Feb 03 2013

BICENTENARIO DEL COMBATE DE SAN LORENZO


por Carlos Rodríguez /-

Duró menos de media hora, fue sangriento y demostró el éxito de una idea novedosa, la de crear granaderos a caballo. Casi le cuesta la vida a su comandante y fue crítico para la caída de la plaza fuerte de Montevideo.combate de san lorenzo

Los historiadores todavía discuten si fue un combate, una batalla o una simple “escaramuza”. Lo cierto es que la historia guarda en páginas doradas a la batalla de San Lorenzo, de la que hoy se cumplen 200 años. El hecho ocurrió el 3 de febrero de 1813, durante el segundo sitio de Montevideo, ciudad donde los españoles habían establecido el último bastión del virreinato del Río de la Plata, y soportaban el asedio del ejército conducido por José Rondeau, al que se sumó el oriental José Artigas. Para abastecerse de alimentos, los realistas hacían incursiones navales por la costa del Paraná. Ese día, 250 hombres desembarcaron en San Lorenzo, cerca de la hoy ciudad de Rosario. La batalla de San Lorenzo, que duró apenas veinte o treinta minutos, significó el bautismo de fuego y el primer triunfo del cuerpo de Granaderos a Caballo conducido por el entonces coronel José de San Martín.

En esa contienda varios nombres quedaron en la historia: el correntino Juan Bautista Cabral, el puntano Juan Bautista Baigorria y el capitán Justo Bermúdez. Los dos primeros por haberle salvado la vida a San Martín y Bermúdez por haber comandado una de las dos columnas que atacó por sorpresa a los realistas. La otra fue dirigida por San Martín. Fue un ataque “de pinzas”. Los granaderos, que eran 125 en total, secundados por unos 60 milicianos de infantería que permanecieron en la retaguardia, se ocultaron detrás del convento de San Carlos, en San Lorenzo.

“Fue un combate fulminante que duró apenas unos minutos. Los granaderos habían planificado el ataque en la Posta del Espinillo, en donde hoy está la ciudad de Capitán Bermúdez, a unos 12 kilómetros de Rosario. La tropa se dividió en dos y atacó por sorpresa”
, cerca de las 6.30, una hora después del desembarco de los 250 realistas que habían llegado en varias naves, desde las cuales hicieron disparos de cañón. El que recuerda la batalla, en diálogo con Página/12, es el historiador Omar Dalponte, presidente de la Comisión de Estudios Históricos del Museo de Piñeyro, partido de Lanús, y miembro titular de la Comisión de Estudios de los Sucesos del Bicentenario.

“El ataque se hizo de la siguiente forma: el grupo al mando de San Martín lo hizo por la izquierda, mientras que los granaderos al mando del capitán Justo Bermúdez lo hicieron por la derecha. Estaban a muy pocos kilómetros de la barranca del Paraná, lo que hizo que muchos soldados realistas, al intentar escapar, se arrojaran al río desde lo alto.”

Dalponte se refiere luego al famoso episodio que cubrió de gloria al sargento Juan Bautista Cabral. En realidad, lo que sostiene la mayoría de los historiadores es que el verdadero héroe fue Juan Bautista Baigorria, quien le salvó la vida a San Martín porque él mató a un realista que estaba a punto de atacar al comandante de los Granaderos. Es cierto que Cabral hizo lo suyo al ayudar a San Martín, cuyo caballo había muerto al ser impactado por un proyectil.

“Esto hizo que San Martín quedara atrapado debajo del caballo, lo que lo hacía un blanco fácil. Cabral murió en la batalla por defender a su comandante, mientras que Baigorria, a quien al principio se había dado por muerto, siguió peleando y participó en la Campaña de los Andes. Baigorria fue un puntano maravilloso y por eso hay un pueblo que se llama, en su homenaje, Granadero Baigorria”,
en la zona del Gran Rosario.

“En esa batalla hubo muchos héroes, entre ellos José Manuel Díaz Vélez, que murió cuando perseguía a Antonio Zabala, uno de los jefes de los realistas. El capitán Justo Bermúdez fue herido en una pierna por la esquirla de una bala de cañón. De él se dice que era un soldado muy valiente, muy valeroso.”
Dalponte recuerda que hay una anécdota nunca confirmada totalmente sobre Bermúdez, que murió varios días después a consecuencia de esa herida.

“Se dice que San Martín, quien como comandante era muy exigente, tenía la intención de reprender a Bermúdez una vez que se recuperara. Lo iba a amonestar porque la columna que dirigía Bermúdez había partido unos segundos después de la orden de atacar (se hizo sonar el clarín). Hay historiadores que sostienen que Bermúdez era un soldado de tanto orgullo y honor que no podía resistir que su comandante lo reprendiera. Por eso dicen, sin que esto nunca se haya podido corroborar fehacientemente, que él se aflojó las vendas y que se desangró hasta morir. A Bermúdez lo habían llevado herido al convento de San Lorenzo.”

Dalponte cree que “la gloria es inmensa entre los que participaron de esa batalla, por más que haya durado apenas unos minutos. Con 125 granaderos se atacó y se doblegó a una fuerza notoriamente superior, Los realistas tuvieron 40 bajas y decenas de detenidos, mientras que los granaderos sufrieron 14 muertes”, según el parte que envió el general San Martín al gobierno porteño.

Los muertos en combate fueron los puntanos Juanario Luna, José Gregorio Franco y Basilio Bustos; los correntinos Juan Bautista Cabral y Feliciano Silva; los santiagueños Ramón Saavedra y Blas Vargas; los riojanos Ramón Amador y Domingo Soriano; los cordobeses José Márquez y José Manuel Díaz; el bonaerense Juan Mateo Gelvez; Domingo Porteau, nacido en España, en Los Pirineos, quien luchaba junto a San Martín, y el chileno Julián Alzogaray. Además, hubo 26 heridos, entre ellos el capitán Bermúdez, que falleció 14 días después de la batalla.

Dalponte recalca que la batalla de San Lorenzo “es un hito importante de la historia, porque se ganó una batalla que complicó el abastecimiento de los realistas y que levantó la moral del cuerpo de Granaderos y de las fuerzas patrióticas. No hay que olvidar que el 20 de febrero se logró otro gran triunfo en la batalla de Salta”, con el Ejército del Norte al mando del general Manuel Belgrano. “El de San Lorenzo fue un triunfo arrollador y emblemático. De ahí su importancia histórica, concluye Omar Dalponte.

Página 12

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