno de Jujuy, aparece en forma notoria la borla incaica como suplemento o remate del gorro frigio (3).

Escudo verdadero

La Asamblea del año 1813 encomendó la creación de un sello oficial destinado a legitimar sus resoluciones y confió la tarea al platero y grabador Juan de Dios Rivera quien fue el artífice material del sello. Rivera había participado de la rebelión de Túpac Amarú. Tas la derrota de 1781 y a raíz de la persecución posterior, huyó de Potosí dirigiéndose inicialmente a Córdoba hasta recalar en Buenos Aires. Lo que verdaderamente importa es que el gorro frigio del escudo esta americanizandolo. Esa borla es la misma que usan los indígenas del noroeste y del altiplano como remate de las orejeras de sus gorros. El tricornio de la revolución francesa le decía muy poco a Rivera quien decidió vestirlo de acuerdo a la cosmovisión Americana. De esa forma, el Escudo Argentino surgió ligado al ideario de Tupac Amarú II. Un decreto fechado el 27 de abril de 1813 le asigna ya carácter de emblema nacional.

La puja heráldica que terminó por eliminar la borla del gorro frigio, provocaría una anarquía de diseños como puede apreciarse en numerosos frontispicios de edificaciones de fines del siglo XIX y principios del XX. El cercenamiento actual del diseño del escudo quedó establecida en 1900 por Estanislao S. Zeballos, en esos momentos ministro de Estado y quien supo ser Presidente de la Sociedad Rural Argentina y gran coleccionista de cráneos indígenas. La amputación experimentada por el escudo para eliminar los rastros americanos no es un tema menor. Los vaivenes heráldicos que acompañaron a la eliminación de los principales revolucionarios, expresan en última instancia un modelo de país, que opta por enquistarse en el puerto de Buenos Aires con la mirada fija en Europa y luego en EEUU, en lugar de integrarse al continente.

Conclusión

            En definitiva, no proponemos un “gobierno de la Casa de los Incas” pero si un retorno a las fuentes de nuestro destino Americano. Es hora de regresar al espíritu revolucionario que buscaba verdadera integración defendiendo al pueblo esquilmado y no a quienes ayer  hoy se dedican al saqueo en todas las formas inimaginables. Por eso es imprescindible que regrese la borla incaica al Escudo Nacional. Debemos dejar de persistir en el error ideológico que ausentificó la presencia de Latinoamérica. En su momento, las tres presentaciones de un amplio y meticuloso Proyecto de Ley ante el Congreso pasaron con indiferencia excepto por notas periodísticas que se hicieron eco de la presentación como la de Osvaldo Bayer en la Contratapa de Pagina/12 (03/07/2010) que denomino “La memoria tergiversada” e invito a leer en las redes. Hoy, que tanta gente comienza a derribar en el mundo símbolos que representan la opresión, símbolos que nos obligan a pensar con categorías mentales opresoras, es imprescindible que Argentina recupere la borla incaica del gorro frigio de nuestro escudo como fuera diseñado por aquellos fundadores de nuestra Patria que aspiraba a ser Grande en la Patria Grande de Latinoamérica.

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