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Mar 27 2017

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LA ACTRIZ Y CANTANTE MISIONERA, FLORENCIA BOBADILLA LLEVÓ A MÉXICO LA MÚSICA LITORALEÑA

 Hace varios años que la actriz y cantante misionera, Florencia Bobadilla Oliva desanda el camino entre la actuación y la música a prueba de talento y de oficio. A su regreso de México, ya en Buenos Aires, contó como fue esa experiencia.

A comienzos del 2017 tuvo la posibilidad de viajar a la tierra azteca, llevando canciones litoraleñas, y junto a Abel Tesoriere -con quien conforma el Dúo BoTe- recorrió Cancún, Playa del Cármen, Tulum, Guadalajara, Querétaro, Oaxaca, y la Ciudad de México, entre otros lugares, cantando, girando, disfrutando.

“Hace tiempo que tenía ganas de ese viaje, y afortundamente encontré en el camino muchos argentinos que me dieron consejos y me acompañaron a descubrir nuestras formas de ser. Amigos como Lorena Hermida, una cantante que me contó de su viaje a México años atrás, y me compartió información de algunos lugares y personas que podrían guiarnos; Virginia Alvarez, Kiki, Gina Valente, ¡y tantos más!, la lista es extensa“, remarca.

Sostiene que otro gran disparador de su viaje fue su maestro, Edgardo Cardozo, “no me voy a cansar de decirlo. Hay personas impresionantes en este mundo, y así es él. Me lo recomendó mi amiga Melina Moguilevsky, otra extraterreste de la música, y Ommar Giammarco, con el que toqué el año pasado, me pasó el mail de Paul Cohen, músico, manager y arreglador de Lila Downs; a quien le escribí, y días después lo conocí en el Espacio Cultural “El Venadito” que gestó con Lila en Oaxaca. Pude entregarle mis discos, y está abierta la posibilidad de ver a esa enorme cantante que estará en agosto en Buenos Aires”, cuenta entusiasmada.

Una búsqueda constante

Para Florencia Bobadilla, México se convirtió en un objetivo al que arribó porque estaba necesitando moverse. Y entre rituales, libros, y algunas composiciones, “nacieron esos deseos que se traban en el pecho y que a veces una los siente como inalcanzables. Pero me di cuenta que siempre viajé, y que ignoraba el disfrute que me provocaba, simplemente lo hacía”, dice.

El año pasado, la actriz viajó con su pareja a Tailandia y Vietnam, y ratificó ese deseo de viajar, que alimenta desde niña.

No tenía registro real, pero viajé bastante con el Coro de Niños de la UNaM, y por consiguiente con todos los coros en los que participé. Después fui a estudiar a Córdoba, y de ahí a Buenos Aires, siempre buscando más y mejores oportunidades”.

Y con esa premisa estuvo trabajando todo ese tiempo en los que realizó trabajos muy valiosos tanto en su carrera de actriz y también como cantante. Y así emprendió ese viaje a la tierra de Zapata, donde todo se dio con ayuda y confianza, “con palabras de aliento y puertas que se abrieron, con las posibilidades como autos en las carreteras, y con la cabeza puesta que al final todo lo que imaginaba era posible y podía estar sucediendo”, subraya.

Un “cambio” que repercutió en la cultura
La misionera siente que el viaje nació como parte de una búsqueda, sumada a que, desde que ganó Macri, todo cambió para los artistas y para la cultura en general.
“Hablo por mí y por amigos que se mueven en otras disciplinas artísticas y que la pelean acá en Buenos Aires. Para muchos, lo que fuimos sembrando estaba comenzando a dar frutos, y cuando íbamos a ir buscar esos frutos, pasó una topadora y se terminó la película: Las bandas de Paka Paka se disolvieron, no se filmaron más ficciones nacionales, y el Incaa quedó medio congelado, con lo cual las producciones de cine independiente brillan por su ausencia.
Seguro que algo queda, pero ya no es para todos lamentablemente. Hay como una gran especulación, que no tiene nada que ver con el arte, no hay forma”,
repite.

