EL INDEPENDIENTE RIOJANO DE ALIPIO PAOLETTI

Esta es la historia de un periodista que ayudó a conformar el primer diario cooperativo de la Argentina: El Independiente de La Rioja. Pese a los casi treinta años de democracia, aún la trayectoria de Alipio “Tito” Paoletti espera su reconocimiento de parte del matutino por el cual tanto hizo. Los recuerdos de Guillermo Alfieri, Vicente Zito Lema y Osvaldo Soriano, entre otros. “Gordo corajudo”, le decía Jauretche.

El Diario sobre Diariosalipiopaolettizd-1

El viernes 12 de octubre pasado se cumplieron 53 años del día en el que empezó a ser voceado El Independiente en las calles de la capital riojana. Tal como se esperaba, en las contemporáneas páginas de papel o digitales, no hubo recuerdo alguno para Alipio Eduardo “Tito” Paoletti.

La explicación a tamaña omisión podría encontrarse en un expediente que todavía junta polvo en los tribunales de dicha provincia.
Paoletti no sólo fue uno de los dos miembros de la redacción que estuvo en los comienzos del periódico riojano, sino que a mediados de 1960 evitó el cierre y lo mantuvo en la calle a fuerza de “polenta, tozudez y talante”, según describió su ex compañero Guillermo Alberto Alfieri en “El libro de Alipio Tito Paoletti” (2008).
Formó Editorial Norte con el abogado Ricardo Mercado Luna, su hermano Mario Argentino Paoletti y el otro puntal de la primera redacción, Daniel Moyano. El diario superó el primer chubasco y se consolidó con “la virtud de la enjundia en el abordaje de temas de fondo, el acierto en la busca de fuentes de la información, respeto por los entrevistados, rigor, precisión y concisión en la instancia de redactar”. El matutino publicó artículos de la recién aparecida Primera Plana y dibujos de Mafalda, una columna cultural del poeta Ariel Ferraro e ilustraciones y diseño del artista plástico Miguel Ángel Guzmán.
El diario no sólo se instaló en la sociedad riojana, sino que se posicionó en un lugar que hacía honor a la marca que lo identificaba. Así lo demostró un editorial que respondió a las pretensiones de la dictadura que derrocó al radical Arturo Illia: “Aquellos que tenemos la responsabilidad de defender en los hechos la libertad de expresión resistimos las intimidaciones y las imposiciones. Un periodista es un hombre que anda por la vida sin miedos y sin armas que confía en el pueblo y asume como compromiso irrenunciable la defensa de los valores permanentes de la comunidad frente a las grupos humanos que no tienen más ley, lisa y llanamente que el poder que otorga la fuerza”, escribió el “Gordo corajudo”, como lo describió un pensador que por aquel entonces trabó amistad con él, Arturo Jauretche.
También fue pública y estrecha la relación que el orgullosamente ateo Paoletti tuvo a poco de que arribara a la provincia como obispo en 1968 el cordobés Enrique Angelelli. “Ambos excedían sus misiones especificas: Tito y el diario trascendían la tarea meramente periodística y militan por un orden social y más justo (…); Angelelli desbordó los cauces rígidos de la Iglesia tradicional y puso la diócesis riojana en marcha (…) con los dictados del Concilio Vaticano II que tenía como objetivo insoslayable la dignificación de los pobres”, describió el investigador Roberto Rojo.


Cooperativa y dictadura

Fue en el onceavo aniversario del diario que luego de los festejos –partido de fútbol casados versus solteros y posterior asado- en la sede de 9 de julio 223, Paoletti anunció que la editora pasaba a ser una cooperativa de trabajo que formarían periodistas, empleados, gráficos y maestranza. “Es una vieja aspiración de los fundadores de El Independiente, la de llevar al plano de la práctica las convicciones que el diario refleja cotidianamente en el análisis de los problemas provinciales y nacionales”, discurseó a los postres Paoletti. Tal vez muy pocos de los que presenciaron esa decisión pudieron recapacitar: estaban presenciando el nacimiento del primer diario argentino cooperativo de los tiempos modernos. Y ninguno de los presentes hubiera creído lo que ocurre hoy: luego de tres generaciones de periodistas riojanos que pasaron por El Independiente, ninguno se atreve a poner sus apellidos en letra de molde. La concreción del anuncio cooperativo sería un año después a través de una cesión gratuita de los bienes existentes entonces a Copegraf, cuyo consejo de administración repartía pluralismo laboral y daba a cada hombre un voto.

