RENOVABLES AMPUTADAS Y OTRAS TERGIVERSACIONES DEL ECOLOGISMO FUNDAMENTALISTA

por Carlos Andrés Ortiz/de-energias-renovables

Entre las muchas y constantes tergiversaciones del ecologismo cavernario y fundamentalista, cobran relevante importancia las varias y falaces denominaciones que sucesivamente dieron a determinadas tecnologías de producción de energía.

Esos “errores” o “pequeños desvíos” conceptuales en las definiciones, difícilmente sean casuales, pues el ultra ecologismo basa sus usualmente mentirosas o tergiversadas campañas, en la exaltación extrema de argumentaciones fuertemente emotivas, las que buscan convencer por la fuerza bruta de sus impactos comunicacionales, más que por la cerebral contundencia de sus dudosas o inexistentes bases científicas o técnicas.

En ese contexto, no es casual que ese ecologismo de fuerte corte fundamentalista, cargado de fanatismo, apele a maniobras de terrorismo ecológico, buscando infundir el miedo y la confusión en el común de la gente, para en base a ello sumar adeptos a sus campañas, las que básicamente son realizadas “en contra de”, y muy raramente aporten algún elemento positivo y realmente proclive al desarrollo socio económico.

Más aún, la miseria y la marginación socio económica, son en los hechos las eternas ausentes de sus planteos, pese a ser las causas fundamentales de la contaminación crónica y de los peores estadios de degradación del ser humano.

Demostrando de que manera el ecologismo ultra se desentiende de nuestros problemas reales, actuando con “libretos” dictados desde las casas centrales de las transnacionales del ecologismo fundamentalista, los militantes “argentinos” del ecologismo fanático e irracional, adhirieron entusiastamente a los genocidas planteos que pregonan la supuesta “necesidad” de detener abrupta e inmediatamente todo proceso de desarrollo, oponiéndose sistemática e irracionalmente a toda iniciativa que contribuya a aumentar las producciones, mejorar las infraestructuras, generar más riquezas, y con ello “aumentar la torta” del PBI nacional, aumento que al concretarse permite disponer de más bienes y servicios para mejorar el nivel de vida de nuestra población.

Uno de los ejes principales del accionar disolvente y corrosivo del ecologismo fanatizado es el Sector Energético, sobre el cual actúan en varios frentes a la vez.

Como es usual en la metodología de sembrar confusiones para imponer ideas fuerza en el contexto del caos conceptual, las sucesivas categorizaciones de las fuentes de energía han sido imprecisas, confusas e incluso erróneas.

La sumatoria de oscuros intereses creados que han movido la instalación de dogmas de “demonización” de las usinas hidroeléctricas y nucleares, promovidos con notable persistencia y singular ferocidad; fogoneado por las transnacionales del ecologismo fundamentalista, es usualmente aceptado sin chistar, y como “verdad revelada”, por los abanicos de ONGs “nacionales”.

Muchas de las ONGs menores operan como extensiones de las grandes ONGs transnacionales, estas últimas con sedes centrales en el exterior, usualmente basadas en Europa o EEUU…¡y no por casualidad muy funcionales a los intereses estratégicos del G 7, grupo político a su vez ligado a los procesos de imposición de la denominada “globalización salvaje”.

Lo que se cuidan de expresar, es que al atacar a las generaciones hidro y nuclear, están en los hechos favoreciendo a los múltiples y muy poderosos intereses vinculados con la generación termoeléctrica, intereses que incluyen a las grandes petroleras y gasíferas transnacionales –principalmente anglosajonas-, los fabricantes de equipos de generación de pequeño y gran porte (turbinas de gas, ciclos combinados, turbinas de vapor y grupos diesel), importadores y comisionistas varios, transportistas de combustible y otros.

Las excusas bajo las cuales los activistas del ecologismo cavernario ocultan la tremenda contradicción de favorecer las instalaciones de usinas termoeléctricas –precisamente las más contaminantes- son las vociferantes e intolerantes campañas de promociones de “otros tipos de generación”.

Primeramente, afirmaban simplemente que “existen muchos otros tipos de usinas”, con las cuales –teórica y descolgadamente- decían a voz en cuello, que “se pueden reemplazar ventajosamente” a las grandes hidroeléctricas y las nucleares de todo tipo.

