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Abr 15 2017

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“LA EXPRESIÓN MÁS NÍTIDA DE LA DEMOCRACIA SE ENCUENTRA EN LA CALLE”

Por Mariano Molina

Entrevista a Luis Brunati, Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante la gestión de Antonio Cafiero, a 30 años de los sucesos de Semana Santa. “Hubo una fuerte movilización popular, que desde mi punto de vista, es lo más que se podía pedir en ese momento, en que el terror sembrado por la dictadura se encontraba latente”.


Pregunta:
Después de 30 años, que aspectos positivos y negativos destaca de lo sucedido en la semana santa de 1987

Luis Brunati: Aquel hecho, se inscribe en la valiosa decisión del Presidente Alfonsín de juzgar los más aberrantes crímenes de lesa humanidad, de toda la historia contemporánea y lo negativo está relacionado con el hecho de haber soslayado cual fue la función de esos crímenes. Se juzgó a los militares e indultó de hecho los beneficiarios del terrorismo de Estado.

Valoro mucho la actitud de Alfonsín de investigar los crímenes de las FF.AA. No hay duda que hubo allí un eje ético de suma importancia. Creo que muy otra cosa hubiera sucedido de triunfar Luder y estimo necesario reconocer eso. Sin embargo esa fenomenal bisagra histórica que dio la espalda al PJ, puso también sobre el tapete, responsabilidades colosales que no fueron asumidas.

Pregunta: ¿Las decisiones de Alfonsín se leen diferente a 30 años de los hechos?

LB: Sin duda. El tiempo y la distancia ayudan a ver contornos más definidos, más nítidos, pero el análisis se debe realizar sin omitir el contexto histórico, porque sino los hechos pasan a ser demasiado simples. Como carentes o escasos de profundidad. Por ejemplo, si uno habla de los 13 paros que debió soportar Alfonsín y omite contemplar el marco en que eso se produjo, llega a una conclusión anecdótica. Por el contrario, si se incluye en el análisis cuestiones como la oportunidad, el nivel de prioridad y la potencia aplicada a la Ley Mucci, puede concluir algo diferente.

El triunfo de Alfonsín despertó una expectativa enorme. A mí no me caben dudas que el poder real apostó al triunfo de Luder. Pero ganó Alfonsín y las esperanzas que despertó su triunfo excedieron en mucho al radicalismo e incluso el plano local. No tengo dudas de que después de Perón, fue el presidente con mayor consenso inicial. De lo que tampoco tengo dudas es que un consenso semejante conlleva responsabilidades también excepcionales y recuerdo muy bien las expectativas locales y regionales con respecto a la colosal deuda externa contraída durante la dictadura. La función del terrorismo de estado en el plano económico. Un tema que atravesaba a gran parte América Latina, un tema altamente sensible y de implicancia regional que fue indultado de hecho.

Tengo muy presente el excepcional recibimiento que le brindó Cuba al presidente argentino y recuerdo haber charlado muy a fondo el tema con el embajador cubano.
No cabía ninguna duda sobre del papel que cumplió el terrorismo de Estado en esa estafa y se aguardaba de Raúl Alfonsín una actitud rectora. En ese sentido digo que un análisis a treinta años de distancia se debe realizar en el marco de su contexto histórico. Yo hubiese preferido no realizar ninguna concesión a los carapintadas y le brindamos todo el respaldo posible al gobierno nacional ya desgastado en una serie de confrontaciones menores, porque tampoco hay que olvidar que los acontecimientos de Semana Santa se produjeron a más de tres años de gestión.


Pregunta: ¿Hubo debates dentro del peronismo sobre qué actitud asumir frente a la crisis? ¿Cuáles eran los debates?

LB: Bueno… sí, por supuesto. En ese momento Antonio Cafiero era Presidente del PJ y yo Secretario General y esa fue una reunión muy particular. Compleja. Citada de urgencia y por lo tanto con muchas ausencias de representantes del interior y en cambio hubo presencias no habituales, ajenas al órgano partidario. Y sí… recuerdo perfectamente las distintas posiciones y quienes las sostenían e incluso estoy seguro de haber escrito en caliente sobre aquel áspero debate que alineó de un lado a quienes sosteníamos la necesidad de apoyar sin especulación al gobierno nacional y del otro a los que proponían subordinar ese apoyo a una negociación.

