Oct 13 2018

ESCENAS DE LA VIDA PATRIARCAL

 

Por Flor Monfort   ***

Hace tres meses, la actriz Valeria Bertuccelli habló en un programa de televisión sobre una larga situación de maltrato que vivió con Ricardo Darín en 2014, cuando ambos encabezaban la obra Escenas de la vida conyugal. Erica Rivas, quien protagonizó la misma obra que Bertuccelli después que ella, la respaldó contando su propia historia de violencia casi calcada.

Las dos fueron tratadas como las “mujercitas” de un sistema patriarcal que cruje y se derrumba, esas que pierden la cabeza por un galán y actúan después despechadas. ¿Qué mejor manera de dejar intacto al modelo del argentino medio, sensible y canchero –el que descuenta impuestos al comprar autos importados pero que lagrimea con los símbolos patrios–, el que de joven andaba con la diva pero después sentó cabeza? Pero Bertuccelli no tiene nada que ver con esa mujercita y por eso habla, por eso insiste.

A principios de 2015, la prensa gráfica y televisiva, los llamados programas de chimentos pero también todos sus satélites conformados por panelistas y opinadores, más la prensa del espectáculo en general, tomo a pie de puntillas el “rumor” que indicaba que Valeria Bertuccelli se había enamorado de su partenaire en Escenas de la vida conyugal, Ricardo Darín. Se dijo también, y basta usar cualquier buscador de Internet para comprobarlo, que Vicentico, pareja de Bertuccelli, se la había tenido que llevar de gira con él para que se desenamorara. Una foto de la pareja en el aeropuerto “confirmaba” el trascendido, el propio Darín se sumó al chusmerío con la chispa que lo distingue: “Yo también estoy enamorado de Valeria, de su marido y de su familia”, dijo en Perros de la calle, el programa de radio de Andy Kusnetzoff, de notable nostalgia machista.

Escenas de la vida conyugal volvió a escena con otra actriz, Erica Rivas, y el cuento volvió a escribirse, idéntico. Al tiempo ella se bajó de la obra, los rumores hablaron de que Rivas también se había enamorado de él (“porque Darín es tan enamorable” como dijo una periodista de la tele) y ahí la razón romántica y despechada de su alejamiento. Ni una ni otra dijeron una palabra al respecto, sólo esquivaron el acoso del cotilleo de panelistas de farándula. Andrea Pietra, la siguiente partenaire de Darín, parece no haber caído en la atracción fatal, al contrario, se esmera en decir lo agradable que es trabajar con el actor en la misma nota en que el productor de la obra de Ingmar Bergman vuelve a sentar la sospecha entre guiños de los amores despechados de Bertuccelli, sobre todo, aunque también de Rivas. Es lo que merece decirse de ellas, o lo que se necesita decir de ellas; el énfasis de Lino Patalano lo dice.

Desde que Valeria dejó Escenas de la vida conyugal, hubo un Ni Una Menos -y dos y tres y cuatro- y el movimiento que produjo no paró de crecer, hubo una modificación en torno a la tolerancia frente a la violencia machista y sus muchas tramas y expresiones y hubo también el debut de Bertuccelli como actriz, directora y guionista de La Reina del miedo. ¿Y qué le preguntaron cuando presentó su primera película? Si había estado enamorada de Darín.

Esa violencia se la calló, como se calló otras. Por priorizar su obra, por no pasar por lo que pasan tantas que denuncian por maltrato al hombre inesperado, ese que es respetado en su ámbito profesional, querido incluso como a los supuestos buenos padres, buenos vecinos, buenos compañeros. Quedar expuesta, no ser escuchada. O directamente tratada de loca o despechada. Vaya casualidad.

