MATRIMONIOS ENTRE MUJERES

Por Eva Giberti   ***

Cuando Freud se ocupó de psicoanalizar a una joven homosexual, interpretó sus conductas de acuerdo con sus teorías. Muy lejos estaba entonces de imaginar que años mas tarde quienes estudiábamos sus textos podríamos interpretar las alternativas de los matrimonios entre lesbianas según los criterios de distintos estudiosos.



Unos dicen que una tropa de jinetes, otros una de infantería,
y otros que una flota de naves
es lo más hermoso sobre la negra tierra,
pero yo digo que es aquello que uno ama.

Safo
(Antología. Traducción, edición y notas de Ronald Forero Álvarez)
Homosexuales varones y mujeres cayeron durante siglos bajo las diatribas sociales y las culpabilizaciones religiosas, que aún se repiten a pesar de la legalización de los matrimonios y de los derechos de las identidades de género. Siempre aparece algún ceño fruncido cuando se habla de adopciones por parte de matrimonios gay o según deseo de matrimonios entre lesbianas.

Freud (1920) resolvió sus interpretaciones a partir del patriarcado que su personalidad y su época imponían y finalizó su tratamiento despidiendo a una joven lesbiana: sospechaba que ella tenía “una férrea voluntad de imponer su modo de vida… Interrumpí el análisis tan pronto hube reconocido la actitud hostil de la muchacha contra su padre…” Freud no incorporaba las homosexualidades entre las patologías, pero en este caso, el hecho de ser mujer, lo sumergía en un “continente negro” (donde no se puede ver con claridad).

Actualmente la legislación permite incorporar claridades de distinto orden en el mundo de los deseos y de los amores de las mujeres de modo tal que los matrimonios consagran una unión amorosa total. De esta índole son las parejas con hijos adoptados o bien engendrados por una de ellas con la contribución de un varón amigo.

Las consultas que se suscitan en lo que se refiere a la crianza, cuando el varón no convive con ellas, se caracterizan porque la totalidad de decisiones queda a cargo de dos mujeres en función de madres y a las que el hijo diferencia claramente llamándolas por sus nombres; al mismo tiempo que aprende que es hijo de las dos.

Se trata de un estilo de familia tan nuevo como es el origen de esa familia. O sea, la aparición de los matrimonios de origen lésbico, como sucede con los de origen gay, conducen a la redefinición de lo que entendemos como familia; comprendemos hasta dónde hemos vivido ceñidos por una rigidez que la vida misma se ocupó de ordenar más allá de las definiciones tradicionales.

Estos planteos derivan en el resonante rechazo que se produce en innumerables personas cuando al proponer el estudio de las familias encontramos que estas modalidades existían sin haber sido sacralizadas por las leyes y particularmente cuando es imprescindible presentar los ejemplos a partir del amor entre dos personas del mismo género. El espanto que producen dos mujeres enamorándose en la calle, eso que llamamos la ”vía pública”, ilustra el miedo, la rabia, la impotencia, la curiosidad de los propios sentimientos ante la confusión que producen esas escenas que “otras” se atreven a protagonizar. También inquietan a alguna policía y sorprendentemente a alguna autoridad de la justicia que dictamina sanción.

La presencia de los amores gay y lésbicos introducen un tropezón en la idea tradicional de familia; sabemos de amores que fundan una familia y no son raros ni extraños; que durante siglos tuvieron que empujarse y abrirse paso hasta que hoy sus hijos garantizan una estructura familiar en la que sus madres pueden convivir durante años o divorciarse. Como sucede en cualquier familia, con la diferencia que ésta se origino en el amor entre dos mujeres. Amor que no puede –“no debe”– exhibirse en lugar de ocultarse desafiando la pulsión de espiar de los curiosos. Mostrarse podría ser motivo de escándalo en la “vía pública” y arriesgarse a ser duramente sancionado el cuerpo a cuerpo de estas mujeres, aunque se utilicen otros argumentos que intenten disimular la lesbofobia alerta y vigilante de aquellos/llas que no quieren transigir con estos amores que quizás podrían desordenar las bodas heterosexuales como si fueran las únicas posibles.

En algunas escuelas y universidades, los alumnos y alumnas tienen que escribir monografias acerca de “diversidades” y buscan, desconcertados, a cuál diccionario recurrir, porque tampoco hay razón para mencionar lo diverso cuando hay que hablar de las personas. Como si existiesen las que “son como todos” y las que son diversas. Mientras decidimos cómo clasificar las diversidades (porque si no clasificamos se altera el método), los seres humanos continúan viviendo según aman, “que es lo más hermoso sobre la negra tierra”, como diría Safo.

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