Jul 31 2018

GUARANÍES EN LOS CAMPOS ORIENTALES

Por Oscar Daniel Cantero   ***

En la nota de esta semana, Cantero explica el particular fenómeno de las migraciones de guaraníes hacia diversas regiones del litoral luego de la expulsión de los jesuitas, en especial a la Banda Oriental.

Andresito
Andrés Guacurarí, siendo muy joven (con trece o catorce años, según las memorias de Pampín) abandonó su pueblo natal y se dirigió hacia los campos orientales. Allí se puso al servicio de José Artigas, de quien luego tomó el apellido. En la zona fue changador, luego se incorporó al cuerpo de Blandengues y finalmente se plegó a la revolución, llegando a convertirse en Comandante General de Misiones. Su trayectoria muestra claramente las posibilidades que se abrían a un indígena en el cambiante contexto de principios del siglo XIX, cuando nuevas posibilidades de ascenso social se abrieron para los sectores populares en general. Posibilidades que antes no existían, y que en el futuro tampoco serían posibles, al perder progresivamente los estados emergentes de la región el espíritu igualitario que fomentó la revolución en sus orígenes. Aunque es el más conocido, el caso de Andresito no es el único. Pantaleón Sotelo, su sucesor en el gobierno de Misiones en 1819, tuvo una trayectoria similar, al igual que muchos otros misioneros.

Las antiguas Misiones, tras la expulsión de los jesuitas en 1768, vivieron un marcado descenso demográfico. Más allá de la elevación de la tasa de mortalidad como consecuencia de la mala administración, las epidemias, la desnutrición y la caída general de la calidad de vida, esta disminución lenta pero inexorable de la población respondía fundamentalmente a un saldo migratorio negativo: es decir, la gente se iba. Los guaraníes no retornaron a la selva, como se afirmó tradicionalmente. Se trasladaban, individualmente o en pequeños grupos, hacia las regiones circunvecinas (Corrientes, Río Grande do Sul, Montevideo) que vivían un fuerte avance de su frontera ganadera y, por lo tanto, requerían mano de obra.

El caso de los campos del norte de la Banda Oriental es particularmente significativo porque allí surgió un tipo de sociedad bastante diferente a la del resto del Virreinato del Río de la Plata. Se tratada de una zona de frontera, entendida ésta no como límite sino como espacio de interacción, en el que se daban intercambios de todo tipo entre los territorios portugueses y españoles por un lado, pero también entre la sociedad criolla y los pueblos indígenas. Entre los pueblos originarios, a su vez, hay que hacer una distinción entra las comunidades semi-nómades no reducidas (charrúas, minuanues, guenoas) y los guaraníes, que habían pasado por la experiencia misional jesuítica. De hecho, las relaciones entre guaraníes y charrúas solían ser conflictivas. En esa sociedad se daban mestizajes de todo tipo y las relaciones sociales eran menos rígidas que en otras regiones. Precisamente en ese territorio intermedio entre Montevideo, Río Grande do Sul y Misiones fue adquiriendo una importancia cada vez mayor la figura de José Artigas.

Algunos guaraníes que se trasladaron con sus familias se convirtieron en ocupantes de tierras y sostuvieron una economía de autosubsistencia, de tipo campesino. Otros, los que emigraron solos, se conchabaron en las haciendas que comenzaron a surgir, y en ocasiones se convirtieron en arrieros que llevaban ganado a las posesiones portuguesas de Río Grande do Sul. Después de la ocupación portuguesa de las Misiones Orientales en 1801, desde allí se organizaron partidas de saqueo organizadas por criollos y portugueses, pero integradas mayoritariamente por guaraníes que atacaban las haciendas orientales. Quienes eran apresados, terminaban muchas veces integrados compulsivamente a las fuerzas de blandengues. Los niños apresados, a su vez, eran repartidos como criados entre hacendados y militares. Es decir que los guaraníes protagonizaron diferentes formas de incorporación a la sociedad rural oriental, ya sea de manera voluntaria o compulsiva.

Como estrategia de inserción social, estos guaraníes poco a poco fueron asimilando pautas culturales nuevas: abandonaron sus apellidos indígenas, comenzaron a utilizar el español para comunicarse y se acomodaron a las formas de manejo del poder propias de las estancias criollas. En esa sociedad de frontera, esencialmente mestiza y más igualitaria que en el resto del río de la Plata, se originó un tipo de revolución sumamente particular, totalmente diferente al surgido en Buenos Aires: una revolución de carácter social y rural de la que José Artigas era el claro conductor.

Por Mgter. Oscar Daniel Cantero, especial para MTH

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