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Ago 01 2017

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TAIANA: “CRISTINA NO TIENE TECHO, CRECE CUANDO SU GOBIERNO SE VE EN PERSPECTIVA”



Por Gabriela Pepe

El precandidato a senador nacional asegura que UC representa a la mayoría perjudicada por el Gobierno. Autocrítica, escenario 2019, PJ y el recuerdo de Carrió cuando “denunciaba a Macri por corrupto”.

Fue la carta con la que Cristina Fernández de Kirchner sorprendió la tarde del 24 de junio, pocas horas antes del cierre de listas. Jorge Taiana, el ex canciller que se había atrevido a discutir con la ex presidenta y a abandonar su gobierno, y hasta entonces parte de la mesa ejecutiva del Movimiento Evita, alineado con Florencio Randazzo, ocuparía el segundo lugar en la boleta de precandidatos a senadores nacionales del frente Unidad Ciudadana, detrás de su ex jefa. Sin ningún rastro de rencor por el lejano portazo de 2010, la dirigencia cristinista se deshizo en halagos al ex ministro de Relaciones Exteriores.

Cinco días después de ese anuncio, Taiana y Cristina visitaban juntos una cooperativa de cuero en San Martín, municipio al que el ex canciller volvió el jueves 27 para reunirse con referentes del sindicato Smata y con representantes de la Cámara de Pequeñas y Microempresas, después de haber pasado en pocos días por Azul, Olavarría, Moreno, Florencio Varela, San Nicolás, General Rodríguez y La Matanza.

“Esta es una campaña distinta, que tiene que ver con darle más protagonismo al hombre y a la mujer común, de trabajo, de a pie para que expresen sus preocupaciones. Se busca menos el acto tradicional del candidato hablando, prometiendo o haciendo un discurso ante un público de posibles votantes. Hay mucho de escuchar y de interpretar para poner en debate los temas de interés”,
dice Taiana en su oficina del Centro Internacional de Estudios Políticos de la Universidad de San Martín, donde recibió a Letra P.

BIO. Nació en Buenos Aires el 31 de mayo de 1950. Es hijo de Jorge Alberto Taiana, quien fuera médico personal de Juan Domingo Perón y ministro de Educación de su último gobierno. Cursó sus estudios en el Colegio Nacional Buenos Aires.

En 1973, Taiana fue designado jefe de Gabinete de la cartera que comandaba su padre. Por entonces militaba en la organización Descamisados. Sus compañeros de militancia lo llamaban “el canciller”, por su diplomacia para discutir. Un año después de la muerte de Perón, fue detenido por el gobierno de su viuda, María Estela Martínez. Pasó siete años preso en distintos penales, entre ellos el de Rawson. Recuperó su libertad en 1982. S

e recibió de sociólogo en la Universidad de Buenos Aires. Fue embajador en Guatemala durante el gobierno de Carlos Menem y secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA entre 1996 y 2001. Néstor Kirchner lo nombró vicecanciller en 2003. Dos años después, tras la salida de Rafael Bielsa, quedó a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Renunció a la Cancillería en 2010, por “diferencias” con la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. En 2013 asumió como legislador de la Ciudad de Buenos Aires y en 2015 encabezó la lista de candidatos a diputados del Parlasur por el Frente para la Victoria. En 2016 fue electo por sus pares para presidir ese cuerpo.

-Precisamente, una de las críticas que recibió el kirchnerismo, sobre todo en el segundo gobierno de Cristina, fue que no escuchaba a la sociedad ¿Hubo un replanteo en ese punto?

-Eso tiene una explicación de una sola palabra: perdimos. Y obviamente, se reflexiona sobre la derrota y sobre la realidad, que ha cambiado. Por un lado, por la política del Gobierno, que es muy agresiva para muchos sectores y se traduce en pérdida de bienestar e incertidumbre. Pero además, hay una realidad distinta en cuanto a la relación entre dirigencia y ciudadanía, entre sistema político y sociedad. Eso es lo que planteó Cristina en Arsenal y lo que está planteando Unidad Ciudadana, buscando interpretar que hay una dificultad de representación de los partidos tradicionales, no solo en Argentina sino en el mundo. Escuchar más, estar más cerca y acompañar es también tratar de interpretar las nuevas formas de expresión de la sociedad.

