Abr 05 2018

J​ULIO MORRESI, PADRE DE LA PLAZA DE MAYO: “NORBERTO SE ENTREGÓ CON ALMA Y VIDA A LA MILITANCIA”​

 


​Por ​Leonardo Marcote​


Padres de la plaza, el pueblo los abraza

​– Una tarde de julio de 2013 mientras caminaba por el barrio de Boedo vi en la cartelera de un local de la agrupación La Cámpora, el anunció de la proyección del documental “Padres de la Plaza 10 recorridos posibles”, del director Joaquín Daglio. Mucho tiempo me pregunté qué fue de la vida de aquellos hombres que perdieron a sus hijos y a sus hijas durante el gobierno militar de 1976-1983. Cómo siguieron sus vidas, qué pensaban. Qué hacían cuando sus esposas salían a la calle, a la plaza. Por qué durante mucho tiempo se hablo sólo de las madres de los detenidos-desaparecidos y no de los padres.

Dentro del local estaba como invitado especial Julio Morresi, uno de los protagonistas de los diez recorridos.

Morresi falleció el 1° de marzo del 2015 de un ataque cardiaco, tenía 85 años. Era padre de Norberto, militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), desaparecido el 23 de abril de 1976, y de Claudio, ex jugador de futbol del club Atlético Huracán y luego campeón con River en 1986.

Morresi fue uno de los Padres de Plaza de Mayo que acompañó, en tiempos de dictadura, a su mujer y a las demás madres cuando caminaban alrededor de la pirámide de mayo. Fue miembro de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, fue militante peronista y acérrimo hincha de Huracán. En 2010 el gobierno argentino les entregó a los Padres de Plaza de Mayo el premio Azucena Villaflor a la trayectoria en Derechos Humanos. Esos reconocimientos hacen bien al alma, recordó Morresi aquella tarde fría mientras alguien le acercaba una taza de café.

Te fortalecen. Es difícil cargar con la angustia de un hijo desaparecido, muerto. Lo saludaste como siempre una mañana que salió a hacer sus cosas y nunca más volvió.

Seis tiros en el cráneo
El 23 de abril de 1976 Norberto Morresi, 17 años, y su compañero Luis María Roberto, 34, se dirigieron en una camioneta que manejaba Luis a los barrios de Liniers y Flores, en Capital Federal, con el objetivó de entregar ejemplares de la revista Evita Montonera, órgano oficial de la agrupación político-militar Montoneros. Era un material que circulaba de manera clandestina entre los militantes de la izquierda peronista. Para esa fecha, se había publicado la edición número 13 bajo el titulo “Resistencia obrera, resistencia montonera”.

Al llegar al cruce de las avenidas Moreno y Directorio, un operativo militar detuvo la camioneta en la que circulaban y les pidieron que se identificaran. Una vecina de Luis, que había quedado en medio del operativo mientras viajaba en colectivo, fue testigo de lo que sucedió. Morresi y Roberto fueron obligados a salir de la camioneta, los palparon de armas, mientras los apuntaban con los FAL. Los militares revisaron la camioneta y encontraron las Evita Montonera. El colectivo donde viajaba la vecina, luego de ser revisado, pasajero por pasajero, retomó su recorrido habitual. Morresi y Roberto fueron detenidos y fusilados horas más tarde.

Gracias a ese testimonio pudimos reconstruir lo que había sucedido con Norberto. El momento de su desaparición y la de su compañero fue ese. Esa persona los vio por última vez.

Julio tuvo que esperar trece años para tener noticias de su hijo.“Un día recibo el llamado de Antropólogos Forenses y me informan que habían localizado a Norberto. Y claro, uno lo esperaba con vida, con vida los llevaron con vida los queremos, era la consigna. Nunca pensamos que podían asesinarlo por una militancia política, nunca se nos pasó por la mente esa barbaridad. Antropólogos hizo los trámites correspondientes y lograron que pueda ser exhumado el cuerpo. El día de la exhumación estuvimos presentes junto con mi esposa y con Claudio, el hermano menor de Norberto. Cuando los antropólogos empiezan a excavar, los primeros dos metros lo hacen trabajar al sepulturero con la pala, luego continúan ellos con cucharines, excavando de a poco, muy despacio hasta llegar a donde están los restos. Yo lo primero que veo es un cerebro con agujeros en la cabeza, tardé unos minutos en asociar que ese podía ser el cerebro de Norberto, todo agujereado por los balazos que le habían pegado. Seis tiros en total le pegaron. Luego, con unos pinceles van limpiando los huesitos y los van acomodando uno al lado del otro. Algo terrible me dieron ganas de tirarme y abrazarme con el cuerpo”.
“Una vez que ellos terminaron el trabajo nos entregaron una cajita con los restos de mi hijo. Un chico de 17 años, con alegría de vivir, joven, contento con su militancia. Y desde ese entonces para mi esposa y para mí, no te digo que fue una tranquilidad, pero fue cerrar una etapa porque, por lo menos, sabemos qué ocurrió con él. Porque de lo contrario va transcurriendo el tiempo y te pones a pensar, ¿qué hicieron con él, de qué forma lo mataron, lo arrojaron al río, lo prendieron fuego?”.

