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May 17 2017

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LA AVENIDA DEL MEDIO

Por Ricardo Rouvier

El triunfo en Francia de Emmanuel Macron confirma la vigencia de la ancha avenida del medio a la cual se refiere con insistencia Sergio Massa.


La estructura económica social  y política a nivel mundial orienta las elecciones de los votantes más hacia posiciones centristas o de derecha que hacia el populismo progresista. En Argentina, el PRO y el gobierno de Macri intentan escapar de la caracterización de partido de “derecha” para intentar un recorrido pragmático por la avenida del medio, que si aún no ha experimentado el éxito en nuestro país se debe a la fortaleza que presenta la disputa entre pares antagónicos que invade todo el escenario político.

1- El centro político

Uno podría hacer una broma diciendo que Sergio Massa ha  encontrado la ancha avenida del centro que tanto anhela, pero que esa avenida está en París. El triunfo de Macron en  el ballotage, indica una confirmación de ese sendero pavimentado al que alude permanentemente el líder del Frente Renovador. Ese camino sin embargo, encuentra muchas dificultades para ser edificado en nuestro país que repite su historia de polarizaciones.

Para lograr esa construcción debe ocurrir que los extremos minoritarios del arco político susciten la negatividad de una mayoría silenciosa, que quiere transitar evitando a los contrarios. Marine Le Pen, a pesar que mejoró la performance de la derecha xenófoba,  quedó lejos de la puerta de entrada a la victoria, repitiendo la historia de su padre. En la elección general a la socialdemocracia consubstanciada con la construcción de la UE, hizo una mala elección y  a la izquierda también. A la gauche antisistema le fue muy mal.  Sobre los estertores del Partido Socialista emergió  JeanLuc Mélenchon, teniendo como referente el pensamiento de Ernesto Laclau  y su apoyo  al chavismo y al kirchnerismo. El candidato del Frente de Izquierdas obtuvo  el 19,02%, y quedó afuera de la cancha.

Macron va a tomar algunas cosas de la derecha y otras de la socialdemocracia y hará pragmatismo, teniendo como plataforma estructural la pertenencia de Francia que, como país central, es uno de los pilares de las hegemonías mundiales. Termina la V República y hay más material para observar la transmutación de la democracia burguesa liberal con identidades políticas bien definidas, hacia otras modalidades más líquidas de la política. También en Holanda un liberal de derecha taponó la llegada del nacionalismo extremo; y en Alemania ganó la derecha liderada por Merkel, perdió la Socialdemocracia y la extrema derecha antieuropeísta, si bien creció, todavía tiene una penetración escasa de un 5% del electorado. Es indudable que la globalización sangra por sus heridas, el fin del Estado Benefactor, pero no creemos que esté cerca del final.

La avenida del medio no es un invento ni de Francia, ni de Holanda, ni de Argentina, es el producto de las condiciones políticas mundiales en la etapa actual, y se convierte en una estrategia de campañas locales con posibilidades ante el fracaso de la gestión en el gobierno o de las ideas. Se cayó la URSS y China abandono la carrera al socialismo; Cuba está replegada y débil, y el Socialismo del siglo XXI está desmoronándose. También hay una reacción contra Europa y los EEUU, como el terrorismo político de naturaleza religiosa, con amplio consenso popular en los países árabes, y que no termina de resolver su proyecto político, y que termina consolidando el aparato industrial-militar de los EEUU y su controlada OTAN.

Por derecha también hubo cambios; el neoliberalismo triunfante tuvo que admitir el desvío de sus fundamentos. La multiculturalidad, también fruto de la evolución democrática capitalista y de la propia resistencia de las minorías empuja a las sociedades a abrirse e integrarse como puedan y a generar también dos consecuencias: la xenofobia y los anticuerpos de la misma.  Hoy el nacionalismo conservador europeo es una reacción a los movimientos inmigratorios que provocan la palanca civilizatoria del mestizaje, la diversidad cultural, y  la división internacional del trabajo. En nuestra región, el avance de las derechas es un límite al populismo progresista, al proteccionismo de la producción y el trabajo nacional, pero de los países dependientes.