-En 2011 el Frente para la Victoria también hizo una campaña con historias de vida.

-Sí, ya tenía elementos de este tipo. Nosotros no podemos desconocer que eso que se expresó tan abiertamente en 2001, que fue la crisis de representación, no es un problema completamente superado. Hubo algunas herramientas, como la ley de PASO, que buscaron fortalecer la representatividad, evitar que un pequeño círculo partidario decidiera quiénes eran los candidatos. Pero no podemos pensar que el problema de la representación en estas sociedades tan fragmentadas, cambiantes y con nuevas formas de comunicación, está resuelto. Se resolvió aparentemente porque tuvimos liderazgos presidenciales fuerte

-¿Eso no contradice la decisión que tomó Cristina en la provincia de Buenos Aires, de evitar las primarias?

-En el caso de la provincia, lo que se privilegió fue no quedar en desventaja frente a las otras fuerzas políticas, como Cambiemos y la alianza 1País, que resolvían directamente sus candidaturas y no se exponían a un debate que podía poner en escena más las diferencias internas que los elementos centrales en común. Unidad Ciudadana tiene PASO a nivel local, en los municipios, y también en la Ciudad de Buenos Aires.


-¿Florencio Randazzo puede restarle votos a Unidad Ciudadana?


-El Frente de Unidad Ciudadana aspira a juntar los votos de todos aquellos que están perjudicados por el presente proyecto. Nosotros pensamos que es la mayoría de los ciudadanos, en este caso de la provincia de Buenos Aires. Obviamente, hubiéramos querido que todos se sumaran, pero creo que más de un 95 por ciento del peronismo y de los sectores nacionales y populares están en Unidad Ciudadana. Y pienso que también se van a sumar sectores que no apoyaron al Frente para la Victoria en su gestión de gobierno. Va a quedar claro en agosto, y más aún en octubre, que este Gobierno vino a perjudicar a una mayoría de los argentinos.

-Los encuestadores dicen que Cristina tiene un piso alto pero también un techo bajo. ¿Cree que logrará perforar ese supuesto techo?

– Yo soy sociólogo, así que algo conozco de encuestas. A veces no hay que tomárselas demasiado en serio. El que supuestamente tenía un techo imbatible, imposible de perforar era Mauricio Macri. Entre otras cosas, tenía el de Elisa Carrió, que decía “mi límite es Macri”. Lo denunciaba por corrupto y ahora lo respalda. Sin embargo, el límite desapareció y el techo, también. Yo creo que Cristina no tiene techo, su figura crece en la medida en que se ven, en perspectiva, su gobierno y el de Macri. Es una figura política de muchísima fuerza y va a tener mucho más apoyo del que ya tiene.

-¿Esta elección empieza a marcar el camino para 2019?
En caso de que la fórmula que integra junto a Cristina triunfe, ¿se pone en marcha un nuevo proyecto presidencial?

-No, acá estamos hablando de una necesidad política de la sociedad argentina de ponerle un freno al gobierno de Macri. Lo que queremos es la que la ciudadanía deje un mensaje claro de que por este camino no se debe seguir, que el Gobierno debe respetar los derechos de la mayoría, de los trabajadores, que debe alentar a las Pymes, parar con el endeudamiento brutal con el que está sometiendo a las futuras generaciones, que debe tener una política que proteja el mercado interno, el salario. De eso se tratan estas elecciones. Lo que quiere el Gobierno es relegitimar el triunfo de 2015 para continuar avanzando de manera más acelerada, más rapaz, sobre los derechos de los trabajadores y continuar con el endeudamiento. Eso es claro.

-¿Por qué cree que un triunfo de Cristina puede detener ese proceso?

-Porque esto es una cuestión política, no solo de número de diputados y senadores. El Gobierno sabe que igualmente no va a tener mayoría en las Cámaras, pero quiere un triunfo político. Pretende que la sociedad le diga que estamos por buen camino. Nosotros queremos que diga exactamente lo contrario.

-El Gobierno baraja la posibilidad de perder en la provincia de Buenos Aires pero cree que podrá mostrar un triunfo de Cambiemos a nivel nacional.

