LA FARMACIA DEL PUEBLO



Por Leo Duarte   ***

Cuando rondaba los 15 años de edad siempre me había llamado la atención una antigua casa en el centro de Posadas, recuerdo que pasaba por la calle Sarmiento casi Buenos Aires, invadida por las delicias de la cocina de “Lo de Carmelo”, en la esquina todavía quedaban vestigios de la antigua “Tienda El Cacique”, con su almacén de variados productos…

En diagonal a “El Cacique” esta majestuosamente la “Farmacia del Pueblo” del Correntino Don Lindolfo Monzón. Me invadía la intriga de saber qué albergaba semejante caserón. Hasta que el 16 de Abril de 2011 esa intriga de saber, se hizo realidad, golpeo su puerta y me atiende la queridísima “Chiqui” Poujade, Nieta de Don Lindolfo. Le explico mi interés por saber algo de la casa y de su abuelo, con muchísima amabilidad me hizo pasar, cuando cruzaba por sus pasillos, era como meterme al túnel del tiempo, piezas una enfrente a la otra, hasta llegar a una sala comedor donde se levantaba una maravillosa vitrola, donde la abuela de Chiqui solía escuchar maravillosas piezas de ópera, unos sillones blancos, delicadamente acomodados, una chimenea, que terminaba de decorar la sala, y muchas puertas, yo ansioso quería abrir una por una las puertas.

Doña Chiqui me dice, pase por acá, entro a una de las habitaciones y no lo podía creer, estaba frente a una gran cantidad de elementos originales de la Farmacia del Pueblo, frascos, un cráneo, una tortuga de metal que tenía en su lomo un frasco de vidrio y en su interior alcohol de quemar, de un color verde esmeralda que había visto en una fotografía original de principios de la década del 20.

La verdad estaba maravillado por todo lo que veía, pero hablemos de Don Lindolfo.
Lindolfo Monzón, llegado de su Corrientes natal en 1900, la mandó a construir siete años después, cuando se iba a casar. Monzón fue el primer farmacéutico que tuvo la capital provincial.

Recibido en 1896 en la Universidad Nacional de Buenos Aires, como claramente lo deja por sentado su título universitario y que aún conserva en buen estado y enmarcado en el interior de la casona.

La antigua casa tiene algunas particularidades, puerta de entrada a la casa de madera maciza  de cedro del Líbano con tableros y molduras, banderola, herrajes originales con buzón inferior. Junto al portero eléctrico actual se nota la marca del timbre original; umbral de mármol de carrara. En la ventana de la derecha se puede observar la reja balcón de hierro, con motivos de hojas de acanto, lazos, remate de bronce y el postigón de hierro. La pintura conserva el tono verde original. Par de pilastras corintias con base. Es de estilo ecléctico, con influencia de la arquitectura Académica y mano de obra italiana tiene sus fundamentos en la influencia que en ese momento se  manifestaba en la capital del país, en donde luego de 1900, época del eclecticismo, con su multiplicidad de lenguajes estilísticos, variación de la escala y dimensión,  las logias italianas que se incorporaron al eclecticismo criollo, fueron utilizadas en este edificio.

Al respecto veamos el testimonio de Doña Glaucia Sileoni de Biazzi

Además del edificio de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, en Posadas, tenemos otro bello ejemplo de arquitectura renacentista en la casa de la esquina de Buenos Aires y Sarmiento.

Esta edificación posee un zócalo con borde moldeado y toda ella ostenta las líneas puras y severas que caracterizaron la creación arquitectónica clásica.

Las ventanas rectangulares están coronadas por un triángulo decorado con hojas de acanto. La puerta, también de líneas clásicas, ostenta en la parte superior molduras con un león. A ambos costados de la puerta se alzan dos columnas del orden corintio poseen un capitel adornado con hojas de acanto y caulículos, y las cornisas con modillones. El acanto es una planta baja de hojas perennes, grandes y brillantes, famosa por figurar como motivo de los capiteles de las columnas corintias. sus flores son blancas. Los caulículos (en latín significa “tallo pequeño”), son cada uno de los vástagos que nace en el interior de las hojas que adornan el capitel   corintio.

El friso de la casa de Buenos Aires y Sarmiento tiene también guirnaldas de flores y hojas de acanto. El friso es la parte del cornisamento que media entre el arquitrabe y la cornisa y es, en la arquitectura clásica, otra parte   de los edificios en la que solían colocar follajes y otros adornos. El arquitrabe es la parte inferior del cornisamento que descansa inmediatamente sobre el capitel de la columna.