Hoy, con treinta años más, me costaría mucho reproducir los aspectos  mezquinos de esa discusión, pero me parece importante valorar algunas cuestiones, como el hecho de que Cafiero asumiera la postura de apoyar sin especulaciones. El apoyo de Darío Alessandro, uno de los fundadores de FORJA. El apoyo de Aldo Pignanelli, miembro del directorio del banco provincia y también el  apoyo de Eduardo Duhalde, Intendente de Lomas. Al día siguiente en Plaza de Mayo, hubo peronismo disperso y tres columnas organizadas: San Isidro, Lomas de Zamora y Moreno.

Pregunta: ¿En algún momento se llegó a evaluar la idea de una resistencia popular frente al golpismo?

LB: Hubo una fuerte movilización popular, que desde mi punto de vista, es lo más que se podía pedir en ese momento, en que el terror sembrado por la dictadura se encontraba latente.  Nosotros vivíamos en La Plata y puedo dar fe de una movilización casi permanente. Una especie de vigilia espontánea y transversal, es decir, que atravesaba gran parte del arco político.

Al comienzo la militancia se había concentrado en torno a la Legislatura y los podía ver desde la ventana de mi despacho, pero en algún momento un pequeño grupo cruzó la plaza para conversar sobre la posibilidad de manifestarse allí, porque en la Legislatura no había actividad. Obviamente nos colocamos a disposición de ellos, pero cuando los manifestantes comenzaron a cruzar la plaza para acercarse a la Casa de Gobierno, la policía comenzó a parapetarse y tomar posición, de modo que debimos  salir de urgencia a parar la mano. Dicho de otro modo, estaban todavía presentes conceptos y reflejos de la dictadura, en la cual la militancia política era considerada riesgosa.

En alguno de aquellos conflictos carapintadas me informaron que una columna de tanques avanzaba de Magdalena hacia Buenos Aires e iba escoltada por patrulleros de la policía. Inmediatamente pedí información y me dijeron que se trataba de un procedimiento normal, para garantizar el desplazamiento de tropas. Obviamente, ordenamos de inmediato el retiro de apoyo, pero los patrulleros no acataron la orden y apagaron las Motorolas. O sea que entre los mandos orgánicos y la sublevación militar, no tenían la menor duda a quien responder. Hay que tener presente que en el momento que yo llegué al Ministerio de Gobierno, diciembre de 1987, en la policía de la Provincia aún se realizaba inteligencia sobre la actividad sindical y las organizaciones sociales.

Pregunta: ¿Cómo analiza la composición y el rol de las Fuerzas Armadas en esos años?

LB: La verdad es que me costaba mucho imaginar al conjunto de las FF.AA absolutamente encolumnado detrás del proyecto económico de Martinez de Hoz, o neoliberal como se dice en la actualidad y creía en la necesidad de instalar un debate, al menos en el ámbito político, por lo cual publicamos dos trabajos. Uno de ellos recopilando los antecedentes de moratoria unilateral y el otro sobre el rol de las FF.AA. pero el debate alcanzó solo a militancia y fue desestimado por la dirigencia. Poco después llegó Menem a la presidencia y terminó de laudar en favor de los grandes grupos económicos.  

Pregunta: ¿Cree que la Semana Santa de 1987 tuvo una incidencia importante en las formas posteriores de la participación política y la relación con la institucionalidad?

LB: Sí… a favor y en contra. Propició una importante actitud política en defensa de las instituciones por encima de matices partidarios y en contra, creo que debilitó mucho el gobierno de Alfonsín. La estructura democrática en 1983 era débil pero esperanzadora. Luego se fortaleció, pero fuertemente docilizada, en gran medida esterilizada de poder transformador, que recién se comenzó a recuperar luego del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Pregunta: Si se le pide que elija de su memoria una imagen de esos días… ¿Cuál elige?

LB: Sin dudar elijo la movilización popular. Pero también elijo hoy la movilización popular para los días que corren. La movilización popular es  hoy, sobre todo teniendo en cuenta el triste papel que juegan los grandes medios de comunicación al servicio de la concentración de poder económico, un rol central. Afortunadamente en ese sentido nuestro pueblo tiene una gran experiencia. Hay que confiar y alentar la movilización popular. Hoy, quizá más que nunca, la expresión más nítida de la democracia se encuentra en la calle, a la intemperie.

RELAMPAGOS
. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).

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