«

»

Dic 03 2017

Imprimir esta Entrada

CARTA A RICARDO FORSTER

Por Jorge Alemán

Jorge Alemán retoma la conversación y responde la carta escrita por Ricardo Forster y publicada en La Tecl@ Eñe.  El contrapunto que propone Alemán se da en torno a tres aspectos: la diferencia entre Poder y hegemonía, el populismo y el concepto de Demanda.


Querido Ricardo:

De entrada debo agradecerte especialmente la atención exquisita que has puesto en la lectura de mi texto “La supuesta inteligencia de Macri: Neoliberalismo”. Sentirse leído de ese modo se vuelve en estos días una experiencia singular por la que se siente un agradecimiento único. Tal vez las  procedencias, benjaminiana en tu caso y lacaniana  en el mío, nos hacen sensibles a ambos a la interrogación por los legados históricos y sus posibilidades de apertura al porvenir, y nuestra común referencia central a Marx y su problemática traducción al campo popular es lo que nos puede permitir esta correspondencia. En la misma no se trata, como ya se puede ver en los dos primeros textos, de un debate entre nosotros, sino de un trabajo entre compañeros que coinciden en cuestiones decisivas y  que intentarán dilucidar este mundo en el que vivimos y estamos concernidos de distintos modos.

Por ahora simplemente intentaré, dado lo exacto de tus observaciones, glosar algunas cuestiones que surgen de las mismas, esperando en el de transcurrir de nuestra correspondencia que se pueda llegar más lejos.

Franco Berardi, Bifo, describe pormenorizadamente el semiocapitalismo. En este mundo todo está hiperconectado a una gran velocidad: dispositivos financieros, cuerpos, neuronas, aparatos psíquicos, lenguajes, sexualidad, etc. Todo a una gran velocidad que siempre supera a los procesos de subjetivación. Esto lo señalas con total claridad en tu carta. El ingrediente mayor de su descripción de Berardi  se inspira en diversos ecos deleuzeguattarianos. El Capitalismo inmaterial ya separado de la relación Capital – Trabajo. En esto se prodiga de distintos modos, aunque  a mi juicio no afirme nada que no esté ya sugerido por Lacan en su tesis sobre el Discurso Capitalista y  en Heidegger sobre la Técnica. Homología que he planteado en distintas ocasiones. El asunto es que Berardi describe muy bien el infierno de lo que probablemente sea la última etapa de concentración del Capital antes del colapso, un colapso que puede permanecer diferido mucho tiempo. Pero como lo señalas, la velocidad de las operaciones virtuales-financieras se anticipan  en la extensión de automatismos mentales  de todo tipo, privilegiando según  Berardi,  la depresión y los ataques de pánico. Esta descripción de Berardi con la que podemos acordar, anticipada también en el Antiedipo de Deleuze, es  lo que produce en algunos esa sugestión por los políticos que representan y acompañan la marcha neoliberal, atribuyéndole a sus políticos, simples mediadores evanescentes de los dispositivos neoliberales, una astucia especial en su reproducción indefinida. Si el  Neoliberalismo pretende volver a las subjetividades idénticas al flujo de la Mercancía y el dinero, nuestros politólogos captan fascinados en los proyectos neoliberales astucias en los políticos que los implementan, sin embargo, se trata de una astucia que sólo es un reflejo del funcionamiento de los dispositivos.

Por otra parte, lo  que es increíblemente  ingenuo  en Berardi  es que después de describir el infierno de los flujos hiperconectados que ya se apropiaron de todo, quiera imaginar una  retirada a “lugares de goce, libertad, amistad” que rompan con la relación Renta-Trabajo. El famoso “Trabajo vivo “, sin plusvalía.

Para Berardi se trata de iniciar una terapia semejante al “esquizoanálisis” que nos curaría de los automatismos mentales del semiocapitalismo. Pero como este semiocapitalismo ha engullido el lenguaje, la política, los sujetos, nunca se describe cuál es el soporte suplementario y simbólico que nos posibilitará la “retirada” a ese mundo “autónomo”.

Berardi vuelve, como hace Chul Han, por ejemplo, a describir el crimen perfecto, para  luego proponer una suerte de  comuna hippie que se reterritoalizará y se liberará de los automatismos del capital. Como bien sabes, en todos estos autores, lo sucedido en Latinoamérica con los movimientos nacionales y populares nunca cuenta en sus análisis, esa es inevitablemente una tarea nuestra.

Pero volviendo a tu carta, como bien señalas, esto que se sobrevalora ahora en los políticos neoliberales se subestimó en la etapa anterior. Doy fe de ello. En cierta ocasión en una mesa redonda que compartí con Álvaro Linera y Pablo Iglesias, escuché hablar de sociedades “postneoliberales”. Esto nunca fue así, jugamos siempre el partido en el interior del Neoliberalismo y así fueron nuestros distintos impases, sin desmerecer ninguno de los logros históricos en los 12 años de kirchnerismo. Esto es importante remarcarlo por lo que dices de la “autoflagelación y depresión”, dos afectos que están en las antípodas del pesimismo crítico, que como insistes, se impone en nuestra disciplina de análisis.