Hace tres meses, sin embargo, Valeria Bertuccelli se sintió fuerte como para decir basta. Se había logrado la media sanción para el aborto legal, la sororidad era una palabra que andaba de boca en boca, las actrices, sus colegas, se habían comprometido con esa causa y con la causa feminista en general; era un buen momento para sentirse amparada. Por eso, en aquel programa en el que Luis Novaresio la había invitado a hablar de aborto legal terminó diciendo que de Escenas de la vida conyugal se había tenido que ir por los maltratos constantes de su compañero y no por un enamoramiento indomable, versión que quedó instalada porque el patriarcado sigue sosteniendo sus guiones aunque tenga que atarse al mástil del barco que zozobra en la marea feminista. “Hablé porque empecé a sentir que me pesaba lo que había pasado, que fue tema de terapia mucho tiempo, años. Desde que terminé el teatro este es un tema que me atravesó, no hablar me pesaba más que hablar, venga lo que venga”.

–¿Y qué fue lo que vino?


–La sensación fue como una golpiza, del tipo “te vamos a dar para que te calles y no se te ocurra volver a hablar”. Estoy volviendo a hablar por eso. A pesar de que me da mucho miedo, pero si no atravieso ese miedo, me va a destruir la vida igual. Simplemente porque estoy diciendo la verdad, y sobre todo porque no se detuvo ahí, porque si se hubiera detenido solo con lo que ocurrió durante la obra, y ese rumor posterior horrible, sería una cosa, pero es el día de hoy que yo no puedo hablar de mi trabajo sin que me pregunten por esto, entonces empecé a sentir que es una manera de reducirme, y de reducir a las mujeres, tremenda. Yo presenté mi película que escribí, dirigí y actué, me fue bien afuera, fue bien de público, tuvo un premio importante y me seguían preguntando por eso, entonces si no salgo a hablar estamos todas en el horno. Y la verdad es que me golpeó mucho, pero a la vez ahora, siento que hagan lo que hagan, inventen lo que inventen, nada cambia lo que sucedió.


–¿Pero qué pasó con Darín?
Porque tal vez no esté del todo claro, o al menos se insiste en que no hubo violencia de género.

Si lo invertimos y yo soy la actriz que mientras él actúa estoy atrás de escena diciendo la re puta que lo parió y tirando cosas por el aire y después voy y le pido disculpas pero lo vuelvo a hacer una y otra vez y en el medio le digo que está loco y demás. Y después el actor se va y viene otro y le hago lo mismo. ¿Te lo imaginás? Y a los dos les inventan que se enamoraron de mí y las parejas los sacaron de una oreja para que se olvidaran. Es imposible. No resiste de ninguna manera esa chance, entonces sí, es un problema de género, a un tipo no le hubiera pasado lo que me pasó.

–Un problema de género en un ámbito laboral con un actor que encarna el perfil de un argentino aspiracional que se infla mucho por televisión: el que va al club de barrio, que fue novio de Susana…

–Trabajaba en situaciones muy tensas: con gritos, puteadas, pésimo clima de trabajo. Alguna vez escuché decir a alguien en la tele “ay, pero por unos grititos” y pensaba que naturalizar eso, ese maltrato, es un error enorme. Nadie puede hacer su trabajo entre gritos e insultos. Hicimos muchísimas funciones, pero me ha pasado de estar en una escena muy difícil de hacer, a menos que alguien crea que la actuación no es un trabajo, donde yo tenía que caer al piso partida del llanto y a la mitad de eso él estaba al costado del escenario, en bambalinas por supuesto, la única que podía escucharlo era yo, puteando a los gritos. Obviamente eso atenta contra tu trabajo, traté de hacerlo como pude porque pensé que se había caído una luz o algo y cuando terminé y le pregunté qué pasaba me dijo “es que están tosiendo, te distraen, son unos hijos de puta”. Eso pasaba continuamente: estar en escena y escuchar puteadas de él atrás.

–¿Y vos no hablabas con él?