-No va a ganar en el conjunto de las provincias, van a hacer una división artificial de lo que todos sabemos que no está dividido. Van a decir Unidad Ciudadana sacó tantos votos y el PJ en las provincias sacó tantos otros y eso no se suma. Pero todos sabemos que eso se suma. El peronismo es en conjunto una misma cosa y va a ir unido en 2019.

-¿Todos? ¿Cristina con los gobernadores?


-Sin duda. EL PJ va a ir unido.

-Es decir que la convergencia del peronismo se va a resolver después de las elecciones.

En parte se ha resuelto ahora. La propuesta de Unidad Ciudadana de tener un posicionamiento fuerte de oposición ante el gobierno de Macri y la decisión de representar a sectores agraviados por esta política tiene mucho que ver con la unidad. Que algunos sectores claramente minoritarios no se hayan sumado no quiere decir que no haya tenido éxito importante. Al contrario, creo que ha logrado unir a la inmensa mayoría.

-Así como hizo Randazzo en la provincia, varios gobernadores plantean que es necesaria una renovación generacional.

-No sé si la palabra es renovación. Eso se mezcla con un proceso político específico, que fue la renovación del peronismo que se produjo después de la derrota del ´83. Lo que está claro es que después de una derrota se produce una dispersión y tiene que haber una reconstrucción. Hay que ir a un proceso de reordenamiento del peronismo y de sus aliados – porque el peronismo nunca llegó solo al Gobierno, siempre lo hizo en un marco frentista – para volver a convocar una mayoría y retomar un camino de desarrollo nacional, sustentable, con soberanía y justicia social, independencia e integración. Ese proceso de reconstrucción no está terminado, estamos a mitad de camino. Es obvio que el resultado electoral va a tener influencia en eso.

-O sea que si ustedes llegaran a ganar en la provincia de Buenos Aires, Cristina se podría poner al frente de ese proceso.

-Eso habrá que preguntárselo a Cristina, pero me parece ella tiene el liderazgo más importante del peronismo. En la provincia de Buenos Aires está claro, por eso es la candidata que convocó a la mayoría. Evidentemente, un triunfo la pondría en una posición fuerte respecto del conjunto del peronismo. Pero no hay que mezclar las cosas. Todavía es un proceso en marcha. Lo que está en juego ahora es detener un proceso de destrucción de derechos, hay que dar un mensaje al Gobierno y por eso el número tiene que ser fuerte y nítido.


-¿Esa es la lectura que lo llevó a aceptar ser compañero de fórmula de Cristina?

-Claro, conversamos de política, estuvimos de acuerdo en la caracterización de la etapa y en lo que había que hacer: sumar voluntades para dar ese mensaje y decir que el rumbo es el equivocado.

-Su salida del gobierno de Cristina, en 2010, fue tensa. ¿Había vuelto a hablar con ella después de su renuncia como canciller?

-Habíamos conversado en alguna oportunidad. Fui candidato a legislador en 2013 y encabecé la lista del Parlasur en 2015. Yo no nací ministro ni tenía que morir ministro. Para mí fue un gran honor haber sido ministro de Relaciones Exteriores de Néstor Kirchner y Cristina. Pero uno tiene que saber cuándo es momento de dejar la función. Y en este momento lo que vi es que la realidad que afronta el país con este Gobierno es radicalmente distinta a la que venía y extremadamente seria.


-¿Cómo es trabajar con Cristina ahora?


-Está muy bien. La conozco bastante. Hicimos campaña juntos en la provincia de Buenos Aires en 2005, cuando yo era canciller. Esa elección la ganamos y ésta también la vamos a ganar.


-¿Cree que hizo autocrítica por la derrota de 2015?


-Eso se ve en la práctica. Está claro que sí.  A mí me entusiasma verla tan enfocada, con ganas, con mucha conciencia de los cambios que hay en la propia sociedad argentina y de la necesidad de tener un oído cerca del pueblo
.

-La caracterización que hace respecto del deterioro rápido de las condiciones de vida, cuando va apenas un año y medio de gobierno de Macri. ¿No denota que había una crisis previa, que la situación era frágil?