Pero esto no se supera sumándose sin más a las estrategias del Otro, pretendiendo ser “modernos” asimilando sus formas, sus estilos, sus construcciones mediáticas, como si fueran meras formas que se pueden instrumentar sin estar expuestos a la performatividad que esos instrumentos contemporáneos ponen en juego. Es cierto que vale la pena aventurarse en las redes, en los audiovisuales, en la tecnología en general, pero sin olvidar el límite antagónico que nos constituye en nuestro discurso político. En este punto habría que tener en cuenta hasta dónde ya una modalidad técnica sobredetermina la significación que se desea transmitir. Es un riesgo a correr. Es a lo que haces referencia cuando hablas del “el giro mimético”.

En el transcurso del desarrollo de tu Carta, no pude evitar evocar tres diferencias que con todo respeto siempre mantuve con Ernesto Laclau, diferencias que debo decir que fue su propio trabajo teórico el que me permitió pensarlas. En primer lugar, la diferencia entre Poder y hegemonía, diferencia totalmente asimétrica por cierto. El poder es homogeneizante, ilimitado, productor de mandatos de goce imposibles de cumplir, y sea circular al modo de Lacan o rizomático al modo de Deleuze o Berardi, es siempre ilimitado y se rehace a sí mismo en cada crisis. La Hegemonía se hace con lo que “no hay”, es inestable y frágil,  y se construye a partir de un antagonismo instituyente. En segundo lugar, y por la razón antes enunciada, no creo que haya populismo de derechas y populismo de izquierdas. No existe la Hegemonía neoliberal, es sólo un modo de hablar, sí existe un Poder neoliberal. La hegemonía es siempre contra-hegemónica en el interior del Neoliberalismo. Como en esta posición estoy un poco solo y he mantenido muchas polémicas, soy consciente de que estas cuestiones merecerían un desarrollo más minucioso. En Laclau, más que una ontología de lo político más bien entiendo que se despliega una ontología del antagonismo.

La tercera cuestión está relacionada con tu observación sobre una de las consecuencias del movimiento ascendente de las clases subalternas provocadas por la distribución del ingreso. En efecto, siempre he sido de los que piensan que el concepto de Demanda como unidad mínima de lo social tiene sus desventajas. En primer lugar, la demanda habla siempre el idioma del Otro. En segundo lugar, la demanda puede gozar de su propia insatisfacción, en particular por el odio que le despierta el adversario. En tercer lugar, las demandas una vez satisfechas por la labor del gobierno popular, pueden saltar de la “cadena equivalencial”, no reconocerse más en el Pueblo y disolver la frontera antagónica. Esto lo intuyó Laclau cuando hablo de “fronteras flotantes”.

Otro error de perspectiva que se impuso en la izquierda española y en algunos sectores latinoamericanos, fue oponer frontalmente Populismo a República. El populismo posmarxista con vocación emancipatoria no es otra cosa que un medio para reinventar las instituciones y la Democracia en la época en que el neoliberalismo ha hecho de las mismas un puro simulacro. El neoliberalismo es tendencialmente un “estado de excepción”, no en el sentido clásico, sino bajo apariencias democráticas.

Otro aspecto que señalas en tu carta es la cuestión de la oposición “débil y fragmentada”. Y es cierto que la derrota dispersa y el triunfo cohesiona. Hasta que no rompamos con esa lógica nada nuevo puede volver. En la época, como decía Casullo, que la “Revolución” nos da las espalda. Tal vez la revolución se dio la espalda a sí misma cuando pasó de su acto instituyente del “todo poder a los soviets” a su centralización en un Partido provisto de una ley trascendente de la Historia que nos iba a llevar “del gobierno de los hombres a la administración de las cosas”. ¿No es el Neoliberalismo el que por fin consuma esta administración de las cosas, incluyendo en las cosas a la propia subjetividad? Subjetividad, que como bien sabes, diferencio del sujeto del inconsciente, término que considero inapropiable para el circuito de la Mercancía y por tanto condición de posibilidad de un proyecto hegemónico y emancipatorio.

Por último, en este intercambio  de correspondencia me parece necesario describir un efecto que seguramente se viene dando desde siempre, pero que encuentra ahora una nueva potencia que lo reactualiza con mucha fuerza. Y que quizás tiene que ver con la velocidad que señalas con respecto a la velocidad de las operaciones del flujo de las operaciones financieras.

Parece que ya todo el mundo lee, mira, escucha, sólo aquello de lo que ya está convencido de antemano. Como si hubiera un fantasma previo, escrito en moldes de hierro, que parece haber desterrado las fuerzas reveladoras de la transmisión crítica. A esto es lo que probablemente llamas nihilismo. Una opinión inconmovible que sostiene a la subjetividad en una posición que sólo consume lo que la alimenta en su postura. Es una metafísica personal que se reparte a derecha e izquierda, pero éste me parece el punto exacto donde la izquierda no puede ni debe ceder.

Ricardo querido, como ya puedes ver el juego se abre a varias puntas, deseo que podamos continuarlo.

Un fuerte abrazo.

Madrid, 28 de noviembre de 2017

Enlace permanente a este artículo: http://ellibertadorenlinea.com.ar/2017/12/03/carta-a-ricardo-forster/