Mar 13 2018

PAPA FRANCISCO O LA NEGACIÓN DEL OPIO DEL PUEBLO

Por Roberto A. Pinnock R.

‘Hoy, en el caso de la Iglesia católica, presenciamos a un papa que en esencia dice lo mismo que los fundadores del marxismo […]’

Cuando Carlos Marx se refirió a mediados del siglo XIX a que la religión era el opio del pueblo no hizo más que describir una realidad, como científico social que fue. Esto es, no hizo condenación de este u otro sacerdote, pastor o rabino en particular sino a la función de la institución eclesiástica de su época de servir de modeladora de conductas y actitudes requeridas para ‘aceitar’ o viabilizar sin traumas el sistema de dominación imperante antes y durante la época moderna. ¿Cómo se lograba este objetivo? Sencillo, apartando a los grupos sociales subalternos (dominados, explotados, colonizados) de creencias que pudieran llevarlas a cuestionar el sistema de dominación vigente. Mejor tenerlos entretenidos en los temas escatológicos o si son temas terrenales, aquellos de menor importancia para la vida —no solo para el cristianismo sino para otras religiones también— que no sean la solidaridad y el perdón.

Esta función de entretención que apartaba cualquier entusiasmo por luchar por aspectos prioritarios para alcanzar una vida digna, supone negar en la práctica todo ímpetu por erradicar lo que impide sistemas sociales, culturales y políticos basados en la solidaridad y la cohesión social, avalando sistemas basados en el egoísmo y la codicia, fundamentos de todo tipo de discriminación en las sociedades.

Esta visión de Marx, encuentra múltiples evidencias empíricas probatorias, tanto en la historia estudiada por él como la vivida por nosotros en nuestros tiempos.

Ahora bien, en la tradición marxista científica —no la ideológica e inmadura de los antirreligiosos per se — se reconoce que la religión puede jugar un papel revolucionario en la historia de las sociedades, como el que Federico Engels —cofundador del marxismo— le otorgó al cristianismo de los primeros siglos de nuestra era, en el derrumbamiento en Europa del sistema esclavista. De manera que a lo que se referían los primeros marxistas con la expresión de ‘religión opio del pueblo’ era a aquellas prácticas e instituciones religiosas que cumplían con favorecer el predominio de sistemas de explotación y dominación sociales.

Hoy, en el caso de la Iglesia católica, presenciamos a un papa que en esencia dice lo mismo que los fundadores del marxismo, que a su vez denunciaron lo mismo que denunciaran san Francisco de Asís, Bartolomé de las Casas, antes de ellos o los miles de sacerdotes católicos desaparecidos en América Latina —principalmente en México, Guatemala, El Salvador, Brasil y Colombia— después de ellos.

En efecto, en una entrevista realizada en el año 2013, en un medio de divulgación mensual de la comunidad jesuita italiana de nombre Civilta Cattolica , el papa Francisco dijo que la Iglesia se había ‘dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos’ y que no debería ser tan proclive a la condena.

La Iglesia católica —agregó en esa ocasión el papa— ‘debería verse a sí misma como un hospital de campaña tras una batalla’ e intentar sanar las grandes heridas de la sociedad y no obsesionarse ‘por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente’.

En la entrevista, el Santo Padre dijo que la Iglesia debe hallar un nuevo equilibrio entre hacer respetar las normas y mostrar misericordia. ‘De otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes’. Es decir, primero está el amor y el perdón, antes que cualquier norma establecida en los códigos eclesiásticos.

La idea esbozada por el pontífice encuentra su mayor concreción cuando planteó que el poner en la palestra de los temas relevantes los que son fuentes de la destrucción de la sociedad contemporánea le ha acarreado fuertes oposiciones —abiertas y veladas— dentro y fuera de la institucionalidad católica, agregamos nosotros.

Afirmó en dicha entrevista que: ‘No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello’.

Cabe preguntarse, a partir de lo dicho por el papa en ese momento, si el tema contra el matrimonio igualitario —dejando por fuera las raíces de la desestructuración real de la familia— impulsado por movimientos religiosos y políticos de actitudes homofóbicas, ¿acaso está en esta categoría? Si esto es así, vendría a ser una demostración contemporánea de cómo la religión juega el papel de opio del pueblo.

Roberto A. Pinnock R.Sociólogo y Docente Universitario
opinion@laestrella.com.pa

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