Ene 19 2018

DE LA MINA COPADA AL BRAZO FUNDAMENTALISTA

 

Por Úrsula Asta

Siempre retornan, ante ciertos hechos y debates públicos, la deslegitimación al feminismo. Aggiornados a los tiempos, hoy parece está bien vista la reivindicación de los derechos de las mujeres. Pero, como indicó “El manual ideal de una mina copada” (publicado en el diario Clarín) hay que tener sólo un toque feminista.

Cuando aparece “el brazo fundamentalista del feminismo”, el “feminismo extremo” o “las feministas radicales”, allí entramos en otro terreno.

Vamos al punto y lo desandamos. El problema no es el feminismo, el problema es neoliberalismo. Totalitarismo corporativo, o como se prefiera. Por ejemplo, si algo tenemos que criticar a las expresiones feministas que podríamos denominar light es no discutir las estructuras y acumular posiciones en torno al progresismo y la meritocracia. Como dijo Nancy Fraser, sería la postura que meramente “llama a las mujeres a escalar posiciones en las empresas”. Una variante del “yo laburé toda mi vida, a mí nadie me regaló nada”.

El mundo hollywoodense puso en vilo situaciones de abuso de poder macho en el entramado de la industria cinematográfica estadounidense. Aquí sucedió algo similar en torno a dejar en evidencia a figuras públicas por situaciones de violencia contra mujeres y comentarios misóginos, e incluso a la importancia de salir a dar apoyo a aquellas mujeres que con valía dijeron lo suyo. Los casos más resonantes del último año fueron el de Ari Paluch, Juan Darthés, pero también expresiones como las de Facundo Arana y Cacho Castaña.

Sin embargo, eso generó una respuesta en torno a un supuesto feminismo extremo que al parecer no puede discernir entre una situación de acoso o una situación de levante. ¡Vamos, che! ¿Alguien de verdad lo piensa?

Aquí entramos en un camino más sinuoso, que bifurcaremos a fines prácticos. Uno: presunción de inocencia y linchamiento público. Dos: “feminismo violento” y violencia de género al revés.

Vamos a decir la verdad, cuando una mujer después de un tiempo, con las dudas y miedos que genera –como considerar que no le van a creer o que ella misma es medio culpable de lo que le pasó, incluso- sale a decir que fue abusada o acosada, hay, justamente, que tener en cuenta eso mismo: el camino transitado hasta llegar allí. Puede verse a las claras en los casos en que sólo basta que una hable, para que haya una escalada de mujeres que salen a contar situaciones similares del mismo autor. Creer que todas esas mienten no es de incrédulo, señores.

Ahora bien, distinto es considerar que a cada Gustavo Cordera hay que mandarlo a “pudrirse en la cárcel”. Y eso, el punitivismo, no es un problema del feminismo, ni de una suerte de brazo fundamentalista feminista inventado por quienes todavía parecen no entender muy bien de qué va esto del “género”. Esa postura, como el individualismo, es parte de la misma estructura opresiva, la cual se filtra en distintos movimientos como si fuera parte de una solución, cuando en realidad es parte del problema.

Punto dos, “la violencia de género al revés”. Hace algunas semanas Nahir Galarza, de 19 años, presuntamente asesinó a su novio Fernando Pastorizzo, de 20. Por si hay algún/a desprevenido al respecto, van algunas líneas. La violencia de género es aquella derivada de una relación desigual de poder entre los géneros. Es decir, la violencia se expresa de distintas formas en la sociedad, pero algunos casos se denominan de “género” por estar perpetrados contra mujeres y otros géneros en tanto su condición de tales.

No media violencia de género si una mujer es asesinada en ocasión de robo, ni media violencia de género si una chica mata al novio. No porque sea menos importante, sino porque no está inscripta en el marco un entramado desigual en términos de género. ¿Es violencia? ¿Es violencia de género? No.

Sin embargo, debe llamarnos la atención la catarata de análisis al respecto que deshonran las reivindicaciones feministas y del movimiento de mujeres como bandera histórica en las luchas de los pueblos por su emancipación. Sería algo así: como la que mató es una chica, entonces la violencia de género no existe y el feminismo vendría a ser “como el machismo, pero al revés”. No, señores.

Mientras tanto, la doble vara aparece obscena ante nuestros ojos. Porque en este caso es también la chica (Galarza) el foco de la cuestión. Conocemos cada parte de su cuerpo, así como su vida privada; igual a como sucede cuando nos matan a nosotras también. ¿Si eso no tiene que ver con su condición de género, entonces qué es?

(*) Úrsula Asta
Periodista Radio Gráfica, conductora Feas Sucias y Malas.



Foto: M.A.F.I.A

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