Gracias a la investigación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) se pudo saber que tanto Norberto Morresi como Luis María Roberto fueron asesinados el mismo día que los detuvieron, el 23 de abril de 1976, y que sus cadáveres fueron enterrados como NN en el cementerio de General Villegas, provincia de Buenos Aires. La familia Morresi recuperó los restos de Norberto en mayo del año 1989. Mientras que la familia de Roberto un año antes, en 1988. “Le decían ‘el rata’, ese era su sobrenombre. Sus compañeros me dijeron que militar con Norberto era un verdadero gusto, porque tenía mucha garra y decisión, siendo un chico tan joven. ‘Teníamos un referente de fierro’, me decían. Entonces, todas esas palabras a uno lo hacen sentir orgulloso, a pesar del dolor que teníamos de no tenerlo más al lado nuestro”.

Los padres

“Yo acompañaba a mi esposa todos los jueves a las rondas de las madres. Imagínate, Norberto desaparece el 23 de abril del ’76, digamos que fue de los primeros desaparecidos y mi esposa fue una de las primeras en ir a la plaza con las madres. Por suerte yo podía acompañarla, aunque debía seguir trabajando para mantener a mi esposa y a mi otro hijo. Pero en ese sentido, tuve suerte porque trabajaba en un pequeño taller de calzado que teníamos con mi familia y ellos me dijeron, ‘no te preocupes, vos encárgate de buscar a Norberto’. Entonces tenía esa tranquilidad. Pero muchos padres no pudieron acompañar a sus compañeras porque debían seguir trabajando”.

“Yo marchaba al lado de mi esposa con una pancarta con la cara de nuestro hijo. Había más padres, no era el único. Pero la gran mayoría eran mujeres. Un jueves, mientras estábamos haciendo la ronda, se acercan cuatro jóvenes, tenían porte de milicos, y les empiezan a gritar: ‘locas de mierda, porque no se van a sus casas’. Y, obviamente, los padres que las habíamos acompañado quisimos agarrarlos del cuello. Las madres en seguida nos pidieron que nos tranquilizáramos. Y una vez que terminó la ronda nos dicen que, a partir de ese momento, iba a ser mejor que no demos las vueltas con ellas. Que las acompañemos pero que nos quedemos más alejados. Y así lo hicimos. El siguiente jueves éramos 15 o 20 padres en un café muy cerca de Plaza de Mayo, sin dejar de perder de vista a las madres. Un tarde alguien dijo, podríamos conformar la agrupación Padres de Plaza de Mayo, nos miramos entre todos, era una buena idea. Quedamos en ajustar detalles en el próximo encuentro. A la semana siguiente volvimos a vernos todos y empezamos a discutir de política, de futbol, pero en un tono fulero. Entonces dijimos, ‘paremos, si en la primera reunión nos empezamos a putear, vamos a arruinar el trabajo que están haciendo las madres, ellas marchan abrazadas y haciendo lo que hay que hacer, y nosotros en la primer reunión discutimos. Qué nos queda en la próxima reunión, cagarnos a piñas?’”

“Y bueno como vimos que no iba a funcionar preferimos acompañarlas de ese modo, a la distancia, observándolas que no les pase nada porque muchas veces venían a provocarlas o se las llevaban en cana, entonces estábamos ahí, para defenderlas”.


El secretario de Tortolo y el general

“El recorrido de la búsqueda fue largo, dice Julio como sintiendo el cansancio de esos días.
Parecía que te clavaban un cuchillo en vez de darte información. Una vez me recibió un secretario de Monseñor Tortolo y me preguntó, como siempre lo hacían, los datos de mi hijo. Termina la entrevista y me dice: ‘bueno hijo, ¿vos sos creyente?’. Si padre, yo creo en dios pero en esta ocasión depende de ustedes si pueden hacer algo. ‘Y bueno hijo, reza, reza mucho’. Pero padre usted se creé que yo rezando voy a encontrar a mi hijo. Ustedes tienen el poder para saber que pasó acá, para averiguar qué pasa con los desparecidos, le respondí con bronca porque en realidad te tomaban el pelo”.


“Eran cuchilladas, donde ibas a preguntar por tu hijo recibías cuchilladas. Una vez me entreviste con un coronel que me dijo, usted haga de cuenta que su hijo está enfermo de cáncer y en el lugar que lo tiene que atender hay un médico y un carnicero. Usted ruegue, rece, que le toque el médico y no el carnicero, me dijo eso. Ese día fue terrible me fui a la costanera y miraba el río, lloraba de la bronca. Estaba tan triste y encima mi esposa me estaba esperando en casa para saber qué información pude conseguir”.

Para terminar, porque ya comenzaba la proyección del documental, Julio no se quedó con las ganas de decirme que había un colegio que llevaba el nombre de Norberto. Y lo que más lo emocionó fue que el nombre lo eligieron los propios alumnos.

“Sabes qué, yo estoy orgulloso de mi hijo. Y sobre todo, respeto el camino que él decidió para su vida. Siempre dormí tranquilo en ese sentido. No tengo dudas de que Norberto se entregó con alma y vida a la militancia.

Soy un padre orgulloso de su hijo”.



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