–Yo volvía a mí casa, lo llamaba y le decía: “Ricardo yo no puedo trabajar así por favor no me lo hagas más”, y él me decía “estás loca, ¿qué te pasa? estás loca”. Al rato me mandaba un mensaje: “Perdoname, mañana hablamos”. Al otro día venía a mi casa, me pedía disculpas llorando, me decía “Yo te adoro a vos y a toda tu familia” y yo le decía “bueno, mirá, no estoy pudiendo trabajar, tiemblo mientras actúo” y él me daba la razón. Una vez llegó a decirme:
“El problema es que sos demasiado inteligente”.

–¿Cuál sería el problema de que fueras demasiado inteligente?

–No lo decodifiqué pero eso lo dijo una vez y yo me quedé pensando mucho en eso, porque no debería ser un problema. Entonces volvía el círculo de pedirme disculpas, jurarme que no iba a volver a ocurrir, y volvía a ocurrir. Pero volvía a ocurrir con diferentes situaciones conflictivas y yo decidí dejar la obra. Y desde que yo dije que me iba hasta que hice mi última función todo fue peor. Hasta que pasó esa última semana de la obra donde en una escena había un empujón y me empujó más fuerte de lo que debería haberlo hecho.


–¿Te empujó en escena?

–La verdad es que para mí esto siempre fue complicado de decir porque sucede mil veces actuando que empujes, que te empujen más fuerte, y es parte del trabajo de la actuación dejar el cuerpo más flojo para no lastimarte, es algo delicado pero la lógica indica que si yo te empujo más fuerte de lo normal cuando ya hicimos esa escena mil veces, te pido disculpas enseguida. En ese momento, había una tensión tremenda, mi cuerpo estaba lejos de estar flojo y me asustó ver que se llegara a eso. No fue el golpe en sí mismo sino llegar a eso. Cuando volví a mi casa lo llamé a mi representante y le pedí que arme una reunión y que hablen con Ricardo.

–¿Volviste a tener funciones después de eso?


–Él no me pidió disculpas por el empujón. Y yo pedí que en la próxima función hubiera alguien viendo porque si no, no me subía al escenario. Por supuesto, me llamó primero de la misma manera, diciéndome que yo estaba loca, y al otro día me llamó para pedirme de hablar antes de la función. Fui a su camarín y tuvimos una charla donde me dio una explicación y me dijo que le cambiaron la plantilla y se resbaló, por eso había caído más fuerte sobre mí. Me hubiera gustado que esa explicación fuera apenas pasó y no después de haberme dicho que estaba loca. A pesar de todo terminó el teatro y yo volví a mi vida.


DESTRATO ES MALTRATO

Desde que Valeria Bertuccelli habló en aquel programa se le pidió que diera detalles, se la tildó de exagerada y se enmarcó toda su descripción en un simple desacuerdo entre compañerxs de trabajo, aún cuando él se llevaba el 30 por ciento de la recaudación y ella el 6 ó 7 (de eso mismo se dijo también que era una locura que ella quisiera cobrar lo mismo que su partenaire estrella), pero sólo por este dato se puede deducir que Bertuccelli y Darín no eran pares. No tiene nada de malo, en principio, y es usual en cualquier relación de trabajo, pero ¿cuál es el peso de esa jerarquía en el roce diario? ¿Cómo puede una secretaria, por ejemplo, señalar a su jefe cuando él le grita o la insulta si Bertuccelli es señalada prácticamente como una histérica por haberlo hecho y siempre es la persona a quién se la interroga por lo que pasó?

