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Dic 05 2017

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LA DOCTRINA DEL ENEMIGO INTERNO Y LA DEMOCRACIA

 

por Alejandro Mosquera

Crece en distintos sectores sociales, políticos. Intelectuales y organismos de derechos humanos la denuncia sobre la intención del Gobierno Nacional de crear un enemigo interno para desplegar una mayor capacidad de control y represión sobre los opositores al modelo social, económico y político que encarnan.

Las prácticas en ese sentido tienen larga historia por parte de las clases dominantes de nuestro país. La idea de un enemigo interno que amenaza la integridad nacional, su territorio o el propio ser nacional, se han repetido en discursos, documentos, leyes, decretos. El orden no es arbitrario. Parte sustancial en cada etapa fue instalar en la sociedad el miedo a ese enemigo, hacerlo presente, para luego sobre esa base legitimar las formas horrorosas, ilegales y violentas que desplegaron sobre nuestro pueblo. Hay una creencia falsa que esta práctica de manipulación de la opinión pública para naturalizar y respaldar las violencias estatales ilegales es propias de las dictaduras militares. El Macrismo utiliza ese pegoteo conceptual para desplegar a sus comunicadores que ellos son un gobierno democrático, y que por lo tanto este tipo de critica exagera y provine de las usinas propagandísticas del kirchnerismo y la izquierda, lo cual las convierte de por si en mentiras interesadas.

Tomamos algunos ejemplos para demostrar como en periodos democráticos también se construyó el concepto de enemigo interno, El Plan Conmoción Interna del Estado (Conintes) fue sancionada por el presidente Arturo Frondizi mediante el decreto secreto 9880/1958 del 14 de noviembre de 1958. El pretexto explicito fue mantener el orden público frente al terrorismo y no permitir la anarquía. La realidad que fue utilizado para reprimir huelgas obreras y protestas estudiantiles, como también para suprimir las garantías constitucionales. En su aplicación miles de personas fueron detenidos, centenares de civiles fueron condenados por juicios sumarios realizados por consejos militares.

Durante el Gobierno de Isabel Perón y López Rega se profundizo la idea del enemigo interno, la persecución legal e ilegal a activistas, delegados obreros, estudiantes, artistas, intelectuales, científicos mostraron a las claras que el enemigo construido era el pueblo mismo y sobre todo quienes se oponían.
La Conadep registro durante 1975 la escalofriante cifra de 359 asesinatos a manos de bandas parapoliciales, principalmente a nombre de la Alianza Anticomunista Argentina.

Volviendo a nuestro tiempo, el gobierno nacional, y en particular un grupo más reaccionario que tiene a Patricia Bullrich como vocera y operadora de  esta línea política, y sectores del poder real y mediático, impulsan la idea que Argentina vive el desarrollo de la violencia política. Y que el Estado debe desarrollar a través de las fuerzas de seguridad y de la justicia como apéndice de estas (y no al revés) la acción destinada a proteger a los ciudadanos de ese enemigo interno de variadas caras que amenaza la República.

Nada nuevo bajo el sol. Aún en su momento de borrachera por el resultado electoral de las últimas elecciones, el bloque dominante temeroso del desarrollo de los movimientos impugnatorios del modelo de país que imponen, se preparan a defender “sus derechos”. Las particularidades de la época (distinta a la época de la doctrina de la seguridad nacional nacida en los tiempos de guerra fría) ahora con el nombre de “nuevas amenazas” reúnen al narcotráfico, el terrorismo, los mapuches, los sindicalistas que no se someten, los opositores.

Reiterando el sueño nostálgico de la derecha argentina sueña que la combinación de Estado Gendarme y control social, servicios de inteligencia y persecuciones judiciales, detenciones ejemplificadoras y linchamientos mediáticos, estemos ante el final del imprevisible peronismo, de los últimos estertores del kirchnerismo, y la desaparición de la izquierda popular y de las formas diversas del populismo transformador.

El crecimiento de los discursos oficiales en defensa de las formas de represión de las fuerzas de seguridad aun cuando cuesten la vida de manifestantes es acompañada de las campañas para instalar en una parte de la población la “necesidad” incluso que el Estado en defensa de todos a veces tenga que vulnerar el propio Estado de derecho y las garantías constitucionales.

Para lograrlo llevan a cabo la idea de un desdoblamiento de la realidad. Por una parte una parte de la población vive la “normalidad” de un país con menos conflicto, con una vida con dificultades pero previsible, donde todo funciona, y el norte de Ciudad de Buenos Aires es la utopía posible para todos los argentinos.

Para otros, a los cuales la mayoría conoce según la versión de los medios de comunicación o por los prejuicios largamente instalados en la conciencia social del país, la catástrofe neo-liberal y el estado gendarme actúa generando un país más injusto, más violento, más desigual.

Es un error pensar que estas dualidades se dan según la clase de pertenencia, o la magnitud de los ingresos, o en qué lugar territorial se viva o se trabaje. La construcción desde el poder de una visión de la existencia del enemigo interno atraviesa transversalmente a la sociedad.

Si se recorre en el mundo esta doctrina del enemigo interno se ve con claridad que no es ni por lejos solo una técnica de propaganda reaccionaria. En EE.UU. los enemigos son los inmigrantes, en Europa los refugiados, en los países como dirigidos por la ultra-derecha como Polonia  o donde los partidos o frentes de ese signo han crecido hasta transformarse en primera o segunda fuerza, son tan enemigos los inmigrantes como los liberales democráticos, todas derivan en crecimiento de las formas de control social, el espionaje, la inteligencia interna y el mega-crecimiento de los aparatos burocráticos represivos.

En el país dirigentes políticos, intelectuales, periodistas y comunicadores, ante el temor del crecimiento  de los movimiento impugnatorios al gobierno, aceptan encubrir las peores prácticas y políticas. El temor que la crítica o la derrota de estas políticas  reaccionarias puedan generar condiciones para el retorno del “peligro” populistas aceptan el papel que les asigna el gigantesco aparato propagandístico oficial.  Así muchos con una larga historia democrática repiten los argumentos del segmento más reaccionario del gobierno con tal de no ser sospechados de abrirle la puerta al pasado. Convicción y oportunismo revueltos como en la famosa botica.

La derrota de las campañas de instalación del enemigo interno necesita de la convergencia de todas las fuerzas, dirigentes, personas democráticas más allá de a quien se haya votado y a quien se vaya a votar en el 2019. Aquí se está jugando en gran parte el futuro.

https://www.revistalabarraca.com.ar/la-doctrina-del-enemigo-interno-la-democracia/

 

 

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