Héctor Rubén Bonifato (61)

Como todas las pasiones, nacen de la misma familia. En ese caso fue porque me lo inculcó mi papá. Recuerdo cuando chico, los domingos eran sagrados para ir a las carreras tanto en el interior como en el antiguo hipódromo que está en la zona de Miguel Lanús.
Egresé de la Escuela de Policía con 18 años y a los 25 pude tener mi propio caballo. Y desde ese momento hasta hoy jamás de dejé de tener caballos. Es una pasión. Amo al caballo en sí, y todo lo que lo rodea. Aquí estamos con los caballos hace 20 años de forma ininterrumpida. En inmediaciones del Hipódromo de Posadas. Este es el tattersall, el lugar donde se alojan los caballos cuando hay eventos, carreras. Acá se los cuida, se les da buen entrenamiento, buena comida. Es así mi vida todos los días, salvo los domingos y cuando llueve mucho y los caminos son intransitables.
Tengo un peón y hago las veces de cuidador y entrenador, de veterinario, salvo caso alguna lesión o algún problema de salud más grave que siempre consultamos y recurrimos a un profesional. Los que se dedican a grandes animales, especialmente equinos, son muy pocos en la ciudad. Casi todos se dedican a pequeños ejemplares. Siempre tenemos algún amigo, los veterinarios que vienen acá son más de otras provincias, de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba.
Tengo cuatro caballos puros. Por su condición de puro, corro en la cancha de Posadas

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