Nov 08 2018

LA SEGURIDAD EN TIEMPOS DE AJUSTES

 

por Alejandro Mosquera   ***

Nuevamente entusiasmados por el triunfo de Bolsonaro en Brasil, vuelven a aparecer personajes, dirigentes, y expertos tratando el tema de la seguridad/inseguridad. Las violencias, robos u otros delitos televisados que impactan en la sociedad, se escuchan teorías y ofertas para solucionar la vida de la gente en cuanto al tema delictivo.

Las fuerzas policiales y de seguridad saben que cada vez que este debate se aúpa en las preferencias sociales se abre una oportunidad para que  crezca la burocracia estatal ligada a la seguridad, a sus fuerzas, que logren mayor presupuesto, y sobre todo mas poder arbitrario. En el centro de sus objetivos la regulación del territorio.

Se entusiasman quienes viven del negocio de la inseguridad.
Adoran a todos esos personajes que simplifican la prevención y persecución del delito a un problema de mas policías, mas poder de fuego, mas cámaras. También aquellos otros simplificadores que creen que dirigir la seguridad es un problema de ser “machos”, duros o posar de militar. Los que se muestran como “conocedores de la calle”. Son los que se embriagan pensando en ser candidatos enfundados en pantalones y remeras camuflados, y beneficiarios de los miedos sociales.

También se suman a este elenco los legisladores que quieren demostrar que “hacen algo” por la seguridad y presentan proyectos para endurecer una vez mas las excarcelaciones o modificar tal o cual articulo del código penal. En algunos casos ignoran la problemática, pero otros saben que solo un sistema integral de seguridad comunitaria puede ir mejorando la situación ligada a una concepción estatal de mejorar las condiciones de vida y bajar la violencia en la sociedad, pero igual ayudan a la inflación punitiva de papeles.

También es una deficiencia no ver que un Plan integral de seguridad comunitaria debe congeniar la defensa de los derechos y garantías con la eficiencia en la prevención y persecución de los delitos. Que la política no solo debe controlar a las policías sino formar las/os dirigentes políticas/os capaces de conducir el plan de seguridad democrática y comunitaria. Que la lucha contra la impunidad es una bandera y necesidad del movimiento popular y no de las derechas. Y que aún el mejor plan estratégico debe atender al día a día de la inseguridad real en nuestros barrios.

La Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich montada en los pactos con las burocracias policiales, y sus acuerdos con la DEA, se siente impune no solo para declaraciones estrafalarias sobre la libertad de tener armas para todos y todas, sino que promueve un paradigma de impunidad y arbitrariedad de los funcionarios públicos y con ello de demolición del estado de derecho. Ella, el plan del gobierno, esta justicia, es parte del problema.

Creo que gran parte de los demócratas del país subestima la batalla cultural alrededor de la seguridad que se da en esta parte del planeta. Creen ver siempre maniobras discursivas, vivezas de políticos de poca monta, para no discutir el ajuste, los problemas económicos. Por ese camino la política democrática y popular deserta de uno de los temas claves de nuestras sociedades.

En estos días, en medios de luchas, movilizaciones, angustia social, ajustes y despidos, donde la protesta crece, se vuelve a instalar convertir los cortes de ruta en delitos penales. Utilizando las molestias que pueden causar, el mal humor en muchos, de nuevo la vieja idea de transformar los problemas sociales, los conflictos que necesitan soluciones políticas, diálogo y concertación en artículos del código penal. Allí no hay ninguna solución, solo se agravarán las formas de represión, crecerán los presos políticos detenidos con la patina legal del nuevo código penal. Es el Estado pertrechándose para controlar por amenaza o la acción contra quienes protesten y no acepten mansamente el disciplinamiento de la elite.

Ya sufrimos los Patti, los Ruckauf, los Rico
. Minimizar, desertar, ignorar, son los caminos para que estos personajes oscuros vuelvan a aparecer arropados por el voto de muchos. Mostrar como agravaron los problemas, como ayudaron a promover la violencia,  como no solucionaran los problemas de inseguridad, y mostrar su ineficacia no solo personal sino de sus ideas, y sobre todo desarrollar una propuesta democrática sobre la seguridad es parte de defender y mejorar la democracia para poder transformarla.

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