La llegada de la dictadura de 1976 encontró a Paoletti en Buenos Aires, mientras que en La Rioja quedó la familia (su mujer y seis hijos) y la redacción del diario, que fue allanada y sus integrantes detenidos por los militares.

Tras vivir el primer año de represión en la clandestinidad, la familia Paoletti logró exiliarse en Madrid, donde Tito integró de manera activa la Comisión Argentina de Derechos Humanos.

En las cárceles riojanas, los militares ofrecieron mantener con vida a los miembros de la cooperativa capturados. Pero a cambio, debían renunciar a la misma y también rubricar la “declinación a ejercer el periodismo de por vida”. Los presos firmaron y junto a las dimisiones apareció una rubrica falsa de Tito Paoletti.

El consejo de administración de Copegraf demoraría hasta mediados de 1983 para tratar aquellas renuncias, ante el advenimiento del retorno democrático. Y no sólo las dieron por válidas sino que acusaron de abandono de servicio a quienes, obligados por el terror imperante, habían firmado tras las rejas o estaban fuera del país. Ese entuerto es el que se dirime todavía hoy en Tribunales, en un expediente cuyo estado se desconoce.
En el sitio web de El Independiente (http://www.elindependiente.com.ar/) no hay mención alguna a Paoletti ni los otros miembros fundadores. Es más: los inicios están reseñados sin nombres ni apellidos. En el video oficial que se editó por el último aniversario sus actuales autoridades, cuando tienen que recordar a los pioneros, apelan elípticamente a que “los muchachos decidieron hacer una cooperativa” o bien “aun tenemos dos o tres miembros societarios de esa época”. Pero nunca se consignan nombres y apellidos.

Imposibilitado de ejercer el periodismo en el periódico que había forjado, Paoletti pasó a integrar la diáspora en la que también estaba el resto de aquel germen cooperativo.
Con los albores de la democracia ochentista, regresó a Buenos Aires. Fue prosecretario de redacción del matutino La Voz. De inmediato se ganó un espacio en la cabecera de esa redacción que presidía Ernesto Ponsati (actual director de Hoy Día Córdoba) y el cordobés Roberto Propato (cuya viuda, María Teresa acompaña a Ponsati en el diario mediterráneo). Paoletti pasaba horas y horas entre papeles, reuniendo datos, planos sobre los centros de detención ilegal de la dictadura. Memorizaba nombres y apellidos.
Una búsqueda implacable de los genocidas por entonces en libertad. A miles de ellos, los atraparía en un libro de su autoría.

De aquel proyecto se conoce una anécdota que ilustra su perfil periodístico más tradicional. La redacción era numerosa, contaba. Una tarde nos avisan que había un incendio de proporciones cerca del diario. Debíamos cubrirlo pero los encargados de policiales no estaban. De 50 tipos no se movió ninguno. Uno hacía política, otro culturales, el de más allá se ocupaba de gremiales, ese otro se dedicaba a sociales y así de seguido. Ahí me di cuenta del riesgo de tanta especialización y reestructuramos la redacción incorporando la sección multitemas. Vicente Zito Lema, jefe del suplemento Cultura de aquel diario, recuerda: Tito era un ser de un gran valor; un intelectual comprometido con la vida, el cambio social, el sueño nunca vencido de construir una sociedad mejor”.

A la par colaboró, entre otras actividades, con la organización Madres de Plaza de Mayo hasta que falleció en diciembre de 1986 con apenas 50 años.

