EL ROL DE LAS MUJERES EN LA ECONOMÍA RURAL DEL NORDESTE ARGENTINO


Por Lilian Edith Vargas

La Argentina se caracteriza por ser un país netamente rural (agropecuario-forestal), y la gran mayoría de las actividades productivas y también las de servicios están relacionadas con estos ámbitos.
lILIAN vARGAS

En la región NEA por ejemplo, gran parte de las actividades agropecuario-forestales son desarrolladas por “familias campesinas”, las que aportan en promedio el 34,75 % del valor bruto de la producción, llegando en la provincia de Misiones al 57 %.  El aporte que la mujer realiza en este ámbito es de vital importancia y en general no es valorado en su justa dimensión, ya que no se limita a su papel de ama de casa o de “ayudante” del hombre con quien convive (esposo, concubino, padre, hermano), sino que además de ello tiene a su cargo tareas fundamentales en los diversos procesos productivos en los que participa.

Sumado a esta problemática “naturalizada” en nuestra región, podemos mencionar otros tipos de conflicto que están directamente relacionados con la cuestión de “género” (femenino) en ámbitos rurales:

Relaciones de desigualdad en las que la mujer ve limitadas sus posibilidades de participar plenamente en ámbitos públicos, de capacitarse, de explotar todo su potencial y sus posibilidades, a más del desbalance en cuanto al “poder” (entre el hombre y la mujer) que se ejerce en estos contextos, donde “el que manda es el hombre”.

Sobrecarga laboral. En el caso de las mujeres campesinas, trabajan de 10 a 16 horas por día debido su triple rol: doméstico, productivo y comunitario, situación que se repite también en pequeñas y medianas empresas, tanto en ámbitos rurales como en “la ciudad”.

Escaso valor social asignado al trabajo de la mujer, incluso por ella misma (categoría de “amas de casa” “inactivas” que las equiparan en los censos a “jubilados/as”, “discapacitados/as” “enfermos/as”). La invisibilidad del trabajo de la mujer dificulta que su aporte a la economía (tanto familiar como provincial, regional) sea reconocido, valorado y menos aún potenciado.

El carácter patriarcal de la organización social hace que sea el hombre el que generalmente se reconoce como titular de la explotación, independientemente de que esté ausente por grandes períodos o padezca algún tipo de discapacidad.

En los trabajos diagnósticos, en la planificación de acciones, normalmente se considera que la visión del varón es compartida por la mujer; no se visualiza que la percepción de cada uno es diferente y que, por lo tanto, serán diferentes también sus miradas y respuestas.

Estas situaciones de conflicto surgen muchas veces a partir de estereotipos y prejuicios instalados en nuestra sociedad, los que influyen en el actuar cotidiano de la comunidad, tendiente éste en la mayoría de los situaciones planteadas a la discriminación (de la mujer en este caso). Ej. “las mujeres no saben nada de cuestiones económicas”, “a las mujeres no les interesa el tema”, “el campo le corresponde a tu hermano pues es él quien lo va a trabajar”.

A partir de esta conclusión, resulta fundamental reconocer la necesidad de cambiar estos y otros estereotipos, muchos de ellos instalados como paradigmas en nuestra sociedad. Para ello resulta fundamental poder modificar primero nuestra percepción de esta realidad, colocando a la mujer en un lugar diferente al que hasta el día de hoy se la ha ubicado. Modificando nuestra percepción, podremos no solamente evitar estereotiparla, sino también modificar nuestros prejuicios negativos en positivos, y consecuentemente nuestra actitud no será discriminatoria.

En este contexto, resulta importante destacar que en cada familia, tanto el hombre (esposo/concubino, hijo/hermano) como la mujer (esposa/concubina/hija/hermana) cuentan con historias, vivencias, valores morales, principios de vida, educación, intereses, todos ellos diferentes, pero, a más de los propios, cuentan con otros que resultan comunes a su familia.

Es posible lograr que ambos -hombre y mujer- puedan trabajar en “equipo”, en paridad y de manera inclusiva e integral, empatizando uno con otro
. Algunas recomendaciones para lograrlo son:

-Determinar roles específicos en cada uno de los sistemas en interacción
 (familia y empresa).

-Definir claramente tareas y responsabilidades en cada sistema (familia y empresa).

-Visualizar y establecer claramente objetivos y metas concretas en cada sistema (familia y empresa).

-Reconocer, negociar y consensuar los intereses de cada uno y los comunes en cada uno de estos sistemas.

-Buscar puntos / intereses comunes con una mirada hacia el futuro

-Establecer normas claras de convivencia y laborales, como así también roles y responsabilidades específicas.

-Prever y establecer formas de resolver conflictos y tomar decisiones.

-Separar conflictos familiares de conflictos laborales / societarios / empresariales, reconociendo la influencia recíproca entre ellos.

-Mejorar la comunicación, intentando que ésta sea lo más asertiva posible.

-No competir entre sí, sino competir juntos con el entorno.

-Promover cambios positivos: ej. reconocimiento positivo de la mujer desde el grupo familiar y la propia comunidad; hacer visible su labor; modificar el lenguaje sexista.

-Capacitar tanto a hombres como mujeres sobre derechos, género, negociación.

Recordemos que como las “actitudes humanas son aprendidas” es posible lograr desaprenderlas para aprender otras nuevas, mejores, positivas, optimistas, proactivas. Se trata de un proceso que conlleva varias etapas, una interna primero, de reconocimiento y autoevaluación, para pasar luego al ámbito de las relaciones humanas, donde será necesario una buena dosis de tiempo, fases, aprendizaje, práctica, autoevaluación.

De esta manera será posible lograr no solamente familias y emprendimientos rurales / agropecuarios / agrícolas más equilibrados (en cuanto al género), sino que será posible, al mismo tiempo, lograr mejores relaciones familiares, laborales y empresariales, con la consecuente mejora en rendimiento y la productividad.

 

 Lilian Edith Vargas  Directora ejecutiva FIMe, Fundación Instituto de Mediación


Diario Norte (Chaco)

Enlace permanente a este artículo: http://ellibertadorenlinea.com.ar/2013/04/11/el-rol-de-las-mujeres-en-la-economia-rural-del-nordeste-argentino/