Ni Le Pen, como le está pasando a Trump, hubiera podido llevar adelante sus proclamas incendiarias porque las corporaciones no la hubieran dejado.
El capitalismo mundial ha logrado articular con la democracia liberal y así convertirse en la palanca que mueve el mundo. La razón técnica y la razón económica son distintas pero se han unido y subordinan al poder político. La política permanentemente debe dar pruebas de su necesariedad ante al automatismo hegemónico, por eso términos como pospolítica, y ahora posverdad, lo que hacen es menoscabar la política.

La izquierda testimonial amenaza, pero lejos del poder. La dirigente del Frente Nacional francés coqueteó con ella con el fin de achicar los muchos puntos de ventaja que le llevaba Macron, y que terminaron confirmándose. Las oscilaciones ideológicas sobre la urgencia electoral le permiten al Frente Nacional llegar a lo demagógico sin vergüenza. Se disfrazan de defensores del trabajo nacional y de las burguesías locales, lo que genera algún interés en las contradicciones intraclases.

La avenida del medio es, en principio, un camino moderado sustentado en el posibilismo. Se trata de contener los deseos profundos de la izquierda y la derecha, presentado como una evolución de la humanidad hacia un centro razonable, frente a la emocionalidad de los populismos. Pero entonces, ¿cuál es el signo ideológico de los dominios mundiales? ¿Acaso hay neutralidad, hay un equilibrio?

El signo está dado por una derecha que se reconvierte a sí misma velozmente luego de cada crisis. Es una derecha democrática, multicultural, flexible, que se eleva triunfante luego de la post-guerra fría a caballo de la revolución tecnológica, que consolida su posición adoptando versiones un poco más hacia el comunitarismo o un poco más hacia él individualismo; siempre en función del mismo propósito: asegurar las relaciones de producción, la tasa de ganancia y la acumulación desigual. Trump es una expresión superestructural, y los obstáculos corporativos a la Casa Blanca son la clave para mirar dónde está el poder; el corset cultural que aprisiona a la derecha europea es su límite para no hacer lo que desea. Llevarla hacia el fascismo sería una enorme derrota del liberalismo. Pero es conservadora en la defensa del status quo. Un status quo que no es una realidad congelada, sino que está en evolución constante con un núcleo duro que permanece y es la forma capitalista de producir, distribuir riqueza y de producir una florida cultura que comprende también a los contestatarios. Es decir, el neoliberalismo está en evolución permanente y ha arrancado el núcleo del devenir que era propio del socialismo utópico o del socialismo científico.

Si la hegemonía consiste en mantener el mismo modo de producción, la naturalización de la propiedad privada, la democracia liberal y el individualismo; ¿para qué hace falta un nacionalismo depredador y agresivo? La respuesta es sencilla: no hace falta volver a Hitler o a Mussolini ni a Franco, ni a Salazar, porque están contra la cultura contemporánea. Ellos son piezas de museo. El modelo de manipulación comunicativa de Goebbels es irrepetible, y sólo mantiene su existencia en un capítulo de la Teoría de la Comunicación impartida en la educación superior.

No es asimilable ni homologable a la creciente incidencia actual de los medios masivos de comunicación y las redes sociales. Los sistemas de control existen, pero son distintos al panóptico de Jeremy Bentham. Tampoco hay que creer que los medios masivos funcionan con una receta predeterminada que alguien instruye cada día. Lo predeterminado es la naturalización del régimen capitalista, naturalización que es un mecanismo del propio dominio. Hay que entender, de una buena vez, que no se trata de tal periodista o comunicador en forma explícita que hable bien o mal del gobierno o del kirchnerismo. Ese es un tema menor. Se trata de  lo que está por detrás en la textura propia del medio, de cómo se producen significados, o mejor, cómo se reproduce el sentido. Un sistema de valores que está omnipresente en un programa de cocina o de deportes.

El neoliberalismo no logra resolver uno de sus principios fundantes cuando aborda la contradicción entre Individuo/ Estado; no pudo encontrar tampoco el desiderátum del individuo, los caminos de la felicidad y las condiciones materiales de su existencia. Se cambia o confunde confort con felicidad. Y ese truco mágico funciona. La utopía pensada por sus fundadores no se ha completado. No pudo terminar con el Estado; lo necesita y lo utiliza, sobre todo cuando implosionan los mercados financieros o se desborda la inseguridad; o hay que darle alguna seguridad social a los pobres para mantener la armonía de la sociedad desigual.

