​AL MONUMENTO DE ANDRÉS LE FALTA UNA FECHA

 

por Rubén Emilio Tito García   ***

Todo acontecer de la vida tiene su origen, así fue desde el principio de los tiempos y será hasta el fin de este tiempo. Infelizmente el de la disgregación de la proto nación Argentina tuvo su génesis en la expectante Asamblea General Constituyente del año 13. Y no me atrevo a decir si recidivó en el presente con la actual y desgraciada grieta.

Lo cierto es que en aquella oportunidad se estableció que el Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata sea ejercido por un Director Supremo, cargo que recayó en Gervasio Antonio Posadas, tío del presidente de la asamblea Carlos María de Alvear. Ya ostentando omnímodos poderes​​ en grosera maniobra rechazaron a los diputados enviados por José Artigas, que llevaban por mandato la absoluta y total independencia de España; propiciar el sistema federal de gobierno; que la capital del país no fuera Buenos Aires; que las tropas enviadas a la Banda Oriental siguieran bajo su mando; y que los pueblos de las Misiones ocupados por los portugueses quedaran bajo la jurisdicción de Montevideo. Para Artigas,​​ el derecho de los pueblos del interior a tener su propia autonomía era una cuestión sagrada e innegociable. Jamás debe aceptarse que el poder de los Borbones sea sustituido por otro unitario y hegemónico; sería vivir políticamente de rodillas, definía.

De este modo, a partir de la asamblea convocada con el objetivo de unificar sabidurías en la lucha contra el enemigo común y de exponer ideas y proyectos en pos de la independencia tan deseada, sobrevendría la fractura de la hermandad criolla, producto de la ceguera de los asambleístas que utilizando el peso de la mayoría impusieran el criterio de su irreductible política centralista, sistema irreconciliable con el sentir de los hombres del interior provinciano. Las consecuencias que sobrevendría jamás la imaginaron, ni tampoco el dolor que se engendraría una vez iniciada la despiadada y larga guerra civil; designio impensado y trágico que recién terminaría, como señalara el General San Martín, cuando las tiranías lograran imponerse a todas las razones.

Acantonado Artigas en su reducto, formó la Liga de los Pueblos Libres con las provincias que adoptaron el federalismo como sistema de gobierno: ​​La Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba, Santa fe y Misiones. Pero Artigas, caudillo y protector de esos pueblos también fue destacado estadista, porque si bien creció en el campo realizando labores ganaderas y deslizándose en la frontera con Brasil en negocios legales y otros no tanto hasta que entró al cuerpo de Blandengues, en tiempos de niñez recibió buena educación primaria sostenida por su familia de posición económica favorable.

Instrucción que le permitió embeberse con los libros prohíbidos de la ilustración, preferentemente los escritos de Rousseau, Montesquieu y en especial de Thomas Paine, uno de los ideólogos de la independencia de los Estados Unidos de América, entronizado en el selecto numen de los padres fundadores de esa nación. Sus ensayos sobre la libertad y la democracia habían influido notablemente en el espíritu del joven Artigas y le infundió de serena claridad a su intelecto; de manera tal que hizo suyo el principio de que las instituciones de las Provincias Unidas, una vez lograda la independencia, se organizaran sobre la ordenanza de una república democrática y federal con la autonomía suficiente dentro del marco de la Constitución.

Consideraba, además, que en la República se sostendrían los preceptos republicanos de la libertad, el estado de derecho, la democracia representativa y la división de poderes. Pero sabio e intuitivo pensaba en voz alta:​​ no debemos actuar cínicamente reclamando derechos federales a la Nación y comportarnos hegemónicamente en las provincias gobernándolas como si fueran estancias y nosotros sus capataces, pues de esa forma surgirán otros capataces que lucharán para ocupar el lugar, y esa forma inmoral de gobernar no tiene destino.

Fue entonces que Artigas convocó al denominado Congreso de Oriente en el Arroyo de la China –actual Concepción del Uruguay- el 29 de junio de 1815. Y con la presencia de los representantes de las seis provincias federales trataron y aprobaron la independencia total y definitiva de todo poder extranjero, e indujo para bien que se concretara la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata un año más tarde, el 9 de Julio de 1816 en Tucumán.

Ya en tiempos modernos, en el actual frontispicio del portentoso monumento del Comandante Andrés Guacurarí erigido en la costanera posadeña se lee: “En homenaje al bicentenario de la declaración de la independencia la Cámara de representantes, presente con nuestro héroe misionero Andrés Guacurarí figura emblemática de la independencia de nuestra Nación. 09 de julio de 2016”.

En el año 2015, el Decreto N° 28 del Poder Ejecutivo Nacional declara el año 2015 como el “Año del Bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres”, en el cual Misiones estaba representado por nuestro héroe Andrés Guacurarí. Esa fecha, 29 de junio de 1815, debe incluirse en el frontispicio del monumento de la costanera Monseñor Jorge Kemerer, como data Federal de identidad misionera.

Al mismo tiempo recordar que por el decreto del 11 de febrero de 1814, Gervasio Posadas declaró a Artigas “infame, privado de sus empleos, fuera de la ley y enemigo de la patria. Como tal será perseguido y muerto en caso de resistencia. Se establece un premio de 6.000 pesos al que entregue la persona de José Artigas vivo o muerto”. No obstante, como epílogo del Decreto de 1814, falta que le hayan agregado a la firma de Gervasio Posadas:​​ los señores hacedores del Poder Central.

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