Abr 11 2018

EXCURSIÓN A CATARATAS EN 1908

 

Por Misiones Tiene Historia

Gracias a una lectora de la provincia de Santa Fe, hemos recibido parte del diario de viaje de una expedición fluvial realizada por un grupo de aventureros, en 1908, quienes visitaron las cataratas del Iguazú.

El grupo se autodenominó el “Club de los Argonautas” y estaba compuesto por Mariano Maciel, abuelo de nuestra lectora, los doctores Manuel Menchaca y Manuel Cervera y Alejandro Lamothe, Cándido López, Aurelio Alsina, Carlos Sarsotti, Vitaliano Vives, Tomás Vivas, Umberto Occhi y el fotógrafo Augusto Lutsch hijo. A bordo del vapor Ceres, los Argonautas partió del puerto de Colastiné, en la ciudad de Santa Fe, el 11 de abril a las 11:15.

El diario de viaje describe con bastante detallismo cada característica del camino y la navegación por el río Paraná. El viernes 17 de abril el grupo arribó a Posadas, la que es descripta de la siguiente forma:

“Posadas, sobre un hermoso barranco con arboledas: al pie, puerto, con 8 vapores y 5 buques; no tiene muelle aún, no pudiendo atracar, por lo bajo de la costa; escapadas calles, y de salud penosa, a cuyos lados se levantan casas y barrancas de madera donde viven los trabajadores correntinos y paraguayos. Arriba, calles anchas, adornadas con árboles a los costados, luz eléctrica, club, buenos hoteles, hermosa casa de gobierno y particular del gobernador, con salones espaciosos y unos patios extensos que son unos verdaderos jardines y donde las plantas y árboles crecen enormemente”.

Una de las cosas que llamó la atención de los visitantes, es la “tierra rojiza que mancha”. Además, describen que el pueblo “tiene iglesia en construían, muchos buenos edificios, casas comerciales fuertes y de gran capital, como la del señor Barthe, que abarca todo el comercio de este y país vecino; la de Núñez Gibaja, etc”. También destacan las “tres plazas, la de 25 de mayo, en formación, la de 9 de julio y San Martín terminadas, preciosas, son jardines boscoso”, afirman como extasiados.

Al pisar tierra, enumeran al ingeniero Isanribehere que “nos atendió con toda complacencia”, al señor Barthe, que “nos dio recomendaciones para todos sus obrajes, a fin de que igualmente, nos proporcionaran medios y provisiones, difíciles de hallar al norte; y el señor Jordán Hundlt, que adelantó iguales órdenes al Puerto Militar brasileño y al Puerto Allain”.

Por último tuvieron el privilegio de ser recibidos por el gobernador Manuel Bermúdez, quien les suministró “datos precisos, sobre el viaje, modo de viajar al Iguazú, sobre las cataratas que ha visitado dos veces y otras referencias que nos fueron muy útiles. Es una persona ilustrada, atrayente, expansiva, que con toda sencillez nos recibió y atendió, de modo que, obliga nuestra gratitud”.

Iguazú y Cataratas

Luego de continuar la navegación Paraná arriba, el grupo llegó a “La entrada del Iguazú”, a la que describieron como “angosta, con agua limpia, color bronceado claro. El río se bifurca hacia adelante, entre elevadas barrancas abiertas de trecho en trecho”. Allí desembarcaron en Puerto Aguirre, en donde fueron recibidos por Paiva, comisario ad-honorem del puerto. Al día siguiente, iniciaron la marcha rumbo a las cataratas.

“Se entra en una picada, la avenida Lanusse, de ocho metros de ancho lo más, algo limpia cinco kilómetros y que luego se estrecha hasta menos de 2 metros y perdura así a lo largo de 13 km, hasta la casa hotel”
, a donde llegaron cinco horas después.

Una vez en el área cataratas, la describen de esta forma: “En un gran declive del terreno, entre las dos barrancas brasileña y argentina, allá en el fondo, a 30 metros aproximadamente, un gran lecho de piedras, árboles y una corrientes de agua, el Iguazú, que recoge las caídas de todas las cataratas. A lo lejos y entre bloque de piedras, se halla oculto el Salto Grande, del que apenas divisamos la neblina de agua que se eleva a los cielos. (…) El simpático gobernador de Misiones, señor Bermúdez, nos había dicho que todos los turistas que visitan las Cataratas han regresado sin poder ver ese rincón desconocido; era necesario ir allá y nos pusimos en traje de carácter: paños menores, alpargatas y un largo bastón, con el objetivo de llegar hasta la Garganta del Diablo.

El principal salto de las cataratas, fue descripto así: “La masa líquida que se despeña entremezclándose y golpeando las rocas negruzcas que le interceptan el paso, para caer al fondo bramando y en continua ebullición, sobre piedras ahuecadas y dispersas desde la altura de más de 100 metros; una lluvia persistente y abundante, desprendida de la nube de vapor que el derrumbe y azotamiento de las aguas, eleva a los cielos en forma de un árbol gigantesco y a una altura incalculable, nos envuelve por todas partes; un sosiego majestuoso y solemne, fuera de este dantesco caos; nuestra pequeñez en presencia de tan bárbara grandeza; y una opresión, mezclada de admiración y entusiasmo, así como la satisfacción, según nos han manifestado más tarde, de haber sido los únicos alegres que llegaron tan cerca de la fascinación del delirio y de la muerte, que nos atraía, son y serán, las grandes impresiones, las imágenes perennes que conservaremos de esta visita al gran Salto”.

San Ignacio

A la vuelta pararon en San Ignacio, en donde los esperaba el señor Allain, empresario yerbatero. “Al final del pueblo, comentan, muros de piedra apilados aquí y allá y casi en seguida, los restos de la iglesia, de la que solo queda parte de las paredes laterales del fondo y agrietado su hermoso frente. Por el suelo, piedras sueltas, desprendidos de las construcción, restos de ochavas, pedestales, piedras esculpidas.

Las dos partes laterales del frente resquebrajadas; las puertas de entrada a la iglesia, anchas, como de 4 metros, con pilares de piedra, adornados.

Arriba, la figura de un ángel, tallado de piedra, al costado derecho de la puerta de entrada, una gran piedra incrustada en el muro, de 2 metros por 1,80, con el siguiente diseño: arriba una corona real, bajo de ésta y entre dos hojas de palmas, las letras M. A. entrelazadas y bajo de ellas un corazón atravesado por dos espadas. En el lado izquierdo formando bis, había una piedra igual que fue sacada por el doctor Pellegrini y al desembarcarla en Corrientes, rompióse.

El grupo regresó a Santa Fe el 20 de mayo.


Información e imágenes:
gentileza de Mercedes Maciel, nieta de Mariano Maciel, uno de los Argonautas que recorrió Misiones en 1908.

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