También empezaron a circular versiones sobre ella misma como una maltratadota profesional de colegas, como si eso anulara su experiencia con Darín, la réplica con Erica Rivas y el pedido generalizado de que el malestar se calle y no sea enmarcado en una cuestión de género. El apercibimiento a quienes denuncian nunca tarda en llegar. Y cierta incomodidad con el límite entre el flirteo y el abuso siempre sobrevuela las opiniones sobre los casos en que una mujer denuncia acoso sexual, mucho más cuando define un maltrato como “destrato”. Esta desorientación que los varones reintepretan con más violencia o con indiferencia tuvo un correlato muy visible en la respuesta de las intelectuales francesas contra el #MeToo, cuando escribieron en un manifiesto, mujeres como Catherine Deneuve o la escritora Catherine Millet, “es la característica del puritanismo tomar prestado, en nombre de un llamado bien general, los argumentos de la protección de las mujeres y su emancipación para vincularlas a un estado de víctimas eternas, pobres pequeñas cosas bajo la influencia de demoníacos machistas, como en los tiempos de la brujería”. La incomodidad existe y los límites todavía están en la bruma. ¿Será tarea del feminismo redefinirlos? ¿Es la sororidad enceguecida la única respuesta? ¿No hay forma de que el debate incluya a los varones que ostentan estos privilegios? Porque a las actrices que apoyaron a Darín con corazones verdes tal vez les pese la duda, o la pregunta sobre situaciones propias de maltrato “laboral”. Como dijo Lino Patalano en una nota al paso “destrato será que no te den bola”, volviendo a poner sobra la espalda de Bertuccelli el peso del conflicto. Ella se habrá enamorado, ella se habrá sentido destratada por el galanazo que ni la fichó. En el caso de Ricardo Darín además, pesan muchos otros predicados: el Actorazo argentino, seductor y canchero pero también prestigioso y for export. ¿Es acaso Valeria Bertuccelli una víctima o intenta serlo? Tal vez sea más útil comprender que la naturalización de las microviolencias es nociva y contribuye a que las más extremas se perpetúen.

–¿Qué crees que le puede haber producido el cambio de actitud en relación a vos?

–Lo pensé muchas veces y no lo sé. Pero algo que pienso es que yo nunca accedí a escuchar las indicaciones y anotaciones que tomaba su amigo Pepe sobre la obra, porque siempre que hablé con Norma me dejó en claro que solo la escuchara a ella o a Dana, que era su asistente de dirección.

–¿Qué eran esas anotaciones?


–Chistes que se le ocurrían…

–Volviendo a aquella pregunta sobre el feminismo actual que te hizo Novaresio, si vos estás atemorizada, pensar en otras víctimas te hace entender que esto es disciplinamiento puro, para todas.

Hasta eso me frenaba a hablar, porque pensaba que lo mío al lado de alguien que fue abusada o que fue golpeada no es tan grave, pero después entendí que son mecanismos que tejen poder. Por eso yo creía que con una disculpa nos limpiaba a mí y a Erica (porque somos dos actrices, con el mismo actor en el mismo teatro, haciendo la misma obra y explicando las dos exactamente lo mismo), y se supone que somos dos personas que él respeta, porque si nos llamó para trabajar debe ser que nos respeta, si él hubiera pedido una disculpa real, no esa disculpa de “ella me pidió que le pida disculpas aunque no esté de acuerdo con lo que dijo, porque ella está mal y como toda mujer que está mal merece ser atendida”, que es lo que dijo. Yo a pesar del miedo estoy mejor que nunca. Estoy reconstruyéndome y esto es parte de eso, pero si estos mecanismos machistas no salen a la luz es imposible que se puedan pensar maneras de desactivarlos. El tener que dar tantas explicaciones al respecto también es sintomático, eso de que nunca alcanza lo que expliques porque yo expliqué bastante, Erica explicó bastante y sin embargo siempre está puesta la mujer en el lugar de la duda. Aunque seamos dos.

–De 2014 cuando pasó esto a este momento pasó Ni una menos y la revolución feminista. ¿Vos sentís que cambiaste en este tiempo?

–Sí, por eso me da risa cuando dicen ¿por qué no salió a hablar antes? Primero porque intenté resolverlo sola y no pude. Y vuelvo a decirles a todos los que no les quedó claro: esto no fue un problema entre dos compañeros de trabajo, porque es un hombre contra dos mujeres, porque es más grande y más poderoso. Y el poder que tiene ya lo vimos cuando yo hablé. Al día siguiente había programas que debatían con videographs que decían “Bertuccelli, la reina del maltrato”. Así que esto es lo que le pasa a una mujer que, por más que vos sepas de su carrera, que no hace prensa con escándalos, que no le interesa salir en estos programas, bueno, la que te comés es esta. No lo puedo dejar de leer como un adoctrinamiento: mirá querida, si no decís los detalles, nadie te cree.

