EL DERECHO AL ABORTO Y LAS CONTRADICCIONES DEL FEMINISMO «NACIONAL Y POPULAR»

 

Por  Sol Bajar   ***

Que la marea verde no está dispuesta a resignar su reclamo de legalización del aborto, se vio el 8 de marzo, con cientos de miles de pañuelos que exigieron que el Estado garantice este derecho elemental.

Es un dato que dejó este 8M en Argentina. Ni la derrota legislativa de los dinosaurios oficialistas y opositores del Senado, ni la avanzada de los gobernadores, los grupos fundamentalistas y las jerarquías de las Iglesias, lograron desanimarla. Al contrario: en el inicio del año electoral, la marea mantiene su vitalidad y sigue motorizando la movilización callejera.

Se vio también en la acción que convocaron ese día, contra el ajuste y los despidos, desde la Comisión de Mujeres de Coca Cola. Con apoyo de trabajadoras de Siam, Fate, Madygraf, las estatales y maestras en lucha, desafiaron la represión de Larreta con sus pañuelos verdes y exigieron que no haya más familias en la calle. Una muestra de la valentía que inspira entre las obreras esta marea verde.

Pero esa conclusión lleva a otra, que hace a los debates que la atraviesan en este año electoral, con expresiones tan preocupantes como el retiro del apoyo para la realización de la jornada por parte de organizaciones políticas y sindicales vinculadas al kirchnerismo.

Sí se enojan con la Iglesia

El llamado a «no enojarse con la iglesia» y unir los pañuelos verdes y celestes, como forma de ampliar el caudal electoral, tiene como contradicción una plaza donde cientos de miles demostraron que esa marea no confundió colores, no desactivó su lucha y no cambió de agenda por la proximidad de los comicios.

Lo que se vio en Plaza de Mayo y en todo el país, abona lo que dijo la antropóloga Rita Segato en la Universidad de San Martín: la propuesta de Cristina Fernández, de amalgamar esos pañuelos para “construir poder” frente al macrismo, es un “error lógico antes que político”. Como dijo Segato, el pañuelo celeste “es monopólico”, mientras que el verde “es pluralista”: promueve el derecho a decidir, no sólo sobre el propio cuerpo, sino también sobre la propia vida.

¿Porqué entonces ese intento de llevar al movimiento detrás de una perspectiva tan pero tan regrediente? La diputada Mayra Mendoza (FPV) dijo que “el 8 de marzo hoy no significa sólo un sujeto social y político, sino también un modelo de país en pugna”. Desde la columna que encabezó junto a referentes del PJ, agregó que “nuestra consigna este año es `Vivas, libres, unidas y gobernando nos queremos’”.

Pero resulta que esta fuerza política ya gobernó y ya gobierna. Durante doce años, con mayoría propia en el Congreso, impidió la legalización del aborto. Y hoy sostiene aberraciones como las que nos conmueven en la provincia de Tucumán, donde el ex ministro de Salud del kirchnerismo, Juan Manzur, encabeza la campaña de los pañuelos celestes contra los derechos de las mujeres.

La negativa del aborto no punible para “Lucía”, la niña de 11 años embarazada y sometida a una cesárea contra su voluntad, es un ejemplo, pero no es el único. Según la abogada Soledad Deza, más de 600 mujeres han sido judicializadas en Tucumán por casos en los que correspondía que se garantice este derecho, vigente hace ya un siglo. La unidad de los pañuelos verdes y celestes tiene expresiones tan concretas como ésta.

Esta gran contradicción del kirchnerismo, que lo ubica en contrario a una de las demandas motoras más importantes de la marea verde, es lo que está detrás de su retiro del acto unitario. Aunque lo intenten ocultar, el divisionismo viene de parte de quienes quieren «celestes» cuando el 8M dio el mensaje opuesto a las proclamas kirchneristas.

Detrás de “la unidad hasta que duela”

El kirchnerismo insiste en que a las mujeres debe unificarnos «el rechazo al neoloberalismo y al gobierno de Macri». En palabras de Estela Díaz, secretaria de Género en la CTA que conduce Hugo Yasky, hay que “construir la unidad hasta que duela”.

¿Pero qué unidad podemos construir las mujeres con quienes promueven la tortura para niñas como Lucía, revictimizadas y violentadas por el Estado que gestionan personajes como Manzur? ¿Hay algo más divisionista y al mismo tiempo doloroso que promover la alianza del movimiento de mujeres con quienes engrosan las filas del Opus Dei y de los grupos fundamentalistas?

La respuesta la dieron en Plaza de Mayo los miles de pañuelos que acompañaron y aplaudieron el documento elaborado en varias semanas de debate. Allí, entre otras cosas, se repudió el accionar de este gobernador con el que llaman a la unidad electoral, mientras condicionan su apoyo a los reclamos de las mujeres.

Se vio también por la mañana del 8M. Mientras las mujeres cortaban la calle contra el ajuste y los despidos, referentes de las centrales sindicales dieron una conferencia en la que el apoyo a esas luchas y a la legalización del aborto estuvo ausente. En cambio, destacaron el llamado “a custodiar las urnas” en octubre y repudiaron ese documento unitario que exigía, entre otras cosas, un paro efectivo a las conducciones de las centrales.