La amenaza terrorista pone a decenas de militares recorriendo las calles de Europa, y la crisis recurrente de la sobreproducción, en el 2008 financiera, obligan a llamar de urgencia al Estado como solución de última instancia. La limitación de las libertades públicas es una de las paradojas de los gobiernos liberales del centro mundial. En América Latina se agrega la singularidad de un narcotráfico que provoca la aparición de un segundo Estado.

La crisis socialdemócrata suponía que la derecha nacionalista antieuropea se abría paso fácilmente para detener las olas inmigratorias y representar a las víctimas de la globalización. Pero, si bien la derecha tradicional avanza, ésta no genera el tsunami temido. El discurso de Le Pen pudo tener algún atractivo para los desocupados y sectores empobrecidos, pero romper la UE es otra cosa.

Hay una tensión prevaleciente en el ejercicio del gobierno que es la gestión, y que establece el balance que hace la ciudadanía con su veredicto: el voto. Los electores votan por ideas y según como les vaya en la feria; y a veces, esto último pasa a ser prioritario. La administración de gobierno de cualquier país, tenga la camiseta que tenga, puede ser premiada o castigada según a quién beneficie o perjudique la gobernabilidad. Eso sobresale en un mundo en que las ideologías están en crisis, y también explica en parte el 54% logrado por CFK en el 2011, porque se premiaba la gestión; el volumen no fue sólo identificación con los valores ideológicos del kirchnerismo. En Europa, los gobiernos han oscilado estos años entre la socialdemocracia y la centro-derecha, y se alternaron según la evaluación de la gestión, pero además extrajeron del otro políticas particulares. Este desplazamiento rompe los límites partidarios y hace fluir las ideas entre diversos espacios.

Es indudable que la izquierda vio en la caída de la socialdemocracia, una verificación del fracaso de las políticas de la “avenida del medio” o tercera vía, como planteaba Anthony Giddens. Entonces, la receta era acentuar el socialismo en el discurso y en la acción de gobierno. Pero esto es un límite para una mayoría de la población que no quiere separarse del mundo ni ser socialista. La caída de la URSS ha repercutido mucho más fuertemente en el viejo continente europeo que entre los países emergentes más lejanos, con un impacto significativo en los partidos de izquierda continentales.

El error de la izquierda consiste en creer que el mundo está a la altura de sus consignas y que la desigualdad y asimetrías que existen son vistas desde los presupuestos clásicos de las ideologías del siglo XX. Ya han pasado muchos años y la izquierda no logra pensar críticamente que el camino de la transformación debe transitarse por otros senderos, abandonando paradigmas agotados.

Al afirmarse la avenida del medio, se desalientan las almas del progresismo o los discursos más explosivos del populismo. Y esto quiere decir que la derecha xenófoba tiene límites y la izquierda imposible no alcanza el gobierno en esta etapa. Por otra parte, la avenida del medio es ancha y tiene andariveles por derecha y por izquierda que aceptan el sistema. La centro-derecha cambia, no es homologable al III Reich ni a las oligarquías latinoamericanas del esquema agroexportador. La pregunta es si el progresismo, el populismo, la izquierda cambiarán. Por el momento y en forma defensiva, fruto del repliegue, se trata de ponerle límite a la derechización del mundo.

2 – La avenida en la Argentina

Con los líderes populares de América Latina, solamente, no alcanza para asegurar ningún proyecto político, o mejor dicho, alcanza para un rato nomás. Mucho más si la personalización intenta reemplazar el debate por debajo del vértice superior, lo anula, y elude la organización política. La institucionalización de la energía reformista y transformadora es ineludible como paso cualitativo, aunque asomen peligros como lúcidamente preveía Trotsky con la formación de las burocracias. Esta batalla es preferible ante el espacio yermo de un líder, sin cuadros intermedios, y frente a sus seguidores. Eso es demasiado inhóspito y exigente para el que suscita el amor y la confianza de sus partidarios.