Toda la edificación está coronada por una balaustrada y en el centro un adorno moldeado con guirnaldas.

Como un trasiego del arte de la vieja Europa. Esta casa en la tropical Posadas, americana y mestiza, es una síntesis de nuestra cultura.

En la ciudad de Corrientes, nacía el 9 de mayo de 1872, Lindolfo Gregorio Monzón, dentro del ámbito de una familia honesta y trabajadora. Desde muy temprana edad, el citado joven, único hijo varón, de una familia constituida por cuatro hermanos, se sintió atraído por la cultura y por la ciencia.

Luego de obtener el ansiado título de bachiller en Ciencias y Letras, viajó a la Capital Federal con el objeto de proseguir la carrera de Farmacia, ya que se sentía profundamente inclinado hacia la Biología y la investigación.

El día 20 de Junio de 1896, obtiene su Diploma de farmacéutico en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, el que le permite un tiempo más tarde ingresar al Ejército Argentino, donde dentro del ámbito del Colegio Militar de la Nación, se desempeñará durante algunos años en su profesión. Después de finalizar su carrera de Farmacia y mientras duró su permanencia en la Capital Federal resolvió estudiar medicina, carrera que continuó por tres años, al cabo de los cuales decidió abandonarla con la intención de instalar su Farmacia en Mercedes, Provincia de Buenos Aires. Con tal motivo regresó a su tierra natal para despedirse de sus familiares y comunicarle su decisión pero al llegar a Corrientes se encontró con diversos amigos, quienes le convencieron de la conveniencia de instalarse en la ciudad de Posadas, ya que por aquel entonces nuestra ciudad carecía de farmacéuticos diplomados, únicamente se contaba con una Botica propiedad del español Don Ramón Miño, quien era idóneo y se caracterizaba por trabajar con pocas drogas y muchos yuyos. Pero un buen día y sin dejar rastros Miñó desapareció de la escena por lo que todas sus pertenencias fueron a remate. Por ello fue que Diógenes Otero, conocedor de este suceso, instó a   Monzón a adquirir la Botica que había pertenecido a Miño. Esta Botica estaba situada entre las calles Buenos Aires y Sarmiento (esta última denominada San Juan en aquella época) pero luego el nuevo propietario adquirió el terreno situado en la esquina de enfrente, donde construyó el local que ocupará hasta el día de su muerte. Corría el año 1908 cuando Don Lindolfo viajó a Buenos Aires a fin de solicitar la correspondiente autorización antes el entonces llamado DEPARTAMENTO NACIONAL DE HIGIENE para poder establecerse definitivamente y cumplir con las normas que en aquel tiempo exigía la menciona- da repartición. Se puso entonces en contacto con las principales droguerías porteñas de donde se surtió durante  toda su trayectoria como farmacéutico.

La oficina de Farmacia poseía un Salón de Ventas con suficiente capacidad física, un escritorio, un depósito y un laboratorio. Este último estaba subdividido en dos secciones por medio de una amplia mesa de mármol, una de ellas correspondía a  a parte donde se elaboraban las recetas magistrales que llegaban al mostrador, y  la otra al Laboratorio de Análisis Clínicos, ya que en aquel entonces  los farmacéuticos estaban autorizados y capacitados para llevar a cabo todas las determinaciones   que en aquella época se podían practicar, tales como orina y sangre,  esputo, pus, etc. Dicho laboratorio de análisis estaba dotado de un   moderno instrumental adquirido en su totalidad en Alemania y contaba también   con dos potentes microscopios. Como en aquella época la ciudad no contaba con ópticos ni oftalmólogos, este competente profesional solucionaba los problemas visuales efectuando las mediciones correspondientes y encargando con posterioridad las recetas de anteojos a la Capital Federal. En su Farmacia se preparaban un sinnúmero de recetas Magistrales y Oficinales, como píldoras, sellos, supositorios, pomadas, ungüentos, jarabes e inyectables, contando para la preparación de estos últimos con un muy moderno y eficaz autoclave. El mostrador del Salón de Despacho era una verdadera obra de artesanía ya que fue tallado a mano  por un niño paraguayo de catorce años de edad, quien realizó el extraordinario trabajo, basándose en los grabados que poseían los rótulos donde  se transcribían las fórmulas farmacéuticas.

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