–Es como “no uses pollera corta si no querés que te violen”

–Sí. Desde ese contenido moralizador al de “¿Qué pretendés? ¿Cobrar lo mismo que Darín?” No, no soy idiota, no pretendo cobrar lo mismo, y sé que incluso trabajando con otra mujer que tenga más trayectoria que yo o fuera conocida internacionalmente, voy a cobrar menos. Lo que estoy diciendo y aparte lo dije como una reflexión, y que pude reflexionar mucho tiempo después y que como vos decís, pasaron las cosas que pasaron en el mundo y en nuestro país a partir del 2015 con el feminismo: una diferencia tan grande, en una obra donde tenés dos papeles del mismo talle, lo que hace es sellar un poder que se derrama en todo lo demás.

–Y además se trasluce en la relación de trabajo.

–Exacto, porque lo que pasás a ser es no una compañera sino una especie de accesorio que puede sacarse o ponerse según la necesidad, de hecho eso pasó. Entonces esas diferencias son para analizar, imprimen sellos de poder sobre todo el resto. Cuando acepté el papel, no sabía cuán bien lo iba a hacer, entonces sobre la brutal diferencia salarial pensaba “bueno, arranco así y después si veo que estoy bien voy a poder pedir y llegar a algo un poco más justo”. Y después creo que me subieron uno o dos puntos, aunque la obra iba bien, tenía buenas críticas, sala llena y demás.

–¿Qué pensás del hecho de que Norma Aleandro dijera que no sabía de qué estabas hablando?

–Me sorprende mucho. No sé por qué lo dijo pero si sé que la obra sigue hasta el día de hoy: son un equipo de trabajo. Me da risa cuando los periodistas dicen “fuimos a hablar con tal” y con los que van a hablar son ellos. Si siguen todos trabajando juntos. Incluso hay gente que vio todo que no diría nada a favor mío porque trabaja ahí hace 50 años y andá a pedirle a alguien hoy, como está este país, que ponga en riesgo su trabajo para defenderte. Me dolió mucho sentir que todo fue reducido a un chisme de programas del corazón. Yo no dejo que nadie me maltrate, no hago nada con lo que no esté artísticamente de acuerdo y me bajé de un éxito y sobre eso nadie, absolutamente nadie, dice nada y reducen todo a una disputa entre machos. Imaginate si hoy pasa todo esto, ¿Qué hubiera pasado cuatro años atrás?

–¿Puede ser que Darín se haya sentido amenazado por el lugar que vos estabas tomando en la obra, la trascendencia, el prestigio, o esa posibilidad de que lo opacaras?

–No sé qué se le puso en juego pero sí había muchas discusiones. Cuando lo escucho decir que el problema es que es un obsesivo del trabajo, y… la verdad que no. Yo soy una obsesiva del trabajo, llego dos horas antes, sigo pasando la letra, y del otro lado no pasaba lo mismo, más bien creo todo lo contrario, y en el caso de Erica pasaba lo mismo: hacernos gestos de “me estoy durmiendo” o “vamos, apurate” en el escenario no es propio de un obsesivo. Si vos estás actuando y el otro está de espaldas al público y te señala el reloj y te hace un bostezo, claramente eso te va a afectar.

–¿Qué pasa con las compañeras actrices que no te apoyaron a vos sino a él, incluso con el corazón verde del aborto legal en un momento en que las actrices estaban muy visibles en sus expresiones mediáticas? ¿Cómo te sentiste con eso?

