VERDUGOS



Por Carlos Caramello   ***

Carlos Caramello sostiene en este artículo que los grandes Grupos Comunicacionales con sus diarios y radios; con sus señales de televisión y sus periodistas, son los nuevos verdugos del sistema. Los poderosos les han otorgado ese rol y algunos lo han asumido gustosos.



“El Sistema no encarcela a sus verdugos: los mantiene”
Rodolfo Walsh

“Macri ya fueeeee… Vidal tambiénnnnnn…”, pero ellos no. Están ahí. Más o menos agazapados. Más o menos encogidos para saltar y dar el zarpazo. Puede que la imagen parezca un lugar común pero son eso: fieras apenas ocultas esperando a una presa que sí es un lugar común: el Peronismo. Desde su nacimiento. Desde antes, acaso. Los diarios, las radios y luego la televisión, y más adelante las redes sociales, han escogido un enemigo primordial: lo popular, lo nacional, lo que combate el hambre, la ignorancia, la enfermedad y la pobreza. Acá y en el resto del mundo, claro. Pero por estos pagos, últimamente, actúan con una ferocidad, con una falta de disimulo, que da vergüenza. Y miedo.

José Manuel Ubeira, prestigioso abogado porteño, contó hace pocos días (en un programa radial que conduce Darío Villaruel) que Jorge Rendo, gerente de Relaciones Externas del Grupo Clarín, visitó al general Milani para decirle que, si él declaraba contra Cristina Kirchner, sus problemas (los de Milani) se acababan “en 10 minutos” o iba a “pasar un calvario”. Esto ha sido declarado en el juicio y, por supuesto, nunca investigado. Hay cientos de casos parecidos. Pasa casi a diario. Sólo elijo el ejemplo en la absoluta confianza que me merecen tanto Ubeira como Villarruel (sé que son incapaces de operaciones) y en la certeza de que este hecho es apenas la punta del iceberg del nuevo perfil que hoy tiene la tortura. Un iceberg que, si emerge, reíte del Titanic.

Disciplinadores


Son los nuevos verdugos del sistema.
Los poderosos les han otorgado ese rol y algunos lo han asumido gustosos. “Persona cruel, que castiga sin piedad o exige demasiado”, reza la segunda acepción de la palabra “verdugo” en el diccionario de la Real Academia; y la tercera agrega “Cosa que atormenta o molesta mucho”. En el antiguo testamento se los llama “pequddôth”: refiere a los «castigadores«, «disciplinadores (correctores)», «visitadores (comisionados por alguien para castigar)». La historia de los verdugos dice de alguien que trabaja de “ejecutor al servicio del Estado, o de un dirigente político, religioso o social”. Cuenta también que este trabajo solía ser “hereditario” y reconoce familias que ejercieron este raro oficio durante varias generaciones. Explica también que los verdugos cobraban “sueldo fijo” o “por ejecución”.

Aristóteles, en el capítulo V de la Política, dice que “el cargo público más necesario y delicado es el de verdugo” y Marta López Ger, en su página El Verdugo y sus Torturas, afirma que “prácticamente todas las culturas han requerido de los servicios de la figura del verdugo” pero que recién “se institucionalizó en Europa, donde se diseñó ese atuendo tan típico (que los identifica) con el objetivo de proteger su identidad”.

Sin embargo, no solían ser desconocidos. Se sabe que “entre los romanos, la sentencia era cumplida por los lictores; entre los antiguos galos, el oficio de verdugo era ejercido por los druidas; en algunas regiones de Alemania, la sentencia de muerte la ejecutaba el más joven de la comunidad jurídica; en Heiden, el encargado era el último vecino llegado a la ciudad; en Franconia, un recién casado y en Renuting, el magistrado más nuevo, sin que ninguno de estos ejecutores quedara infamado de ello en la opinión pública. En algunos países, eran designados como ejecutores los taberneros y carniceros”… Nada dice de periodistas.

Estos profesionales del sufrimiento recibían excelentes pagas, se les otorgaba un lugar destacado en la Corte, tenían un sitio reservado en los cementerios y gozaban de la absoluta garantía de no ser castigados por delito alguno (léase impunidad). Los hijos de los verdugos tenían por destino ser también verdugos y las hijas mujeres, adivinas o curanderas (aunque se cree que existieron verdugos de sexo femenino). Finalmente, era posible que, ante una ejecución o tortura fallida, el verdugo pudiese sufrir pena de muerte… en manos de otro verdugo.

¿Lawfare o Tortura?

“Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”, debería aclarar este artículo si se tratase de una película de Hollywood. Aunque no, probablemente lo mejor sería ponerle que está “basada en hechos reales”: el Sistema ha diseñado su nuevo modelo de Verdugo. Jueces que condenen hubo siempre y siempre habrá (pero a ellos es difícil hacerles ensuciar las manos en términos fácticos). Motivos de poder y/o económicos por los cuales torturar y matar, también habrá de sobra. Sólo se necesitaba una nueva clase de individuos dispuestos a ejercer la tortura o llevar a alguien a la muerte con cara de nada… como si tuviesen la capucha del verdugo cubriendo sus facciones.

¿Les parece demasiado? Miren a Héctor Timmerman y van a comprender. O a Florencia Kirchner en Cuba. O a Julio de Vido con su diabetes y sus problemas cardíacos, encarcelado por una pericia falsa y un testigo ídem. O a Amado Boudou, en una celda, sin poder ver crecer a sus hijos chiquitos… O a Jorge Dhelon, un tipo que nada que ver con la política, abogado, joven, honesto (mezclado por los medios en la causa de Fútbol para Todos), un pibe que no soportó la presión social y terminó suicidándose por una denuncia que, 3 años y medio después, resulta que no era nada… ¡Y tantos, tantos otros!

No es tan sencillo. No es la condena mediática y ya. No se trata de “apretar” a alguien para conseguir algo y listo. Hay víctimas atrás del Lawfare. Hay dolor. Personas quebradas. Criaturas fallecidas porque secuestraron los kits del Plan Qunita. Abuelos que agonizan lento por la falta de medicamentos. Chicos con hambre. Mujeres y hombres jóvenes con sueños rotos. Enfermedades terminales. Muerte.

Lo señalo porque la palabreja lawfare (que ni siquiera tiene traducción ni significado demasiado claro para la mayor parte de la población), oculta lo dicho y muchas cosas más. Cosas que, con los antiguos verdugos, eran claras. Pero, por estos días, entre gramáticas gestuales y semánticas que desvanecen el odio, se vuelven eufemismos de los peores males. Eso es Tortura. Asesinato es. Sin medias lenguas ni subterfugios. Sin atenuantes.

Estos los modernos disciplinadores suelen cobrar fortunas en pautas y operaciones puntuales (one shot); suelen tener, también, un lugar “en la corte” y el compromiso de que todos sus crímenes serán “perdonados” aún antes de perpetrados. Eso sí… si se equivocan, puede haber otro verdugo acechando para hacer su trabajo.

 

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