Cuando se les exigió citar precisiones (evitando las borrosas “generalidades” que solo aportaban confusiones), surgió el concepto de “nuevas fuentes de energía”, siendo las ”estrellas” de ese  variopinto conglomerado de usinas, las eólicas y las solares. ¡Pero resulta ser que el viento es una fuente de energía de muy vieja utilización, tanto en la navegación, como en los molinos de viento y otros usos de centenarias aplicaciones! Y el sol es la más vieja fuente de energía que tuvo el ser humano, así sea en sus elementales formas. ¡Falsa denominación la de “nuevas fuentes de energía”.

Entonces surgió la clasificación de “fuentes alternativas de energía”, otra vez con las eólicas y solares como las “estrellas” promovidas por el ecologismo fundamentalista. Pero he aquí, que “alternativa” es algo que puede reemplazar, en este caso a las usinas de base. Y sucede que la inmensa mayoría –sino todas- las llamadas “energías alternativas”, están técnicamente imposibilitadas para funcionar como usinas de base de cualquier sistema eléctrico. En mérito a la brevedad, analicemos nuevamente las dos “tecnologías estrellas” recurrentemente mencionadas por el ultra ecologismo: las solares y las eólicas.

Las solares, obviamente solo funcionan –con rendimientos muy pobres- en las horas de sol, y con rendimientos menores cuanto más lejos esté el horario del mediodía. Y tampoco funcionan en días muy nublados o lluviosos. La acumulación de la escasa energía que generan, en acumuladores, no solo es muy cara, sino también tremendamente contaminante. La alternativa de usar acumuladores o baterías, solo es recomendable para pequeñas unidades de consumo, como escuelas rurales, puestos de gendarmería, o pobladores alejados de las redes de distribución de electricidad.

Las eólicas tienen la característica muy negativa de su constante variabilidad, que ocasiona persistentes oscilaciones de tensión, de voltaje y de variaciones armónicas, lo cual las inhabilita para conectarlas directamente a un sistema eléctrico, si no disponen del respaldo de una central convencional, o de un mallado eléctrico que pueda estabilizar el fluido eléctrico.

Es decir que ambos tipos de generadoras (solares y eólicas) son simples complementos y nunca alternativas a las usinas de base.

La siguiente denominación “errónea”, es la que en Argentina se impuso, contra toda lógica técnica, como de “energías renovables”, para lo cual en forma arteramente amañada, bajo presiones de tecnócratas funcionales a los dictados de los grupos ultra ambientalistas, lograron que la ley 26.190, cometa la absurda arbitrariedad de considerar “renovables” solo a las hidroeléctricas de hasta 30 MW. Esa arbitraria amputación de todas las hidroeléctricas de mediana, gran y mega importancia, respecto a la “legal” definición de “renovables” es tan absurda como pretender cambiar por una norma legal la ley física de la gravedad. Seguramente los legisladores que avalaron semejante brulote, no tenían idea de las sutilezas del tema energético, lo cual es lamentable.

Para mayor precisión conceptual, cabe calificar a las “renovables legales” de Argentina, como “renovables amputadas”.

Como dato de color, en Chile los ultra ecologistas fueron menos groseros o menos audaces…allá las llamaron “centrales renovables no convencionales”, cometiendo la misma arbitraria exclusión, pero sin caer en la aberración técnica y conceptual en la cual si hicieron incurrir a nuestros legisladores.

¡Pero ánimo, aún en EEUU, “la cuna de la democracia”, en algún momento a algún “inspirado legislador”, se le ocurrió simplificar por ley el número Py! Solo que allá eso no duró mucho…

(*) Carlos Andrés Ortiz es:

Investigador de temas económicos y geopolíticos

Ex Investigador y Docente dela  Facultad de Ciencias Económicas (UNaM)

Especialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ing. (UNaM)

Cursada aprobada en la Maestría en Gestión de la Energía  (UNLa – CNEA)

Docente de Economía – Esc. Normal 10 – Nivel Terciario

Docente de la Diplomatura en Geopolítica – Inst. Combate de Mbororé

El Libertador en Línea

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