Para explicar el retiro del apoyo económico al sonido y al escenario para el acto, Estela Díaz sostuvo más tarde que “lo que llamamos paros feministas de los 8 de marzo son más que nada una interpelación a que pueda parar la que no puede parar”. “Si tergiversamos esto, entonces, lo que estamos pidiendo es que sean las centrales sindicales las que decidan los paros del 8 de marzo y no el movimiento de mujeres”.

¿Hay planteo más divisionista que éste que promovieron desde las conducciones de la CTA de los Trabajadores, la CTA Autónoma, la CGT, la CTEP, la Corriente Clasista y Combativa y otras organizaciones que impulsaron el llamado “bloque sindical”? ¿Hay gesto más solidario que el de la la multitud pasando de mano en mano el dinero necesario para que el acto no fuera boicoteado?

La división corporativa que promueven estas conducciones sobre los reclamos de las mujeres, que -por cierto- son en su amplia mayoría mujeres trabajadoras, sólo puede conducir a debilitar nuestra lucha. ¿O no son las trabajadoras, sus hijas y las mujeres más pobres las que sufren mayoritariamente las consecuencias de la clandestinidad del aborto? ¿No son ellas las que mueren porque no pueden pagar las clínicas privadas? ¿No son ellas las que cargan con una doble o hasta triple jornada laboral, en sus trabajos y en sus casas? ¿No son las que más se empobrecen, en dinero y en tiempo, con el ajuste en curso?

Paro, paro, paro… ¡paro de verdad!

Después de casi 4 años de gestión macrista, las conducciones sindicales ya podrían preguntarse, al menos, sí un paro efectivo del conjunto de la clase obrera, como el que se reclamó en la Plaza, por los derechos de las mujeres, no podría convertirse en el inicio de un verdadero plan de lucha nacional contra el ajuste y los despidos, que por cierto -de nuevo- afectan en particular a las mujeres.

No debería hacer falta, pero el argumento de Estela Díaz y el “bloque sindical” se cae por su peso si recordamos hechos como el que protagonizó la conducción de la CTA Autónoma, que no le importó convocar a elecciones el día que se votaba en el Senado el derecho al aborto. ¿No es eso darle la espalda a una de las movilizaciones más grandes de las últimas décadas?

Pero además, ¿fortalecería o no al conjunto de nuestras luchas una medida que paralice el país por los derechos de las mujeres? La respuesta, nuevamente, se vio en Plaza de Mayo, donde el reclamo de “paro general” tuvo un apoyo enorme.

La actitud de este “bloque sindical”, que en las reuniones de preparación del 8M fueron las más fervienes opositoras a que las trabajadoras en lucha encabecen la movilización y suban al escenario, para leer el documento, contrastó notoriamente con su discurso de unidad. Con los Manzur y los celeste sí, con las trabajadoras que hoy pelean contra los despidos, no.

Para ir por la conquista de todas nuestras libertades

El planteo del llamado “bloque sindical” desestima el enorme poder de la clase obrera para paralizar la producción, afectar las ganancias capitalistas y hacer que la tierra tiemble por las demandas de las mujeres, lesbianas, travestis y transexuales. Particularmente, omite que hace tiempo está planteada la tarea de recrear la alianza entre les que luchan contra la opresión del patriarcado y quienes sufren las consecuencias de la explotación capitalista.

Las feministas socialistas de Pan y Rosas y el PTS/Frente de Izquierda intervenimos con esa perspectiva en el movimiento de mujeres, en los lugares de estudio, en los barrios y en los sindicatos, donde apostamos a sacudir esas organizaciones de masas, para que desarrollen toda su potencialidad.

En el camino de construir una gran fuerza social, para cambiar la historia, apostamos a un movimiento amplio, democrático e independiente de quienes garantizan nuestra opresión. Un movimiento que confíe en su propia energía de lucha y sepa distinguir quiénes son sus aliades y quienes no. Por eso también peleamos porque cada vez más compañeres abracen esta perspectiva, porque es la única capaz de hacer saltar los resortes de un sistema que encuentra sobrevida en la miseria que se impone sobre millones de nosotres.

El Frente de Izquierda es la única coalición política que promueve sin fisuras, en su plataforma, en su accionar parlamentario, en su intervención en los lugares de trabajo y estudio y en las calles, la legalización del aborto, la educación sexual y la inmediata separación de las Iglesias del Estado.

Nuestra unidad es con todes les que siguen levantando en alto la pelea por el aborto legal. Y esto es lo que verdaderamente molesta a las organizaciones políticas y sindicales del kirchnerismo, que por eso destinan más energías en atacar al Frente de Izquierda que a los gobernadores como Manzur.

Nuestros compañeres Myriam Bregman, Nathalia González Seligra, Nicolás del Caño, Romina del Pla, Néstor Pitrola, entre otres, lo han demostrado cada vez: no promovemos la lucha por los derechos de las mujeres por oportunismo electoral, y estamos al frente de cada pelea que protagonizan las trabajadoras y trabajadores.

Contra la polarización que buscan instalar hacia las presidenciales de 2019, que nos propone optar entre dos opciones desfavorables para las demandas más acuciantes y sentidas que tenemos, nosotras apostamos a fortalecer esta perspectiva.

Esa es parte de la tarea estratégica que asumimos para construir una gran fuerza social que nos permita tomar en nuestras manos los destinos de la historia, para ir por la conquista de todas nuestras libertades.


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