PERTENENCIA O SUPERVIVENCIA: LA MASCULINIDAD COMO LUGAR DE VALIDACIÓN EN EL RUGBY

Por Vera Casanovas   ***

El 14 de enero se dieron a conocer testimonios de varias chicas que señalaban, con nombre y apellido, a el o los rugbiers que las habían filmado/fotografiado sin su consentimiento mientras tenían relaciones sexuales.

Después de los hechos, que tuvieron mucha difusión no sólo en redes sociales sino también en portales de noticias, el Club Universitario tomó cartas en el asunto y decidió “suspender provisoriamente y de manera preventiva a los deportistas involucrados y dar intervención al tribunal de Disciplina del Club para que definan los pasos a seguir”.

“Tuvimos la suerte de que a raíz de los hechos que fueron de público conocimiento, y tuvieron como protagonistas a algunos de los jugadores del plantel superior de Rugby de nuestro club, a nivel de Comisión directiva y Comisión de género se tomó la decisión de asumir el compromiso de empezar a sensibilizar sobre la cuestión de género, con el fin de cambiar y hacer alguna acción que esté a nuestro alcance con respecto a las violencias, a las violencias hacia las mujeres”,
explicó  Cecilia, segura de que hay que tomar la posta en estos asuntos.

“Estamos convencidos del rol social que cumplen los clubes y que si bien no somos responsables y no podemos responder por los hechos de cada uno de nuestros socios y socias en sus vidas privadas, sí como comunidad asumimos el compromiso de ser formadores, de educar y de estar en contacto con adolescente y jóvenes. Como institución podemos hacer algún aporte, y lo que está a nuestro alcance es sensibilizar, capacitar a las personas que se desenvuelven como entrenadores y entrenadoras, preparadores físicos, coordinadores, etcétera, y después poner a disposición de los más jóvenes talleres y todo lo que podemos facilitarles para invitarlos a la reflexión, sobre todo lo que es la temática de género”, agregó también.

Sensibilizar, asumir el compromiso, poner a disposición herramientas, violencia de género. Todas las palabras que caben, en resumidas cuentas, de saber que un club también cumple un lugar importante para quienes asisten allí, también puede ser un espacio de contención, pero del que las autoridades también pueden hacerse las “distraídas”.

Distraídas, digo, o simplemente ser irresponsables y mirar hacia un costado. Hacer oídos sordos de lo que el contexto histórico demanda, de las problemáticas que aquejan y que ya no se toleran, no se permiten, no se naturalizan, no deben seguir existiendo.

Trabajar en el lenguaje, también, ese que dice que, si son rugbiers y clase media/alta, son manada, pero si un grupo de “negros” te ataca por la calle, era una patota.

Trabajar ahí, donde lo que decimos también define. Cuando parece brotar de las cloacas toda la mierda intensificada por los medios, donde la palabra que más escuchamos decir en la tele, en un bar, entre amigues, es “rugbiers” ¿Entonces ser rugbier te marca, te condena, te señala el destino incipiente a ser un golpear, abusador, violador? ¿Entonces ya podemos decir ´Y sí, era rugbier´, cada vez que se sigan conociendo estos casos en donde las palabras y los análisis no alcancen para querer explicar este fenómeno?

Hay que empezar desde algunos puntos. Primero, entender que hay ciertos condicionantes: ser varón, responder a un patrón de masculinidad reforzado por una mirada que desde algunos de los entrenadores que brindan el deporte permiten y refuerzan, la perspectiva de clase y la edad. Todo eso hace a la pertenencia. Y si la pertenencia remarca y estereotipa, en estos casos se llega muchas veces a la violencia.

Pensemos en el caso que conmueve al país, que llena todos los diarios y del que hay novedades constantemente: el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell. Decir asesinato es, no sólo posicionarse ante el crimen, sino también entender que ese asesinato no implica necesariamente una premeditación pormenorizada ¿Les quita responsabilidad a 10, 11 atacantes? No. Pero quizá esto ayude a pensar que el ser jóvenes, el estar en grupo, el pertenecer a un club en donde se refuerza un tipo de masculinidad plagada de machismo, es otra vez a volver a lo anterior: la pertenencia.

Porque la pertenencia no siempre tiene que ver con “sentirse a gusto”, sino con comprender que a veces pertenecer es tener que formar parte de un cúmulo de cuestiones que, sobre todo en la adolescencia, pesan el doble en la construcción de las subjetividades.

Volvamos ahora a los hechos que ocurrieron por parte de jugadores de rugby en el Club Universitario de La Plata: oh casualidad, también tienen que ver con la pertenencia. La reiteración no es para agobiar, sino para dar cuenta de que opera en todos los espacios de formación de los jóvenes: colegio, club de rugby, grupo de teatro, rancheadas en la esquina con los pibes del barrio, e incluso se establecen en las redes sociales, donde los vínculos no siempre son cara a cara pero en donde también está el “compartir algo”.

