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Nov 17 2017

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CAMBIO CLIMÁTICO: ¿POR QUÉ DOS GRADOS?



Por Santiago Sáez

Una vez cruzado el umbral de los dos grados, aumentan las posibilidades de que se desencadenen ciertos “cambios abruptos en el océano, el hielo marino, la cobertura de nieve, el permafrost y la biosfera terrestre”.

Ya ha arrancado la 23ª Conferencia anual de las Partes (COP23) de las Naciones Unidas. La mayor cumbre internacional sobre el clima, a la que concurren la práctica totalidad de los gobiernos del planeta (además de periodistas, miembros de agencias internacionales, representantes de ONG y gran parte de la industria), trata de “estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que prevenga una interferencia antropogénica peligrosa con el sistema climático”.

Para evitar ese peligro, durante el COP21 (en 2015) se firmó el Acuerdo de París. El tratado conmina a los firmantes (todos los países del mundo excepto Siria y, pronto, Estados Unidos) a reducir sus respectivas emisiones de manera que la temperatura global no aumente más de 2ºC sobre niveles preindustriales. Generalmente se acepta el periodo 1850-1900 como punto de partida. Pero ¿por qué 2ºC? ¿Qué tiene de especial esta cifra? ¿Cómo sería un mundo 2ºC más cálido? ¿Cómo llegamos a ese punto y qué posibilidades hay de que lo consigamos?

¿Por qué dos grados?

Una variación de dos grados centígrados en la temperatura media global puede parecer poco, pero tendría consecuencias catastróficas sobre el clima global. Muchos de los eventos meteorológicos extremos que presenciamos (olas de calor, huracanes, sequías, etc) están relacionados con el cambio climático. Aunque no se pueda señalar la relación de eventos concretos, la tendencia global puede atribuirse al aumento de las temperaturas. Y esto es con solo un grado de calentamiento (2016 estuvo 1.1ºC por encima de niveles preindustriales).

La cifra de dos grados centígrados procede de un estudio publicado en 1977 bajo el título Crecimiento Económico y Clima: El Problema del Dióxido de Carbono. En el artículo, el economista William Nordhaus utilizaba los 2ºC como estimación aproximada de la temperatura máxima de los últimos 100.000 años. En un estudio anterior, Nordhaus ya había estimado este límite en “2 o 3 grados”.

¿Qué tiene de especial esta cifra?

El límite de 2ºC representa un consenso político, y no científico. Aun así, el consenso no es totalmente arbitrario. Según un estudio publicado en 2015 por la revista estadounidense PNAS (Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias) una vez cruzado el umbral de los dos grados, aumentan las posibilidades de que se desencadenen ciertos “cambios abruptos en el océano, el hielo marino, la cobertura de nieve, el permafrost y la biosfera terrestre”. Estos cambios abruptos pueden acelerar el cambio climático aún más y hacer que sea imposible restaurar el daño en siglos.

Sin embargo, con un incremento de temperatura ligeramente superior a un grado centígrado, ya hemos visto como las olas de calor (como las de este verano) serán mucho más frecuentes en el futuro. Hasta 10 veces más probables, según un análisis de World Weather Attribution, un grupo de científicos estadounidenses.

Los dos grados no suponen el límite de la zona segura, pero es más seguro un calentamiento de 2ºC que de 3ºC, y 3ºC son mejores que 4ºC.

¿Cómo será un mundo 2ºC más cálido?

Depende del lugar en que se mida. Los efectos del cambio climático no son homogéneos, y hay zonas que se verán afectadas ligeramente, mientras otras se convertirán en desiertos o desaparecerán bajo las aguas. Ciertos estados insulares, como Kiribati, preparan programas de evacuación. Otras zonas ya han sido evacuadas. Notablemente, la isla caribeña de Barbuda fue abandonada por sus residentes el pasado septiembre tras el azote del huracán Irma. Por primera vez en tres siglos, no había nadie viviendo en la isla. Para evitar que estas zonas quedasen inhabitables habría que limitar el calentamiento a 1,5ºC.

Según el informe de impactos, adaptación y vulnerabilidades de 2014 del IPCCC (el grupo internacional de científicos que informa a la ONU sobre el cambio climático), un calentamiento de 2ºC supondría una amenaza existencial para multitud de especies, ecosistemas y culturas, así como más eventos meteorológicos extremos (olas de calor, lluvias torrenciales, inundaciones costeras, etc.). Estos efectos, afirma el mismo informe, afectarán más duramente a las personas más vulnerables de cada país. Se esperan cosechas más pobres y escasez de agua, con la consiguiente hambruna, además de un aumento moderado del nivel del mar.

Y todo esto es mucho mejor que un calentamiento de 3ºC, que vería extinciones masivas y la desaparición total del casquete polar ártico.

¿Qué hay que hacer y qué posibilidades tenemos?

Lo más urgente es reducir de manera drástica, y eventualmente eliminar, el consumo de energía procedente de combustibles fósiles (incluyendo el transporte), sustituyéndola por energía renovable. Además, hay que acometer una reforestación masiva y detener la deforestación. Eso supone, además, reducir o eliminar el consumo de carne. Todo esto a nivel individual y colectivo.

Según un análisis llevado a cabo por el grupo de estudio Contra El Diluvio, sobre un reciente informe de las Naciones Unidas, las acciones imprescindibles de manera inmediata son factibles a nivel técnico, pero no se están aplicando. Es una cuestión de voluntad política. Por ello, la movilización y la presión política, financiera e incluso legal son herramientas que muchos colectivos consideran imprescindibles.

Según un informe reciente, las posibilidades de cumplir el objetivo de los dos grados son escasas. Un 5% en el mejor de los casos. Sin embargo, el hecho de que 2ºC es un consenso político hace que la batalla por controlar las emisiones siga valiendo la pena. Si no conseguimos este objetivo, hay que luchar por el siguiente.

https://www.lamarea.com/2017/11/07/por-que-dos-grados/

 

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