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Los trabajos, la dedicación y el crisol de ideas fueron y son una llama, un despertar, un disparador para volver y recomendar. Viajar es la respuesta para mí. Te pasan cosas, y una se siente bastante dueña de su vida, siente amor y respeto por las cosas”.

Celebró lo maravilloso que fue tocar en hoteles, bares, en la playa, “conectarme con otros músicos, aprender cocina mexicana. Siempre que viajo intento tomar clases de cocina tradicional del lugar, y en ese bello país no fue la excepción, y un gran placer. Fue una alegría comprobar que nuestra música del litoral fue bien recibida en una ciudad turística como Tulum, donde la gente está relajada, de vacaciones; pero atenta, y con aplausos a nuestro proyecto musical”, se alegra.

Fiesta en la plaza del pueblo

Florencia también estuvo en Guadalajara y lo define como una experiencia impactante. “Llegamos ahí través de Matías Arriazu, un gran guitarrista y compositor que tocó con Liliana Herrero, y con quien tuve la oportunidad de compartir un par de fechas dentro de un ciclo denominado Dedos Argentinos, en Café Vinilo. Me conecté con Carlos Corona, guitarrista y compositor que no para de moverse, grabó un disco muy lindo, y se irá a vivir a Alemania junto a su mujer, una cantante impecable, Giovanna Piaza. Nos cuidó muchísimo, y gestionó esos lugares mágicos donde pudimos compartir los temas de nuestro disco Ysyry”, relata.

Dentro de esa ciudad, el Dúo BoTe cantó en El Grullo, ubicado al norte, en la montaña. “Era el cumpleaños del pueblo y tocamos en la plaza en una fiesta maravillosa. Hacía frío, pero la gente se quedó durante todo el espectáculo. Compartimos escenario con otros músicos, y cerramos con el grupo de Carlos Corona”.

En Guadalajara tuvo en contacto con la música folklórica mexicana, donde escuchó sones, y fue descubriendo de qué se trata la cultura de los mariachis, y pudieron reflexionar sobre el respeto que implica su profesión. “En México todas las actividades festivas tienen música en vivo porque hacen el esfuerzo para que suceda. El músico es respetado, el trabajo se paga, y parece una obviedad; pero es algo con lo que los músicos peleamos cotidianamente para poder vivir de lo que amamos. Con Abel recorrimos otros lugares de ese México inmenso, y ahora sabemos que el camino está abierto para volver”.

Cine y música

En el Distrito Federal, Florencia acompañó la presentación de El Perro Molina, película de José Campuzano, que la tiene como protagonista, y que se proyectó en el Faro Aragón. Los faros son espacios culturales que el gobierno brinda a la gente de los barrios pueda acceder a las actividades artísticas, de manera gratuita.

“Hace muy poco empezó a gestarse el Clúster Audiovisual de la Ciudad de Mexico, y los chicos que lo realizan, eligieron alejarse del centro para darle más apertura al clúster, que consiste en mostrar lo que se viene haciendo, contar como funciona, invitar a la comunidad a formar parte, proyectar y debatir, todo fue movilizador”.

Entre idas y vueltas conoció a Amanda Tovalín y Alonso Magaña, dos artistas mexicanos, compositores, amigos de Rafael Lozina, otro gran músico misionero.

“Fue rápido entendernos, compartir músicas, escucharnos y debatir. Tuve la posibilidad de grabar -como suelo hacerlo con mujeres amigas- el tema “Invitación”, con letra de la escritora y poeta nicaragüense, Gioconda Belli, y música de Germán Gómez.
Tanto Alonso, guitarrista, como la cantante Amanda, me despertaron las ganas de seguir estudiando, buscando, y al mismo tiempo la fortuna de saber encontrarse, de repetir esas experiencias. Mucha música para compartir, cantar y seguir componiendo, es decir la vida misma que sigue girando”, expresó la misionera que no para de crecer.

Antes de volver a Buenos Aires, Florencia Bobadilla recaló unas horas en Bogotá, Colombia, donde se encontró con la generosidad del pianista, compositor y cantante, Nicolás Ospina, que el 29 de marzo brindará un show en el Café Vinilo, de Palermo, presentando su más reciente producción discográfica “Girando para atrás”, y la misionera será una de sus invitadas especiales.

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