¿Compartir qué? ¿Comparten realmente los rugbiers un modo de ver el mundo? ¿Comparten el ideal de filmar a chicas mientras tienen relaciones, así como se comparten sus videos infinidad de veces en el grupo de Whatsapp? ¿Acaso a todos les gusta pegarle a un chico hasta dejarlo muerto?

Y ahí la cosa se pone más compleja, porque la idea no es restarles responsabilidad sobre sus actos, como se dijo antes, sino entender que uf…el tema de la pertenencia no siempre responde a “gustos”, sino más bien a mandatos.

Y en todos estos casos, hay visiblemente un mandato de masculinidad, que más allá de la edad (porque eso también juega un papel importante), tiene que ver con “lo que se espera de…”. Y ahí, bum, sentirse o no parte.

Compartir videos y fotos de las minitas que me cogí, para que vean que no soy un puto. Ir y pegarle a un chico que vacacionaba en Villa Gesell porque si salgo y no me peleo, no hay nada que contar, y obvio, porque  pegar refuerza que soy bien macho, que me la banco y que no me tiro para atrás.

Porque la masculinidad frágil tiene esa cosa de que la validación es entre los mismos pibes. Pum, y otra vez la pertenencia. Pertenecer a ese grupo privilegiado que no sólo (en la mayoría de los casos) tiene guita y viene de una familia “bien”, sino que además necesita de “gustarse” entre los mismos chicos.

Las citas en el vestuario para mirarse las pijas después del entrenamiento, las anécdotas (que parecen necesitar validación con fotos y videos) sobre quién me cogí este fin de semana, aquél recuerdo de cuando le rompí la cabeza a ese flaco porque me manchó la camisa con vino. Todo resulta como tirarse rosas entre ellos mismos. Es medirse, es jugar a ver quién la tiene más larga, es estar constantemente diciendo ¿Lo que hice, me valida?

Y así, sin ir más lejos, es que no se trata sólo de jugar al rugby, del deporte en sí mismo, sino de un cúmulo de herramientas que, si se refuerzan o no se cuestionan desde el lugar de pertenencia, tienen un saldo caro.

Lo que hizo Estela Díaz, y lo que hace día a día Cecilia, la Tana, es dar cuenta de que hay que poner el foco en esos lugares. No abarca todo, no contempla todas las variables, pero es algo. Algo para empezar, para reforzar, para comenzar a instalar el tema: ¿Cuál es el costo de tu masculinidad? Sin hacer hincapié en las “medidas” que se toman desde una institución, sino en referencia a lo personal ¿Realmente es allí donde pertenecés? ¿O es más bien una lucha constante de egos para ver quién es el más pijudo?

Existen agravantes, pero dejemos en el tintero si se trata de condicionantes o no. Porque las condiciones pueden cambiar, pero requiere de un trabajo conjunto. Ahí el Estado puede hacer como los entrenadores y el equipo directivo de un club: mirar hacia un costado.

O puede ser como Estela, que se acercó al club y la Tana supo agradecer y reconocer que eso podía significar reforzar herramientas: “La Ministra Estela Díaz tuvo la gentileza de recibirnos y de sumar acciones y trabajar con alguna coordinación. Ellos como órgano de Ministerio, de aplicación de la Ley Micaela, y empezar a trabajar en capacitaciones, talleres destinados a nuestros socios y socias, deportistas y todos los que están involucrados con el deporte de nuestro club, no sólo con el rugby”.

“Estamos muy contentos y agradecidos, porque a veces lo que te pasa como institución es que los recursos son limitados, nos exceden algunos tratamientos, ni hablar de la cuestión legal de cada caso que a veces se te presenta. El abordaje de la cuesión de género requiere de un grupo profesional, transdisciplinario y a veces en los clubes no disponemos de ese equipo de trabajo, entonces es espectacular que el Estado nos respalde a través de este nuevo ministerio que es esperanzador y prometedor”, dijo Cecilia.

Quizá el desafío, de ahora en más, sea desaprender los espacios de pertenencia, y empezar a pertenecer por convicción.


***  Vera Casanovas
Comunicadora Social/Profesora en Comunicación Social UNLP

https://primerageneracion.net/2020/01/25/pertenencia-o-supervivencia-la-masculinidad-como-lugar-de-validacion-en-el-rugby/

 

Enlace permanente a este artículo: http://ellibertadorenlinea.com.ar/2020/01/27/pertenencia-o-supervivencia-la-masculinidad-como-lugar-de-validacion-en-el-rugby/