Oct 02 2018

EL PARANÁ COMO LÍMITE DE MISIONES

 

Por  Oscar Daniel Cantero   ***

Aunque la idea de que el río Paraná separa a Misiones del Paraguay se halla fuertemente arraigada en la actualidad, en realidad dicho curso de agua no adquirió tal condición hasta el siglo XIX. Recién en 1815 surgió la idea, en diferentes ámbitos, de que el río ejerciera esa función de límite interjurisdiccional, entre provincias primero y entre estados nacionales después.

En la etapa jesuítica el río que separaba a Misiones del Paraguay era el Tebicuari. Aunque cabe aclarar que la cuestión es bastante compleja, ya que pese a su alto grado de autonomía, Misiones seguía dependiendo en el complejo esquema organizativo colonial tanto de Asunción como de Buenos Aires. Por entonces el Paraná, lejos de ser una línea de separación, cumplía la función de nexo comunicante y eje integrador entre los pueblos enclavados a una distancia relativamente corta de sus orillas: Corpus, San Ignacio, Loreto, Trinidad, Jesús, Santa Ana, Candelaria, e Itapúa (hoy Encarnación). Siguió cumpliendo esa función incluso después de la expulsión, cuando estos pueblos pasaron a formar el Departamento Candelaria, uno de los cinco en que quedó dividida la Gobernación de Misiones.

Al producirse la derrota militar de  Belgrano en su campaña al Paraguay en 1811, la dependencia política cambió: el departamento Candelaria quedó bajo la “custodia” del Paraguay. Tampoco entonces el límite se fijó en el Paraná, sino que pasó a ser la divisoria de aguas entre este río y el Uruguay, es decir, lo que hoy denominamos Sierra Central de Misiones. Esa era, de hecho, la antigua separación entre los Obispados de Buenos Aires y el Paraguay. La ocupación paraguaya se extendería hasta el año 1815, cuando el flamante Comandante General de Misiones, Andrés Artigas inició la campaña de recuperación que culminaría con la batalla de Candelaria (12 de septiembre de 1815).

Pese al éxito militar obtenido, resulta llamativo que Andresito no haya intentado recuperar los pueblos ubicados al otro lado de río. Esto tenía menos que ver con sus intenciones personales que con las claras órdenes recibidas por parte de José Artigas: se debía respetar la línea del Paraná. En numerosas cartas de la época, el Protector repetía lo mismo: si los paraguayos querían conservar la paz, debían mantenerse dentro de los límites de su provincia, que según el Protector se ubicaban al otro lado del Paraná. Aunque en todo momento hacía referencia a los paraguayos, implícitamente también estaba comunicándole a Andresito que no debía pasar ese límite.

Artigas era plenamente consciente de la división administrativa de Misiones y que el límite histórico era el Tebicuarí. Cabe entonces preguntarse por qué insistía en que se mantuviera la línea del Paraná. Esto respondía a cuestiones coyunturales concretas de tipo militar: como la derrota de Belgrano bien lo había demostrado, era sumamente difícil llevar a cabo con éxito una ofensiva exitosa al otro lado del río. En cambio, era bastante fácil sostener una táctica defensiva, como lo demostraron las numerosas escaramuzas a través de las cuales pequeñas partidas guaraníes lograron impedir el avance de las fuerzas paraguayas. Por otro lado, Artigas llevaba adelante respecto a Asunción una política de agresión contenida, porque no descartaba la posibilidad de que el Paraguay se integrara a la Liga de los Pueblos Libres en un futuro cercano.

Igualmente, la delimitación construida en los días de Andresito lejos estuvo de ser definitiva. Poco después de su apresamiento en 1819, se sucedieron diversas incursiones paraguayas que terminaron con una ocupación efectiva a partir de 1823. Para controlar la región y proteger la ruta comercial establecida en el eje que unía Asunción, Encarnación, San Borja y Porto Alere, el Supremo Dictador del Paraguay, Gaspar Rodríguez de Francia, ordenó la construcción del fuerte de Rinconada de San José. Ese fue el origen del asentamiento que luego se convertiría en Posadas. Recién al final de la cruenta Guerra del Paraguay se estableció de manera definitiva el límite que había propuesto Artigas en 1815: el Paraná. Pese a ello hoy como ayer, el río sigue separando a los países pero al mismo tiempo une a los pueblos, ya que el rico intercambio de personas, culturas, productos e ideas por suerte nunca se interrumpió.

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