No había crisis. Los gobiernos que terminaron con crisis, como el de Fernando de la Rúa y el de Raúl Alfonsín terminaron mal. El gobierno anterior no terminó con una crisis, aunque sí puede decirse que terminó con un crecimiento débil, en medio de una crisis internacional infernal que aún no terminó, pero con elementos importantes a favor: se había generado empleo y hubo desendeudamiento. Había dificultades, por supuesto. Ahora, ¿qué hizo el gobierno de Macri? Dijo que iba a seguir lo que estaba bien y mejorar lo que estaba mal y se dedicó a destruir lo que estaba bien y empeorar lo que en todo caso estaba mal. ¿Eso muestra la fragilidad de lo que se había conseguido? Puede ser.

-Nunca se llegó a transformar la matriz productiva.

-No es sencillo transformar la matriz productiva de un país en el mundo en esta etapa. Es difícil evitar el proceso de concentración que se está dando en todos los países. Nosotros hicimos una redistribución fuerte de los recursos vía el ingreso. Se reactivaron las pequeñas y medianas industrias. Esta semana estuve en San Martín, que es un poco la capital de eso. Yo tengo muy presente lo que era San Martín en los noventa, en 2001 o 2002 y lo que era en 2014 o 2015. Ahora vemos que ese mismo sector, que se había recuperado, empieza a perder oxígeno y enfrenta una situación en la que lo van a llevar a la crisis si no hay cambios en la política económica.

-El Gobierno está intentando poner el eje de la campaña en la corrupción…

-(interrumpe) No, el Gobierno habla de las denuncias de corrupción del gobierno anterior. No habla de la suya, que es escandalosa, manifiesta y que involucra al propio Presidente de la República. En las pequeñas empresas, por ejemplo, nos cuentan que ya no pueden postularse para venderle nada al Estado porque la corrupción ha crecido de una manera fenomenal y todos los negocios son para las grandes empresas, que son de ellos.

-El oficialismo dice que “lo que falta en el conurbano, el agua potable, las cloacas, es la plata de la corrupción.

-Yo lo que veo es que hay preocupación por lo que pasa ahora. La gente no es historiadora. Habla de la realidad que tiene. Nosotros encontramos buena receptividad en distintos sectores. La gente nos habla de los problemas que tiene: todos los días se eliminan horas extras, hay suspensiones, despidos y cierre de talleres y Pymes.  Es un goteo que tiene un efecto muy fuerte.


-¿Cree que después de las elecciones el Gobierno va a avanzar con proyectos de flexibilización laboral?


-El Gobierno quiere eso y lo apoyan algunos sectores de la UIA, los que menos tienen que ver con el mercado interno. Y es absurdo, porque Argentina es un país en el que, por lo menos, el 75% de la demanda se sostiene en el mercado interno, que se mantiene básicamente por el nivel de ingreso. Por eso hay que estimular el ingreso de la mayoría de los trabajadores. Sin embargo, el sector agroexportador, los grupos económicos concentrados y el sector financiero no quieren hacer eso.
Es un sector minoritario que condena a la marginalidad y a la pobreza a millones de argentinos.

-Hace un par de años usted decía que el mundo neoliberal había quedado en el pasado. Viendo la realidad de Argentina y Brasil, por ejemplo, ¿sigue pensando eso?

-Que el neoliberalismo pasó de moda es más actual hoy que hace dos años. Sino pregúntele a Donald Trump. Que Macri vaya contracorriente y crea que está en los noventa es un problema del Gobierno, cuya consecuencia sufrimos todos. Ese mundo ya no existe, entre otras cosas porque en ese momento la apertura económica de los países tenía como un elemento importante el crecimiento del comercio internacional, que era el doble del PBI mundial. Eso fue así desde fines de los años ochenta hasta el 2008. Desde entonces eso cambió. El comercio internacional no es más el sector dinámico de la economía mundial y no lo va a volver a ser. Cuando China, India y Estados Unidos están buscando proteger su demanda interna y el consumo interno, nosotros hacemos exactamente lo contrario. Si no fuera porque lo hacen por un gran negocio, hay que decir que es una gran insensatez.

 

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