May 06 2018

LA BATALLA MAURICULTURAL


Por Luis Bruschtein

Tasa de referencia: 40 por ciento; el dólar a más de 22 pesos; devaluación: casi nueve por ciento en tres días; inflación: casi 3 por ciento en este mes, tarifas por las nubes, allanamiento en el domicilio de Víctor Hugo Morales. “¿Qué quiere, que se los descuelgue yo?” le dice el periodista al grupo patota que invadió su hogar para incautarle sus cuadros. Nada es casual, la crisis, los tarifazos, la inflación, la corrida del dólar, el allanamiento.

El periodista volvió a la pantalla de C5N, la represalia fue instantánea. Allanamiento y humillación mediática. Este gobierno se toma con soda, demuestra que para una parte de la sociedad no existen garantías democráticas de igualdad ante la ley o de libertad de expresión, es la misma parte que no entiende a la sociedad como colectivo que comparte un destino. La ideología del sálvese quien pueda o del “no me importa mientras a mí no me toque” se filtró por la grieta moral que ha producido este gobierno de empresarios que han hecho negocios muy productivos para sus empresas con el Estado, mientras llevaron a la economía del país al borde del precipicio.

​La devaluación y la inflación hacen polvo los ahorros de los ciudadanos de a pie, mientras que los responsables de la inflación y la devaluación mantienen sus millones de dólares en el exterior. La ideología del “no me importa mientras a mí no me toque”, como siempre, viene con una enorme carga de estupidez.

Ninguna de las marcas pavorosas que registró la economía en estos días fueron siquiera rozadas durante los doce años de gobierno kirchnerista. No hay herencia pesada. Esos números no se hubieran podido aguantar durante doce años y le hubieran estallado en la cara al kirchnerismo antes de cambiar el gobierno. Por el contrario, el desastre que muestran los índices económicos son la consecuencia exclusiva de las políticas de Cambiemos y de su malísima gestión.

Tampoco le pueden echar la culpa a “una guerra económica internacional”, como mintió en forma descarada Elisa Carrió en defensa de las medidas económicas del gobierno del que forma parte. La crisis global comenzó en 2008 y todavía no terminó. El kirchnerismo gobernó siete años con una crisis internacional, siete años durante los cuales era muy difícil tomar deuda, extremadamente complicado exportar y, a su vez, las economías centrales querían vender con precios de dumping. Durante todos esos años hubo altibajos, pero se logró atenuar el impacto de esa crisis.

Y la guerra de la que habla Carrió, tampoco es nueva. Desde que asumió Donald Trump, el Departamento del Tesoro cambió su política de bajar las tasas y comenzó a subirlas. El aumento de las tasas de interés en Estados Unidos tiende a secar al resto de las plazas y este gobierno no tomó ninguna medida para prevenir ese fenómeno que lo amenazaba. Fue peor aún, porque no solamente no se defendió, sino que con las tasas planetarias de las Lebac hizo más vulnerable a la economía ante una posible salida de los capitales especulativos. Es una verdadera inmoralidad que se destruyan los ahorros de las personas y que los responsables de esa salvajada tengan sus millones en el exterior. El ministro de Economía Nicolás Dujovne no tiene autoridad moral para tranquilizar a nadie, simplemente porque a él no le preocupa ni le afecta. Protagonistas de la conferencia de prensa para calmar al dólar: el ministro que tiene sus millones afuera y el otro, Luis Caputo, que negocia deuda con fondos buitre de los que formó parte y les pagó más de lo que pedían.

El neoliberalismo de Cambiemos implica políticas que llevan a la concentración y profundizan la desigualdad. Pero además, estas políticas que aspiran a hacer crecer la economía sobre la base de la injusticia y la sobreexplotación fueron mal administradas. Y la economía se fue a pique. Bajó el consumo, bajó la producción industrial y creció el desempleo, la inflación se duplicó y el peso se devaluó a ritmo acelerado. El “mejor equipo de los últimos 50 años” cada vez se parece más a “la mejor policía del mundo”, que terminó como “la maldita policía”. Mauricio Macri y su  “maldito equipo” llevaron al país a un callejón sin salida. En realidad hay salida, pero cualquiera que elijan ellos tiene costos altos para la gente. Sin certeza de que funcione eligieron aumentar las tasas y achicar el plan de obras. Esa es también una receta para anular la inversión y frenar aún más la economía.

