LOS OSCUROS INTERESES DEL FUNDAMBIENTALISMO

 
por Carlos Andrés Ortiz/

 

Las ONGs transnacionales del fundamentalismo ecológico montan constantes y muy bien elaboradas propagandas, en las cuales se presentan como grandes benefactores de la humanidad, con supuestos loables y altruistas objetivos de “defensa del medio ambiente”.

 

Central-Eléctrica-

Muchas personas inocentes, de buena fe, y poco informados en la materia, les creen a pies juntillas. Y como sus discursos y métodos de difusión copiaron las metodologías del más fanatizado fundamentalismo político “anti sistémico”, cooptaron con extrema facilidad a cuanto disconforme crónico y rencoroso social se les cruza, pasando a ser sus más virulentos activistas y los más fanáticos impulsores de sus consignas. Es el sector que hoy se define con bastante precisión como “el neocomunismo”.

Se suman a esas ya variopintas huestes de “protestadores y opositores a…todo”, algunos particulares exponentes de clases medias altas o sectores acomodados, que con esas “contribuciones a la humanidad” parecieran querer cubrir sus cuotas de buenas acciones (¿o expiar culpas sociales?). Y por ahí algunos deseosos de algo de relevancia, tal vez sin medir como ni para que. Y comandando todo, los dirigentes rentados y “a tiempo completo”, que desde Argentina reciben y ejecutan las instrucciones recibidas desde afuera. No por casualidad, las dos principales ONGs transnacionales dedicadas al ecologismo ultra, que actúan en Argentina, han sido creadas en Gran Bretaña, y de hecho actúan como brazos operativos del vetusto imperio.

Es bastante variado el abanico de dudosos u oscuros intereses, que son las motivaciones reales del movimiento ultra ecologista transnacional, y sus apéndices y filiales “nacionales”. Analicemos algunos aspectos muy interesantes del tema, vinculado a la cuestión energética. Para eso son necesarias algunas elementales explicaciones técnicas del tema.

Las fuentes de generación (usinas) se clasifican por su funcionalidad, en dos grandes rubros: usinas de base, y usinas complementarias.

Las usinas de base operan tecnologías muy confiables, bien probadas, manejables no solo en lo operativo, sino en cuanto a su previsibilidad.

Las usinas de base son de tres tipos básicos:

·       Termoeléctricas.

·       Hidroeléctricas.

·       Nucleares

Las termoeléctricas operan quemando petróleo, gas natural (o gas elaborado, eventualmente, pero esto es muy costoso), carbón, o bio diesel (usualmente empleado como mezcla en ciertos porcentajes, del diesel oil).

Dentro de las hidroeléctricas, las de muy pequeño tamaño, no sirven como base de ningún sistema eléctrico, por su irrelevancia y otras limitaciones; si bien pueden ser soluciones locales en sitios pequeños (por ejemplo: Los Saltitos, en Dos de Mayo, Misiones). Las hidroeléctricas medianas, grandes y gigantes, son operativamente buenos ejemplos de usinas de base.

Las nucleares, son unidades de grandes potencias, si bien se está trabajando en usinas modulares de bajas y medianas potencias, tal como nuestro Proyecto CAREM, posiblemente el más avanzado del mundo en su tipo.

Las usinas de base poseen altos índices de previsibilidad, por lo que sus funcionamientos pueden programarse con mucha anticipación, y la energía que producen es de alta calidad, estable y segura. Son las que hacen “el trabajo pesado” de todo sistema eléctrico, sea local o interconectado, excepto en los consumos aislados, en los que puede recurrirse a otras alternativas.

Por otra parte, casi todas ellas son de funcionamientos flexibles, adaptables a las necesidades del despacho eléctrico.

Las usinas complementarias (mal llamadas “alternativas”), son las que pueden cubrir porcentajes marginales de la demanda eléctrica, pero son inútiles para reemplazar a las tecnologías de base (por eso no son alternativas).

Los problemas principales que poseen son sus variaciones permanentes (que les hacen producir “serruchos” o violentas oscilaciones de tensión, voltaje y variaciones armónicas), y casi por regla general, sus bajas potencias unitarias, lo cual dificulta en grado extremo su coordinación y optimización.

Los ejemplos clásicos de usinas complementarias, son las eólicas y solares. El ser humano no controla ni los vientos ni el sol. Los vientos, aún donde soplan permanentemente, varían de velocidad e intensidad segundo a segundo, y en algunos lugares (como el NEA) son esporádicos. Los paneles solares dependen del sol, y del índice de insolación, que varía mucho según las horas del día.

Y los rendimientos de las eólicas y solares son bajos, muy bajos si se los compara con cualquier usina de base. Eso significa que para obtener (teóricamente) la misma cantidad de energía que la producida por una térmica convencional, una hidro o una nuclear; la potencia a instalarse en eólicas o solares debe multiplicarse por tres, cuatro o cinco, según los casos…y la energía siempre será de mucho menor calidad, en los casos de las eólicas y solares.

Por esos y por otros varios factores, los costos por KWh de las eólicas y solares no son competitivos, y debe apelarse a onerosos subsidios, para tener “soluciones” supuestamente verdes.

Nada de todo esto  lo explican con claridad los militantes del ecologismo ultra, muchos porque no lo saben, y otros (los dirigentes) porque lo ocultan.

Las únicas formas de estabilizar la energía producida por las usinas complementarias (eólicas, solares y otras), son: teniendo una central de base funcionando en paralelo; o disponer de un denso mallado eléctrico, en el cual exista alta proporción de energía generada por usinas de base (como sucede siempre).

Ahora bien, los ecologistas cavernarios, por dogmas que sus ONGs centrales crearon (sin bases científicas ni técnicas sólidas), rechazan visceralmente las usinas hidroeléctricas y nucleares. Por ende, solo quedarían las termoeléctricas, si se les hiciera caso a “los verdes ultras” (tal como irracionalmente se hizo en Alemania).

Entonces, todo paquete de “usinas verdes” que se monte (eólicas y solares básicamente), debe incluir el respaldo de una confiable usina de base. Si se hiciera caso a la irracionalidad ecolátrica, se desecharían las hidroeléctricas y las nucleares; y “milagrosamente”, la única opción sería instalar centrales termoeléctricas, que son las grandes devoradoras de petróleo, y sobre todo, de gas natural. Y por supuesto, en el negocio de instalar las usinas termoeléctricas, hay muchos jugadores involucrados: no solo petroleras y gasíferas; también fabricantes e importadores de las usinas y de sus muchos repuestos, proveedores de lubricantes y refrigerantes, transportistas de diesel u operadores de ductos de transporte de gas o petróleo, consultoras especializadas, etc.

¿Puede sorprender el “matrimonio por conveniencia” de los ultra ecologistas, con los poderosos intereses vinculados a la generación termoeléctrica convencional?

Es un tema oscuro como el petróleo, y difuso y complejo, como operar con gas natural, invisible pero de cuidado.

 

 

El autor es:

 

Contador Público Nacional

Investigador de temas económicos y geopolíticos

Ex Investigador y Docente de la Facultad de Ciencias Económicas  (UNaM)

Especialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ing. (UNaM)

Tesista de la Maestría en Gestión de la Energía  (UNLa – CNEA)

Docente de Economía – Esc. Normal 10 – Nivel Terciario

Docente de la Diplomatura en Geopolítica – Inst. Combate de Mbororé

 

El Libertador en Línea

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