–Me dolió. Porque aparte ninguna estuvo ahí. Pero más allá de eso no quiero de ninguna manera verlas como enemigas. Entiendo que es como funciona el patriarcado: romper lazos de solidaridad entre las mujeres. Cuando yo hablé creo que Ricardo tuvo un primer impulso de salir a pedir disculpas de verdad y después le ganó el ego y no pudo, y no solo eso sino que cuando vio que yo me quedé callada se envalentonó. Y yo me esforcé mucho por llamarme a silencio, para poder escucharlo y reflexionar, entender y pensar. Y además estábamos a días del 8A, o sea que si salía a contestar yo hubiera sido doblemente oportunista. El salió a contestar y no solo no fue oportunista, sino que hizo toda la prensa de su película con esto cuando podría haber dicho “voy a esperar que pase mi película y el 8A y recién ahí voy a salir a contestar”. Pero a él nadie lo tildó de oportunista.

–También se volvió defensor del aborto legal. Incluso se reunió con Michetti.

–Sí, me enteré. Y yo me obligué mucho a no decir nada. No podía creer cuando decían “ay, no sale a contestar”. Me están dando con todo y por todos lados y quieren que salga a contestar, ¿cómo se hace eso? Y me obligué también a no opinar de las compañeras por más que me da mucha tristeza. Yo sé por qué hablé y sé de todas las que me apoyaron a mí y la apoyaron a Erica, que creo que me ayuda a poder a hablar hoy, sentir ese apoyo y esa hermandad que no había sentido nunca. Me di cuenta que el “ahora que estamos juntas” es verdad, por más que todavía haya destellos de mucho machismo.

–Pensás que se podrían haber quedado callados y dejar que se desarrrollen las cosas con calma…

–Sí, porque si sos inteligente te podés dar cuenta que alguien puede ser muy macanudo pero no por eso estar exento de otro tipo de comportamientos como el que yo describo, que no es acoso sexual, no es violencia física directa, pero fue maltrato igual. De hecho cuando yo dije la palabra destrato la dije tratando de ser suave aun cuando yo pensaba que lo que yo viví fue maltrato. Y él se agarró de esa palabra con manos y uñas, como diciendo “quizás no la mimé demasiado”. Dije “desacuerdos artísticos” cuando fue mucho más violento. Traté de dejar la puerta abierta porque pensé y sigo pensando que él tiene un poder muy importante en sus manos porque si bien me pueden decir “te puede hacer esto o lo otro por hablar” esas serían las maneras más fáciles de resolver esto, pero si reflexiona sinceramente, y escucha con atención que dos mujeres están diciendo lo mismo sobre él, quizás se da cuenta que esos modos que tuvo son arcaicos y ya no resisten más. Si él pudiera reflexionar va a ser tan escuchado que tal vez nos haría avanzar diez casilleros a todos y a todas.

–También hay mucho miedo de hablar de los ídolos, y ese también es un desafío, porque cada vez va a ser más común. Van a tener que tener cuidado con el te puedo boludear, puedo decir cualquier cosa sobre vos y si salís a decirlo puedo decir que estás loca.

–En un programa llegaron a decir “con Darín, no” y yo pensaba ¿por qué? Es aceptar que hay vacas sagradas y también dar por sentado que con Darín no pero con nosotras sí. Yo soy una mujer grande, tengo 48 años, no tengo ganas de que nadie me boludee, punto. La sensación es que me cueste lo que me cueste y se entienda esto en 4 o 10 años, no se puede dejar pasar. Parece que la que se arma es que pase lo que pase, vos sos culpable. Eso se tiene que terminar. Cuando hablé yo estaba partida pero fue tal la ola de mujeres que me vinieron a hablar, a contener, gente que no conocía que apareció y me dijo yo te creo. Siento que me queda gigante la palabra feminista pero voy entrando y fue lo que me sostuvo, desde directoras, actrices, periodistas, mujeres en la panadería. No me pasó que una sola persona en la calle me dijera “no me gustó lo que dijiste”. Yo ya me siento rodeada por el escudo feminista.

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