El camino que eligieron es funesto. Y si pueden salir de la corrida y de la espiral inflacionaria, el horizonte que diseñó Cambiemos para los argentinos se presenta oscuro.

En medio de ese estropicio se produjo el allanamiento de uno de los periodistas más populares críticos del gobierno. Nadie se preocupa por explicarlo. Los funcionarios del macrismo se regodean con la persecución a periodistas o medios que critican al gobierno. La mascarada, la gran hipocresía es decir que se trata de la Justicia o de diferencias entre particulares y que el gobierno no tiene nada que ver. Nadie cree en esa mentira, ni siquiera los que la festejan. La persecución a los medios críticos se ha naturalizado con excusas superficiales que dejan entrever con desvergüenza la mano oficial como testimonio de poder.

Todo el mundo con cara de acidez. Ni una sonrisa en la foto de la reunión de gabinete para evaluar las salidas de esta encerrona, donde Macri les pidió “dar la batalla cultural”. Para el ingeniero el dólar está en el centro de esa batalla. Para él no existe otra cultura si se toman en cuenta las casi 50 offshore de su familia. Con esa frase arenga a sus ministros –que la tienen toda afuera– a que salgan a convencer a la gente para que no compre dólares y los saquen afuera, que en la mayoría de estos casos, ni siquiera sería a una offshore, sino al colchón.

La hipocresía es la ideología de fondo que desparrama en la sociedad esta incursión en la economía por parte de un gobierno de empresarios con su furgón de cola de políticos radicales. Los buenos negocios de las empresas a las que pertenecen los funcionarios contrastan con los resultados negativos en la economía general. La mayoría del gabinete tiene sus fortunas en el exterior en dólares o euros pero le piden a los argentinos que mantengan sus ahorros aquí y en pesos. Y opina Domingo Cavallo, el mismo que con el uno a uno llevó al espanto del 2001 que terminó con 33 muertos en las calles de Buenos Aires. “No hay nada más preocupante/que un idiota peligroso/ Su arma más peligrosa/ es desinformar a la gente/ son idiotas peligrosos/ con cara de presidentes” dice una canción de Calle 13 y agrega: “Un idiota es aquel/ que no aprende/ del pasado”.  Son diferentes formas de encarar el mismo tema. Las dos puntas de la misma canción: el que las hace y el que las sufre. Hay una parte de la sociedad que votó a este gobierno sabiendo leer entre los pliegues de ese discurso ambivalente que después no se cumplió. En estos días se terminó de darle muerte definitiva al programa Conectar Igualdad que repartía computadoras a los estudiantes. No habrá más computadoras, a pesar de que mantener este programa fue una de sus promesas.

Muchos sabían que si decían lo que realmente pensaban no los iban a votar. Otros fueron engañados por ese discurso. Ya no quedan dudas de ese engaño. Al salir de la reunión de gabinete que provocaron las protestas por los tarifazos, Juan José Aranguren dijo que las tarifas aumentaban  “para combatir la pobreza”. Solamente un idiota puede compaginar las dos ideas y otro idiota puede creerlas. Si no actúan frente a la evidencia de que fueron engañados, de aquí en adelante quedan todos comprendidos en la canción de Calle 13.

El ex diputado radical Luis Brandoni se incorporó al coro de oficialistas que aconseja resignación a los argentinos y acostumbrarse a comer “con tres empanadas”, porque “lo que importa es que hemos recuperado la república”. Una república que persigue a las voces disidentes, como Víctor Hugo Morales, y ahoga con la pauta pública a Páginai12, una república donde el Poder Ejecutivo controla al Judicial, inventa tribunales y designa jueces a dedo, una república que toma deuda que se deberá pagar durante tres generaciones, una república que persigue y difama a los disidentes. Con este gobierno de cuadros neoliberales sin aperturas ni miradas originales no hay salida de la crisis económica. Se sale de una para caer en otra. El cambio en la economía solamente puede provenir de un cambio en la política. Y mientras la política no produzca una alternativa creíble a este gobierno, la bronca por la inflación y los tarifazos puede derivar hacia el temor por la sobrevivencia individual y de esa forma la crisis se convierte en un latigazo del amo disciplinador, como plantean los consejeros de la resignación mientras ellos se enriquecen.

 

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