En nuestro país, también hay licuación de identidades políticas: el radicalismo, el socialismo y también el peronismo lo padecen. Aparece una nueva fuerza conservadora  que en las pampas está expresada por el PRO y el gobierno de Macri. Se califica a esta posición como “neoliberalismo”, cosa que es cierta, reconociendo que esa definición no divide en forma eficaz a la topografía política nacional. Porque cuando gobiernan los populismos también hacen uso, parcial, de recetas neoliberales ya que no pueden escapar al mundo en el que viven. Y la expresión heterodoxia testimonia esta aceptación.

En razón de la falta de alternativas in totum del esquema económico, lo que conocemos son experiencias más nacionalistas y más distribucionistas que neoliberales pero la matriz sobre la cual se desenvuelve el subsistema económico es liberal, salvo que un país se aísle peligrosamente. En los países dependientes, la soberanía pasa por el industrialismo, un amplio mercado interno, capacidad exportadora, autonomización de la ciencia y tecnología, distribución de la riqueza, la construcción de una burguesía nacional dispuesta a co-conducir el proceso de desarrollo con un Estado como guía, la clase trabajadora organizada, una moneda nacional fuerte. Seguramente en esto último hay coincidencia con el neoliberalismo económico. Y sí; hay coincidencia.

A la agenda populista hay que darle una base social y política suficiente, de lo contrario puede ser fácilmente bloqueada por lo estructural que han fundado los liberales. Digamos más claramente, la estructura económica social  y política empuja más hacia la derecha o hacia la avenida del medio que hacia el populismo progresista, y nada hacia el socialismo.

En el caso de nuestro país, los extremos están expresados por el par kirchnerismo vs macrismo, y viceversa. Catalogando a Macri como la expresión del dominio de las corporaciones y los intereses extranjeros en el país, frente a la experiencia habida de doce años de populismo/progresismo. No hay otras fuerzas políticas que disputen el lugar de estos polos enfrentados, debido a que el Frente Renovador es un adversario que alterna oposición discursiva y diálogo. Está claro, entonces, que el kirchnerismo es la principal fuerza de oposición de Cambiemos; y que el kirchnerismo emplea una táctica de desmoronamiento del oficialismo, buscando que pierda el control de la gobernabilidad. A su vez, el gobierno trabaja para que su principal adversario se mantenga como adversario  pero que vaya debilitando su poder de fuego.

Por más que el FR hasta ahora no haya logrado el éxito esperado luego de su victoria en el 2013, la avenida del medio se expande en el mundo. Y si no ha tenido éxito aún en nuestro país, se debe a que la fortaleza de los pares antagónicos invade todo el escenario político. Parecería que primero debe resolverse esta disputa principal, para dejar lugar a otras alternativas. Inclusive el peronismo no kirchnerista del interior del país, que abarca a buena parte de los gobernadores, espera el próximo examen del kirchnerismo en las legislativas. En algunas provincias hay una realidad que dejaría perplejo a algún militante K; hay alianzas entre el FR, el PJ  local y el FpV, aunque la agrupación kirchnerista tiene menos presencia en el interior profundo. Su destino depende de la evolución de imagen de CFK, que mantiene una porción de popularidad y liderazgo inalterable.

Con inteligencia, el PRO y el gobierno tratan de salirse del encajonamiento de “derecha” e intentan transitar un poco por la avenida del medio. El pragmatismo que emplean les permite mostrarse menos dogmáticos que lo que su deseo les dice. Gobiernan concediendo, mientras que el kirchnerismo los congela en ese rincón para que no se desplacen, e intenta atacarlos para provocar su rendición en el trayecto entre el ´17 y el ´19.

Estos nuevos caminos centristas y alejados de los extremos, están soportados por la necesidad actual de la distribución del poder mundial. Cuando asumió Macri dijimos, que las condiciones internacionales favorecían la llegada de esta nueva propuesta política expresada por Cambiemos. Y ahora señalamos que es muy posible que el gobierno de nuestro país se desplace hacia el medio de la topografía ideológica, dejando vacío el espacio de una derecha más ortodoxa acusada de fascista, oligárquica y dictatorial. Claro, algunos dirán que es una jugada de reposicionamiento del proyecto conservador. Sí, claro, de eso se trata; la derecha tiene mala prensa, el establishment cultural la rechaza, es un lugar incómodo en esta etapa en que no hay un fantasma de izquierda que recorra el mundo.


*Ricardo Rouvier

Licenciado en Sociología, doctor en Psicología. Analista político y docente universitario.

 

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