“La coherente y permanente humildad de Tito Paoletti, esa ausencia de afán protagónico, esa deliberada búsqueda de la segunda fila, mientras muchos se pisotean por lograr a codazos la primera línea ante los fotógrafos y en los besamanos, hicieron que no fuera ‘una figura popular’. Su nombre no tiene resonancia para el gran público y su muerte no conmueve la primera plana de los diarios. Sin embargo, la Argentina contemporánea ha perdido a un gran hombre, y lo digo con mesura, sin dejarme llevar por una prosa de circunstancias, ante el dolor por la muerte de un amigo”, lo despidió Eduardo Luis Duhalde en la revista Crisis de enero de 1987, con quien se conocieron antes de que estallara la dictadura y luego en el exilio madrileño compartido.

Duhalde narró también que “los últimos tiempos, ya casi sin fuerza, se dedicó con ahínco a redactar un libro: “Como los nazis, como en Vietnam”, donde hizo la gran historia de los campos y los represores. No llegó a verlo impreso, pero murió con la seguridad de que pronto estaría en la calle. Tito sabía que nadie puede ponerle punto final a la memoria de un pueblo. Y él dejó esta obra para alimentarla”.

En ese libro póstumo que ya agotó varias ediciones (aún se consigue en la librería de las Madres a $55), “no se encontrará ni una sola línea que aluda al conflicto en El Independiente, que identifique a los ejecutores de su desvinculación y la de socios encarcelados y perseguidos por la tiranía. La ética de la sintaxis, la lección moral de Tito no redimió a los saqueadores del sueño de hacer permanente el esfuerzo común, solidario, cooperativo para editar un diario”, subrayó en su libro Alfieri, quien también trabajó en El Independiente y es uno de los “renunciados”. La aparición de la investigación de Alfieri (que también se consigue, aunque más difícil) provocó un cimbronazo en La Rioja, que aún hoy tiene réplicas virtuales, sobre las razones que llevaron a Copegraf a aceptar las dimisiones del germen fundador.

En el trabajo de Alfieri también se menciona la tesis que el santafesino Víctor Daniel Fleitas realizó para la Universidad Nacional de Entre Ríos en el que encontró y analizó muchos paralelismos entre Paoletti y Rodolfo Walsh. “Lejos de Buenos Aires, en la paupérrima La Rioja, Paoletti fue capaz de protagonizar la bella aventura editorial de que un diario funcione como cooperativa de trabajo, no sólo a la hora de distribuir recursos, sino también cuando era preciso fijar formas de encarar los sucesos, los procesos, las decisiones del poder, a la hora de diseñar y ejecutar un programa comunicacional, comprometido con la suerte de todos los seres, sobre todo los desposeídos de derechos, de cultura, de empleo, de organización, de reconocimiento social. Ese ejemplo no ha podido ser repetido cabalmente, al menos en nuestro país”, declaró Fleitas.

Con Osvaldo Bayer, también trabó amistad. Con Osvaldo Soriano juntos tomaron decenas de cafés escribió en el prólogo de “Cómo a los nazis…” cuánto lamentaba la temprana muerte de Paoletti: “No podía ser, tanta lucha para haber apenas sobrevivido tres años a la feroz dictadura (…). Fue un luchador, un hombre con la conciencia puesta sólo en el deber de ayudar para llegar a la República de la Justicia. Sueño que alguna vez, en sus queridos pagos de La Rioja, inauguremos una calle arbolada con su nombre, que se cruce con otra que lleve el nombre del mártir obispo Angelelli, bajo el sol que tanto amaron y ese paisaje que tendría que haber servido siempre para la paz y la alegría, no para criar cuervos”.

La calle arbolada aún espera.

Fuentes documentales

“El libro de Alipio Tito Paoletti”, Guillermo Alberto Alfieri /

Tiempo Argentino, 3 de diciembre de 2011

Revista El Sur, 17 de abril de 2010

Miradas al Sur, 21 de diciembre de 2008

Crisis, número 50, enero de 1987.

Sobre la polémica con los actuales miembros de Copegraf ver http://www.lariojacultural.com.ar/Nota.asp?id=283 http://colectivoepprosario.blogspot.com.ar/2011/12/25-anos-de-la-muerte-de-alipio-paoletti.html http://www.datarioja.com/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=2481http://www.datarioja.com/index.php?modulo=notas&accion=ver&id=2505to Pao
Mira El vídeo Del último aniversario: http://www.elindependiente.com.ar/digital/noticia.asp?id_noticia=32846

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